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 DOCUMENTOS Y BIBLIOGRAFÍA. ESTATUTOS 2004
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Sección 32

Historia de México

Masonería

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Cuentos

Modernización y sindicalismo en los tiempos del mercado
Elba Esther gordillo
Granada, España, del 9 al 13 de noviembre de 1992.

Desde los tiempos más remotos, España ha sido un espacio privilegiado para la confluencia de pueblos, culturas e ideas. Iberos, celtas, fenicios, griegos, cartagineses, romanos, visigodos y árabes, se asentaron en distintos momentos en esta tierra y dejaron aquí legados culturales, arquitectónicos, jurídicos, lingüísticos, que hoy se integran en este crisol luminoso que es España.

De aquí salió la cultura occidental al encuentro de otro mundo. Por aquí llegó a europa el influjo de ese nuevo continente que después se llamó América.

Hoy este encuentro congrega en España a hombres y mujeres de distintas procedencias que comparten propósitos comunes: germinar un acercamiento entre el viejo y el nuevo continente; fortalecer nuestros vínculos; proyectarnos hacia una nueva era que imaginamos promisoria.

Siempre es una fortuna regresar a esta tierra tan próxima a los mexicanos, a la que nos une lengua, cultura, cariño e ideales.

Señoras y señores:

Un fantasma recorre Europa. No es, empero, el que describiera Carlos Marx, en el célebre manifiesto del partido comunista, es el fantasma del neoliberalismo que vaga también por otros continentes, ciertamente por América anticipando el arribo del neoliberalismo, los últimos lustros presenciaron transformaciones formidables de orden planetario. La economía, la política, la ciencia, la tecnología, muestran ya mutaciones sorprendentes.

Sin que nadie fuera capaz de predecir semejantes vuelcos, el mapa del mundo ha cambiado dramáticamente en un brevísimo plazo. Hoy la geografía requiere nuevas líneas y trazos que actualicen contornos y fronteras, porque el viejo mapamundi corresponde a un planeta que no volverá a ser el de antes.

La Unión Soviética y el campo socialista, que parecían conformar una entidad imbatible, se fracturaron en una caída estruendosa y rápida que ni sus más enconados adversarios esperaban o vaticinaban.

Simultáneamente, en Europa, el empuje avasallador de la nueva economía parece producir el milagro de curar las rencillas históricas que separaron por mucho tiempo a países que hoy concurren al mismo bloque político y económico.

Mientras tanto en América del norte, México, Estados Unidos y Canadá están comprometidos en un proyecto de desarrollo económico común que es, a un tiempo fuente de esperanzas y de retos para nuestros pueblos.

El nuevo escenario internacional trae consigo e impone cambios. La globalización económica y la internacionalización del capital, la integración regional de economías nacionales; el surgimiento de nuevas potencias económicas; una nueva división internacional del trabajo.

Acompañan a esos cambios una competencia más intensa por mercados -las guerras comerciales-, una interpenetración de culturas en la que, por virtud de los medios de comunicación masiva, prevalecen los valores y las visiones de las sociedades más "avanzadas".

En la esfera política la vieja disputa hegemónica se ha resuelto y la posguerra fría ha dejado, entre sus saldos, el desmoronamiento de regímenes políticos dictatoriales o autoritarios. Así ocurrió en Europa oriental; así está ocurriendo en América latina donde se avanza, no sin dificultades, en una nueva estructuración democrática.

En la esfera económica, el neoliberalismo está produciendo efectos dispares. En América latina amenaza acentuar viejos desequilibrios entre regiones, ramas productivas y grupos sociales. La competencia y la productividad imponen nuevas formas de trabajo que se traducen en sobrecargas, a veces excesivas, y desplazamientos de personal que acentúan el ya de por sí grave problema del desempleo.

