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Noviembre de 1994. En este primer Congreso Nacional de Educación se ha discutido con pasión e inteligencia; se han tenido convergencias y divergencias (algunas no resueltas); se ha reflexionado a partir del conocimiento de investigadores y especialistas de primer nivel y, en una feliz conjunción, desde la experiencia cotidiana de cientos de miles de profesores de toda la república. Hemos abordado los temas fundamentales para entender cabalmente la situación y las perspectivas del sistema educativo mexicano y, mas importante todavía, esbozamos las líneas generales de un proyecto para su transformación profunda. El trabajo colectivo que hemos realizado es la culminación de largas jornadas de reflexión y debate en las escuelas, delegaciones y secciones a lo largo y ancho del país; resultado, también de foros plurales, diálogos y reuniones nacionales en los que pudimos recoger las ideas y propuestas de muchos mexicanos preocupados y ocupados por el presente y el futuro de la educación. Se trata, es cierto, como algunos piensan, de un gran reto, de una meta demasiado ambiciosa que parece desbordar las posibilidades de una organización sindical. Nosotros pensamos de otra manera. Tenemos plena confianza en la capacidad de un sindicato renovado que, al transformar practicas y concepciones, se ha preparado en los últimos cinco anos para articular iniciativas de nuevo tipo en los ámbitos educativo, social y laboral. La practica de un sindicalismo volcado a la sociedad nos a permitido rebasar los límites del gremialismo y advertir el punto donde confluyen el interés del magisterio y la preocupación de la sociedad: la defensa irrenunciable de la escuela publica y, en consecuencia, su transformación hasta alcanzar los mas altos niveles de calidad y eficiencia. En este sentido, la conciencia de los trabajadores de la educación no es obra de la casualidad sino producto de la recuperación--critica y respetuosa--de la historia. Hace medio siglo, por ejemplo, un gran educador mexicano advertía: "En el mundo que esta naciendo ante nuestros ojos, México ocupara el lugar que ambicionen y que merezcan nuestros educadores... A ellos corresponde el honroso encargo de ir a buscar [...1 el perfil exacto del ciudadano que simboliza, ya, en nuestros sueños, el México de mañana". Don Jaime Torres Bodet, el autor de esas líneas, reflexionaba ante un escenario internacional devastado por el conflicto bélico; un mundo que iniciaba la reconstrucción y anunciaba grandes mutaciones políticas, económicas y productivas; un mundo que abandonaba las viejas certezas y colocaba a las naciones frente a interrogantes inéditas. Por eso es que estas palabras iluminan, en mas de un sentido, nuestros pasos hacia el próximo milenio. El entonces secretario de Educación Publica concluía: "Oímos por todas partes la misma voz: industrialicemos a la Republica, formemos técnicos. Plausible empeño. Pero el primer técnico del que debemos cuidar es aquel sin cuyo trabajo ningún otro podría ejercer con verdad y con eficacia su funci6n emancipadora... el maestro". Hoy, a seis años de concluir el siglo XX, "el mundo que esta naciendo ante nuestros ojos" plantea incógnitas parecidas. Oímos por todas partes voces que exigen respuesta inmediata: modernización, competitividad, reconversión, productividad, nuevas tecnologías, calidad... Es cierto: la situación del mundo de este fin de siglo es muy distinta y, sin embargo, en lo sustancial, toda respuesta posible deberá partir de la misma base que ofrecieron Torres Bodet en 1945, José Vasconcelos en la década de los 20 o Gabino Barreda en el siglo pasado: la educaci6n como herramienta y el magisterio como promotor del cambio. No se trata de repetir formulas ni de reciclar concepciones que no corresponden a nuestro tiempo, pero resulta imperativo realizar un ejercicio analítico que recupere lo mejor de la tradición pedagógica mexicana. Es posible que una revisión a fondo de la acción educativa del periodo vasconcelista --por mencionar uno de los momentos mas altos de la gesta cultural de México-- pudiera servirnos para impulsar iniciativas modernas, utilizando la mas avanzada tecnología, en defensa del libro y la promoción de la lectura; en el fortalecimiento efectivo de la red nacional de bibliotecas publicas; en la integración permanente de los trabajadores de la cultura--científicos, artistas y promotores--al esfuerzo cotidiano de formar hombres y mujeres para un futuro mejor. En las actuales condiciones de globalización e interdependencia, una economía competitiva y abierta requiere de modificaciones significativas en la normatividad jurídica e institucional; de inversiones crecientes; de una reestructuración productiva y nuevas tecnologías... Sin embargo, aun cumplidas estas necesidades, resulta primordial el desarrollo humano--la mayor riqueza de una nación-- no solo para competir a nivel internacional sino también para avanzar hacia una justa distribución del ingreso nacional y, por lo tanto, conseguir el mejoramiento de las condiciones de vida y trabajo de los mexicanos. Junto con esto, la consolidación y viabilidad del nuevo modelo de desarrollo dependen, de manera fundamental, del papel que desempeñen los distintos actores sociales y de los niveles de educación y bienestar. En