En la esfera social, el Estado benefactor se empequeñece. El neoliberalismo lanza anatemas contra la inversión gubernamental en programas de salud y bienestar. A la sombra de una supuesta racionalidad económica se plantea la supresión de aquellos satisfactores que no cuenten con un asiento económico, el desmantelamiento de la infraestructura para la atención social (la salud, la educación y la vivienda) y para la atención a la pobreza extrema.

A los excesos del estado benefactor: sus déficit en las finanzas publicas, su crecimiento irreflexivo, su paternalismo, se oponen los excesos del Estado neoliberal.

En Latinoamérica la privatización avanza, las mas de las veces, no como una expresión de la participación creciente de la sociedad civil, sino como la confirmación del protagonismo de un sector minúsculo pero extraordinariamente poderoso: los grupos financieros e industriales vinculados al comercio exterior.

El fantasma del neoliberalismo pareció confirmar la derrota de las ideologías alternativas y el triunfo de esa "nueva derecha" que tuvo por paradigmas a Margaret Thatcher en Europa y a Ronald Reagan en América. Pero esos jalones históricos que pretenden de golpe corregir las exageraciones del sistema precedente, suelen traer consigo sus propios abusos, que tienen que ser atemperados.

Bien podría ocurrir que estuviéramos ya presenciado el comienzo del agotamiento neoliberal o, al menos, la moderación de sus mayores desarreglos. En Estados Unidos, por lo pronto, luego de doce años de prevalencia neoliberal, el electorado ha votado por el cambio.

Crisis y cambio en América latina

En América latina, los años 80 fueron de crisis para los modelos políticos y económicos y, paralelamente, fueron años de crisis para los actores políticos y sociales que se desarrollaron dentro de esos modelos. (1)

La experiencia mexicana ejemplifica una tendencia que estuvo presente en muchas naciones latinoamericanas. El Estado llevaba a cabo "programas de envergadura nacional para cumplir sus objetivos de soberanía y justicia: las nacionalizaciones, la creación de empresas publicas para administrar los recursos de la nación, las federalizaciones de ámbitos de la producción, la protección de la industria y el comercio, de los servicios urbanos y sociales, de las relaciones rurales y de propiedad, tanto en el campo como en la esfera industrial...". (2)

Pero de pronto, fue evidente el agotamiento del modelo de desarrollo orientado hacia adentro que caracterizó a América latina. Se suspendió el crecimiento económico, los estados fueron incapaces de atender sus responsabilidades fundamentales.

El verdadero "talón de Aquiles de las economías latinoamericanas (fue) ...la fundamental orientación del crecimiento hacia el mercado interno, siguiendo la dinámica de la llamada industrialización para la sustitución de importaciones". (3)

La convergencia del agotamiento de los viejos modelos y de los cambios internacionales y nacionales está produciendo distintos efectos en América latina, entre ellos: el surgimiento y consolidación de nuevos actores protagónicos, "poderosos grupos económicos y financieros, nacionales y trasnacionales, entrelazados en las ramas mas dinámicas de la economía... Un debilitamiento en la participación de los asalariados y de los campesinos en el PIB... Un crecimiento constante de la economía informal o subterránea". (4)

Todos esos cambios provocan, dentro de los países, impactos políticos, económicos y sociales que entrañan, a un tiempo, posibilidades de avances o de retrocesos.

El nuevo papel del sindicato.

Las transformaciones, pues, traen señales contradictorias. No todos los cambios son esperanzadores para los trabajadores y sus organizaciones.

En América latina, el neoliberalismo arribó en momentos de fuerte desgaste de un corporativismo cuya tarea primordial era, hacia adentro, el control de las demandas de los trabajadores y, hacia afuera, la aportación de clientela política. Ese desgaste afecto también al sindicalismo magisterial que llego a convertirse en protector de ineficiencias y deformaciones que, al paso de los años, se volvieron cargas económica y socialmente insoportables.

Esa erosión del sindicalismo explica el porqué muchas organizaciones de trabajadores no han tenido la capacidad para generar su propio diagnostico, mucho menos para plantear alternativas. La dureza de la crisis y la celeridad de los cambios, encontraron a la mayoría de las organizaciones sindicales atrofiadas, marginadas del quehacer político, sin capacidad para responder a cambios que no entendían, para los cuales no tenían explicaciones adecuadas ni respuestas inteligentes.

Frente a la intensidad y la velocidad de los cambios algunas organizaciones han buscado preservar lo poco que tienen antes de exponerse a perderlo todo. Otras, por el contrario, han intentado una política de confrontación a ultranza que las lleva, las mas de las veces, a derrotas y frustraciones.

Ante esas dos reacciones, es preciso construir una alternativa sindical madura e inteligente, un nuevo proyecto que replantee la estructura, la práctica y la cultura de los sindicatos; que transforme sus relaciones con sus bases, con la sociedad, con los partidos y con el estado.

El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación de México (SNTE), es una organización singular por mas de una razón: porque agrupa a los maestros, líderes naturales de las comunidades; porque sus miembros se ubican en toda la extensa geografía del país y alcanzan desde los mayores centros urbanos hasta la mas modesta ranchería, y porque constituye una de las agrupaciones con mayor numero de miembros en el mundo (mas de un millón de trabajadores) .

En el SNTE creemos que en la defensa enérgica de los derechos de los trabajadores, los sindicatos debemos aprender a ganar la batalla de las ideas, de los argumentos, y que debemos hacerlo de cara a la sociedad, convenciéndola de la legitimidad de nuestras luchas, de la razón de nuestros reclamos, para lograr así que el apoyo social se convierta en el sustento más amplio y mas firme a nuestras luchas.

Pero no existe la posibilidad de ganar esos espacios en la familia, en la academia, en los medios de comunicación, en la sociedad, sin credibilidad ni autoridad. Y ahí aparece la cuestión de la democracia. Autoridad y credibilidad tiene que tener por sustento un firme asiento democrático. Solo así se construyen estructuras sindicales verdaderas, no fachadas.

En ese contexto quisiera apuntar, en grandes líneas, la experiencia de la organización que represento, sin pretender en forma alguna que sea receta para otras latitudes. Cada realidad ha de conducir a respuestas propias, pero en la aldea universal el intercambio de experiencias es siempre enriquecedor.

El SNTE decidió hace tres años darse a la tarea de consolidar un sindicato a la altura de los nuevos tiempos. Para ello ha avanzado hacia un nuevo proyecto sindical que recoge una lectura actual del contexto internacional, del país y un nuevo compromiso que implica una nueva relación con sus bases, con la sociedad y con el Estado.

Entre las grandes cuestiones de este nuevo proyecto sindical sobresalen las siguientes:

La construcción democrática.

Durante mucho tiempo las organizaciones sindicales tuvieron al frente liderazgos que asumían una representación sin cimientos. En el nuevo proyecto, la dirección sindical finca su autoridad en el firme asiento de una elección democrática. Los dirigentes surgen de una competencia interna, y son la base magisterial y la legalidad estatutaria los que definen liderazgo, rumbo y la manera de construirlo. Toca a la dirección recoger, discutir y llevar adelante esas propuestas y, lo que es igualmente relevante, rendir cuentas de sus actos ante sus representados.

El proyecto democrático se finca en el reconocimiento y el respeto a la pluralidad que expresa el variado mosaico magisterial; no asume a sus bases como masa amorfa, sino como la agregación de individuos con necesidades y aspiraciones concretas; y reconoce y ofrece espacios institucionales a mayorías y minorías, a través de formulas de proporcionalidad.

Nuevas relaciones con la sociedad y el Estado.

El nuevo proyecto sindical redefine sus relaciones con la sociedad y con el Estado.