diferentes foros los maestros mexicanos hemos hecho publica una preocupación ante la urgencia modernizadora: el peligro de permear la reforma educativa de una visión limitada, excesivamente técnica y productivista. No es este el proyecto que reivindicamos. Sabemos que la globalización impone como condición sine qua non la eficiencia y la productividad. No podemos negarlo. Pero tampoco debemos olvidar que la educación reclama, mucho mas que conocimientos técnicos, medios para mejorar la calidad de la vida. Creemos, en primer lugar, que la educación sigue siendo un instrumento irremplazable para la vida democrática y para la equidad, para la justicia y la libertad. La modernización educativa y la reforma que proponemos forman parte, así, de la lucha por alcanzar nuevos niveles de desarrollo político, económico, social y cultural. Un sistema educativo deficiente en contenidos, pobre en recursos e infraestructura, con maestros mal preparados y mal remunerados, atenta contra las perspectivas de movilidad social y empobrece la experiencia comunitaria. Por ello nos pronunciamos por una modernización que propicie un aprendizaje integral; la formación de una cultura científica y tecnológica debe enriquecer (no mutilar) el enfoque humanista de la educación. Algunos futurólogos--Alvin Toffler y Jack Atali, entre ellos-- han desarrollado imágenes del porvenir que al mismo tiempo alientan y deprimen... Un mundo poblado en todos los ámbitos de la vida cotidiana, por los mas sofisticados adelantos de la tecnología: flujos planetarios de información satelital, dominio irreversible de las herramientas audiovisuales, videodiscos y otras aplicaciones computarizadas (hoy apenas imaginadas) que, nos dicen, serán las aulas, bibliotecas y maestros portátiles del mañana. Nadie sensato puede oponer miedo e inercia al avance inexorable de la tecnología. Y, sin embargo, en el debate actual, abierto al futuro como territorio de nuevas conquistas humanas, tenemos que seguir buscando la manera de combinar los adelantos de la electrónica y la informática con la experiencia acumulada en siglos. Las mentes mas lucidas del planeta orientan su imaginación al diseño de espacios y relaciones donde el uso de la tecnología de frontera no implique abandonar la practica--siempre apasionante y enriquecedora-- de la transmisión del conocimiento como enseñó Sócrates cinco siglos antes de la era cristiana: el dialogo de frente, la duda compartida que encuentra respuestas en el intercambio de razones, el aprendizaje de la ética como primera lección de un maestro de carne y hueso. La educación de este fin de siglo reclama, pues, un maestro "que ame; enseñar a alumnos que amen aprender", como quería Ezequiel Martínez Estrada; que abra nuevas avenidas a la permanente búsqueda humana; que enseñe a sus alumnos a encontrar las respuestas, no a repetir lugares comunes; a valorar el pasado para construir el futuro. Tenia razón Alfredo Gutiérrez cuando afirmaba, en el Diálogo sobre Educación, Justicia y Libertad: "Si un estadista educa a su pueblo para entender, discutir, juzgar y decidir su futuro, los profesores son los estadistas anónimos de México". Por ello es impensable una reforma educativa cabal, de largo alcance, con profesores que lleven a la escuela la angustia de la renta vencida, del raquítico presupuesto familiar, de su mal pago. Poco, muy poco, se puede esperar de un maestro que lleve a su hogar el desaliento de una escuela pobre, carente de casi todo... El maestro que requiere el país es un ser humano pleno, con su potencialidad intacta, con una formación rigurosa que le de confianza en si mismo. Ese es el maestro que puede formar a los niños y jóvenes que queremos para el país que queremos. No habrá cambio en México que no se sustente en el cambio educativo; no habrá cambio educativo sin transformaciones positivas en los maestros... Compañeros, amigos: Imaginamos un México distinto. Tenemos derecho a sonar, pero también nos preparamos para hacer realidad el anhelo de un México mas generoso, en el que todos tengamos la oportunidad de ser y de crecer a través del esfuerzo y la creatividad. Imaginamos un mexicano que recupere lo mejor de nuestro ser nacional: que persiga tenazmente sus propósitos; que este dispuesto a enriquecer su visión del mundo con las experiencias de otros hombres y otras culturas, y, al mismo tiempo, valore y ofrezca al mundo las mejores realizaciones del México antiguo, moderno y contemporáneo.. Un mexicano que este dispuesto y preparado para enfrentar el mundo cambiante que obliga a la innovación permanente... Un mexicano que no pierda su dimensión humana ni la calidez característica de nuestro pueblo... Imaginamos un sistema educativo renovado, base insustituible para hacer realidad ese Mexico distinto y ese nuevo perfil de los hombres y las mujeres que seguirán construyendo la nación mexicana. Y tal es nuestro predicamento actual: resolver la tensión entre la escuela que queremos y la que tenemos; entre los requerimientos de la escuela del nuevo milenio --de procesadores electrónicos y nueva tecnología pedagógica-, y las carencias más elementales de muchos de nuestros planteles. Es ahí, en la línea que separa realidad y esperanza, donde debemos actuar sin demora: ganando terreno al rezago en infraestructura y servicio educativos; redoblando