Con la sociedad, tejiendo nuevas alianzas y acercamientos, en el país y en el extranjero, con otras organizaciones de trabajadores y campesinos; dialogando y vinculándose con intelectuales y científicos y aún con los empresarios; permaneciendo atentos a la opinión y al juicio de la sociedad sobre el quehacer y el rumbo sindical. En síntesis, promoviendo y participando en ámbitos sociales de comunicación, de análisis y discusión de ideas y propuestas.

Con el Estado, construyendo una relación distinta a partir del respeto reciproco y de una auténtica autonomía sindical. El nuevo proyecto sindical no busca restituir o remendar las viejas "correas de transmisión" que operaban en un solo sentido, de arriba hacia abajo: del Estado a la cúpula sindical y de ésta a las bases. Esa alianza de desiguales explica la ausencia de los trabajadores en el diseño y la formulación de las políticas publicas en materia educativa.

La nueva relación con el Estado implica una auténtica autonomía sindical: ni un sindicato claudicante que renuncia a la lucha, ni uno irresponsable que lleve a los trabajadores a confrontaciones desventajosas y, de ahí, a derrotas y retrocesos.

Desarrollar una capacidad de respuesta y de propuesta.

A ciertos sectores, grupos y organizaciones sociales, la dureza de la crisis económica los condujo al inmovilismo; a una especie de aturdimiento que los ha persuadido de que más les vale tratar de preservar lo que tienen -lo poco que tienen- o, incluso, aceptar retrocesos, antes de exponerse a perderlo todo.

El nuevo proyecto sindical implica desarrollar una capacidad de respuesta y de propuesta. Para ello propone recuperar la fuerza Social que haga viable un sindicato, que exprese y defienda mejor los legítimos intereses del magisterio, más combativo y más propositivo .

Una nueva cultura política sindical.

Muchos años de ausencia de un ejercicio político abierto y plural, impusieron en los sindicatos una cultura del silencio. Se callaba incluso a través de largos discursos carentes de posiciones o propuestas .

El nuevo proyecto sindical reclama una cultura política participativa y propositiva. Una cultura dispuesta al debate interno y externo; a razonar las divergencias y, también, las convergencias.

La desvinculación de las organizaciones partidarias.

Un nuevo proyecto estimula la participación política de sus miembros, pero reclama la independencia de la organización sindical respecto a los partidos políticos.

Como ciudadanos y sindicalistas, muchos maestros militamos y seguiremos militando en el partido que mejor responda a nuestras convicciones, pero el nuevo proyecto de un sindicato que reconoce su pluralidad, reclama la independencia de los partidos políticos.

Una retribución vinculada al desarrollo profesional.

El nuevo proyecto propone vincular los avances de sus miembros, a sus logros profesionales y lejos de dejar la eficiencia y la productividad como una responsabilidad que le corresponde al otro lado de la mesa, las asume como una tarea común de empleadores y trabajadores.

A una mayor calidad y productividad de la tarea magisterial, es decir, a una mejor formación profesional, deben corresponder mejores ingresos y prestaciones. En este sentido se pugna por el establecimiento de una carrera magisterial que estimule el desempeño laboral.

El compromiso con las mejores causas.

Pero en el nuevo proyecto el sindicato tiene, por encima de todo, un compromiso con las mejores causas: con la soberanía, la libertad, la democracia, la justicia, y con el bienestar del pueblo.

Señoras y señores:

Esos son los trazos del nuevo perfil sindical que estamos construyendo los maestros en México. Estamos aun muy lejos de alcanzarlo. Las dificultades son enormes y están en todas partes. Primero, dentro de la propia estructura, donde se disputan la hegemonía fuerzas contradictorias: las de quienes quisieran desandar el camino y pugnan por volver al ayer, a un sindicato controlador de sus bases y sumiso con el Estado, y las de quienes quisieran quemar etapas y lograr de la noche a la mañana los anhelos largamente pospuestos de los maestros. Uno y otro extremos dificultan el tránsito hacia un nuevo proyecto sindical.

Un sindicato claudicante conduciría a retrocesos, otro pretendidamente radical, llevaría a confrontaciones, derrotas y también a retrocesos. El nuevo proyecto exige una lectura inteligente de los tiempos, de la correlación de fuerzas y de las expectativas; exige avanzar con propuestas y respuestas.

Pero si dentro del sindicalismo hay enormes dificultades para llevar adelante el nuevo proyecto, las de afuera no son menores. Citaría solamente los problemas que entrañan la resistencia, la incredulidad o la incapacidad en fracciones del aparato gubernamental, de los partidos y de la misma sociedad para aceptar el nuevo proyecto.

Los neoliberales -que se ubican en múltiples espacios- pretenden, en nombre de la competencia, la eficiencia y la productividad, el retraimiento e, incluso, el desdibujamiento de los sindicatos; nuevas formas de organización del trabajo en las que los trabajadores asuman un rol meramente funcional al proyecto económico, de meros eslabones de la cadena productiva.

De ahí que muchos observadores hablen de tiempos de crisis para el sindicalismo, pues detrás de estas transformaciones vienen pérdidas crecientes de empleos, deterioro de los derechos de los trabajadores, de sus niveles de vida y, desde luego, la erosión de su organización sindical.

¿Modernización con cerrazón o con apertura?.

Las nuevas condiciones del mundo hacen imperativo desarrollar nuevas fórmulas que permitan a los países, sobre todo a los de mayor retraso relativo, lograr a paso veloz niveles de productividad y calidad en el trabajo, para estar en condiciones de enfrentar la competencia internacional.

El problema es cómo queremos que se den esas transformaciones. Entre los neoliberales prevalece una postura que propone acompañar la apertura económica con un control político eficaz. La lectura neoliberal cree que la democracia impone riesgos a la modernización que no deben correrse.

Esta postura entraña graves riesgos para las organizaciones sindicales. Entre ellos:

* asumir que la única fórmula para la productividad y la competitividad es el desvanecimiento o el sometimiento de las organizaciones de los trabajadores.

* asumir que la modernización tiene que darse verticalmente, de arriba hacia abajo, sin tomar en cuenta los intereses, los proyectos, las necesidades de los trabajadores.

* asumir que en este proceso hay costos y beneficios, pero que los primeros les tocan, esencialmente, a los trabajadores y los últimos a los empresarios.

Un proyecto de esta naturaleza es, creemos, un proyecto sin destino. No solo por razones éticas y de justicia, sino también por razones de eficacia. Nadie puede esperar con sensatez la permanencia de una modernización sustentada en el empobrecimiento y el abuso. Mas temprano que tarde aparecerían fenómenos disgregadores, expresiones de inconformidad que la trastocarían .

Sin embargo, frente a la línea anterior esta otra que si bien coincide en la promoción de la apertura económica, impulsa, paralelamente, otras de orden social y político.

Se trata de una propuesta que impulsa cambios para responder al nuevo escenario económico y político internacional, pero que no acepta que en la búsqueda del desarrollo económico, la justicia y la democracia sean bienes prescindibles.

Esta línea no acepta el falso dilema entre un Estado intervencionista y excesivo, y otro que se repliega para dejar al libre juego del mercado la conducción social. No acepta que la modernización tenga que darse pasando por encima de las anchas franjas de la sociedad que solo disponen, como patrimonio básico, de su trabajo intelectual y manual.

No acepta que los cambios actúen como fuerzas ciegas que solo obedecen a su propio impulso o que sean tripulados por los grupos adversos a los intereses nacionales o mayoritarios. Esa es la propuesta que en México ha planteado el presidente Carlos Salinas de Gortari: el liberalismo social.