los programas de dignificación y recuperación de escuelas en todo el territorio; asegurando que la cobertura del sistema sea un componente democrático y justiciero; garantizando que la enseñanza de calidad--para todos los niños, en todas las escuelas--permita ser y crecer, no solo subsistir... Una cosa es clara: lo que hagamos ahora en materia educativa, lo que avancemos y logremos mantener en los próximos lustros, definirá el país que seremos en el siglo XXI. No tenemos duda de que la tarea por delante desborda cualquier esfuerzo gubernamental... Es tarea de todos. Compete a la familia, a los profesores, a los intelectuales, a los medios de comunicación, a los sectores productivos, a las autoridades gubernamentales... Creemos que es necesario asumir el reto educativo como una cuestión que importa a todos y a todos compromete. Es imperativo comprender que mas que una política de gobierno, es, en el sentido mas alto, una política de Estado. De ahi que sea un requisito estratégico lograr un consenso nacional que permita, en el mas corto plazo, llevar adelante una política educativa que vaya mas allá de los limites de una administración. De mas esta recordar las consecuencias perversas que provoca la ausencia de continuidad en las políticas publicas. Sobra decir que en la esfera educativa sus costos han sido enormes. Consideramos que hablar de reforma educativa solo tiene sentido en un contexto global que tome como referencia un mayor bienestar para todos los mexicanos. Por eso pensamos que la estrategia y las tácticas que se propongan adecuar nuestro sistema educativo a las nuevas necesidades del país, deben vincularse estrechamente a políticas generales de redistribución del ingreso, ataque frontal a la pobreza, creación de empleos, autonomía sindical, extensión de las prácticas democráticas a todos los ámbitos y aliento a una cultura de respeto a la legalidad y a los derechos humanos. Separar el espacio educativo del contexto social que lo define resulta, por decir lo menos, una operación artificial, engañosa. Esperar todo de la enseñanza escolarizada es no tomar en cuenta la dialéctica de influencias recíprocas: el país no cambiará si no lo hace el sistema educativo, es cierto, pero la educación se mostrara indefensa ante un medio refractario a los cambios. Creemos que la sociedad es el "aula magna" en la que se forman y transmiten valores y antivalores. Si la sociedad esta agobiada por prácticas autoritarias, difícilmente la educación podrá contrarrestar los poderosos mensajes del medio social. Si la realidad contradice los valores que se enseñan en la escuela: la búsqueda de la verdad, la honestidad, el patriotismo y el respeto a la dignidad de todos los hombres, si una subcultura de la manipulación reemplaza a la cultura cívica y participativa. Si se privilegian los derechos y la voluntad de unos pocos frente a los de la mayoría... Si la inseguridad y la injusticia son hechos cotidianos... Si la democracia es retórica y no ejercicio de todos los días. Si el reparto de los beneficios económicos y sociales favorece a los pocos y descobija a los muchos... No habrá forma de que la educación revierta la esencia del desanimo o el cinismo. Solo una sociedad y un gobierno que refrenden cotidianamente los valores democráticos, humanistas, cívicos, permitirán que la enseñanza escolar influya de manera definitiva en el espíritu de los niños y los jóvenes. Compañeros delegados: Los vasos comunicantes entre cultura y productividad, energía social y creación de conocimiento, desarrollo político y expectativas de mejoramiento individual y colectivo, hacen de la tarea educativa uno de los campos mas apasionantes y complejos del mundo contemporáneo. Cuando acordamos la amplitud temática de este Congreso reconocimos la magnitud y aceptamos el desafío. Estoy segura, como lo estarán ustedes, que valió la pena. Porque de este Congreso los maestros mexicanos salimos fortalecidos. Porque este enorme esfuerzo de inteligencia, creatividad y profesionalismo tiene un solo objetivo: servir al país en un momento decisivo: el momento en que diseñamos el futuro y preparamos las condiciones para ingresar al nuevo siglo como una nación democrática independiente y soberana. Corresponderá en su mayor parte a una nueva dirección nacional del sindicato --aquella que elijan democráticamente los trabajadores de la educación--, impulsar ante las nuevas autoridades educativas en los niveles federal y estatal, la propuesta surgida de este Congreso, defender, con inteligencia y valentía, las mejores causas, los mas altos intereses, la dignidad de este gremio ejemplar, de este ejercito cívico que está siempre presente en la defensa de la patria. Compañeros maestros: No podría concluir estas palabras sin compartir una reflexión muy cara. Recibí de ustedes un mandato que me ha dado las mayores satisfacciones y los mayores retos de mi vida profesional. Ese mandato concluye en los tiempos marcados por el estatuto, ni antes ni después. Hasta ese día seguiré dando lo mejor de mi para seguir avanzando en lo que en los últimos cinco anos ha contado con mi determinación mas rotunda; lo que ha sido mi pasión y mi sueno: entregar un SNTE mas democrático, mas fuerte, mas legitimo, mas comprometido con el bienestar de sus agremiados, "por la educación al servicio del pueblo" . |