Se trata de recuperar lo que Michelangelo Bovero refiere como las almas del liberalismo y del socialismo. "un alma del liberalismo, que es la más noble, pertenece a los derechos del hombre, mientras que un alma del socialismo proclama una mas justa distribución de los recursos". (5)

Se trata de conciliar lo mejor de dos formidables legados históricos, el liberal y el social. Del primero: un gobierno de leyes, sin fueros ni otra suerte de privilegios; que aliente la iniciativa individual; que posibilite un verdadero equilibrio de poderes y respetabilidad en cada uno de ellos; con libertad política y elecciones libres. Y lo mejor del legado social: un sistema en el que tengan lugar auténticas formas de representación, nuevas "redes sociales" imbricadas en los ámbitos regionales, verdaderos interlocutores del Estado y no simples correas de transmisión; un sistema que se enriquezca con un compromiso auténtico con el bienestar y la justicia.

La educación en los tiempos de la modernidad.

La educación, como el empleo, la salud y, en general, el bienestar, ha padecido en los últimos años los efectos de la crisis. Se afectó la enseñanza, se empobrecieron los maestros y se dañaron en América latina los cimientos de nuestros países.

Pero frente a ese diagnóstico, los neoliberales plantean ahora una visión instrumental de la educación. Una formación para ser más eficientes y competitivos, para producir mas y mejor, para responder a la globalización de la economía.

Pero resulta inadmisible reducir la educación a mero insumo en la cadena productiva. Creemos, en cambio, en una educación que prepare mejores profesionales, que acorte la distancia entre lo que se enseña y lo que se necesita, entre los profesores, los alumnos y la sociedad, pero que además, como lo expresa en su artículo tercero la constitución mexicana, fomente, junto al amor a la patria "la conciencia de la solidaridad internacional en la independencia y la justicia"; una educación democrática fundada "en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo".

Para eso es preciso pugnar por la defensa y el fortalecimiento de las instituciones públicas de educación superior; para que jamás renuncien a su condición de espacios críticos, humanistas y democráticos

Compañeros y amigos:

No quisiera terminar sin agradecer la cálida hospitalidad y el privilegio de estar en esta bellísima ciudad.

La naturaleza prodigó en Granada maravillosos paisajes, y seres humanos de enorme valía supieron sembrarla con bellísimas expresiones del arte y la cultura, como lo expresa la magnificencia de la alhambra; como se ha descrito en la poesía, en la pintura y en la música. Importa recordar que en México, uno de nuestros compositores mas queridos, Agustín Lara, le dedicó a Granada una de sus más bellas melodías.

Aquí nació Federico García Lorca, hijo de un campesino y de una maestra de escuela, personaje maravillosamente dotado para el arte. Poeta, músico, recitador, director de escena, dibujante. En él se dieron, en síntesis única, cualidades irrepetibles.

En la "Baladilla de los Tres Ríos", García Lorca canta:

"El rió Guadalquivir
Va entre naranjos y olivos,
los dos ríos de Granada
Bajan de la nieve al trigo.
<¡ay amor
Que se fue y no vino!>"

Así como dos corrientes fluviales pasan por granada, en este encuentro dos corrientes espirituales han entrado en ella. Dos ríos distintos -el europeo y el latinoamericano- que convergen en la búsqueda de la utopía, del sueño de construir un mundo hermanado en el respeto a los derechos humanos, el aliento a la libertad, a la democracia y la justicia. Hermanados en los valores que siguen inspirando a los mejores hombres y mujeres de uno y otro lado del atlántico

1) Ludolfo Paramio, América latina en los noventa, Nexos, no. 168, diciembre de 1991, p. 29.
2) Carlos Salinas de Gortari, reformando al Estado, en Nexos, núm. 148, abril de 1990, pp. 30 y 31.
3) Ludolfo Paramio, op. Cit.
4) Gilly, Adolfo, el régimen mexicano en su dilema, en Nexos, núm. 146, febrero de 1990, p. 40.
5) Diálogos con Ana Galván y José Luis Gutiérrez Espíndola, Política, no.149 de el nacional, 120392.