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Sección 32

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VICENTE FOX QUESADA
Al sistema de educación pública, todos los recursos petroleros.
Fuente: Versión estenográfica del discurso. ABC del SNTE, año 4, No. 28, p.4.

 Muchísimas gracias. Muy buenas tardes a todo el Congreso de Acción Política Nacional del Magisterio.

Un saludo afectuoso y lleno de cariño a todas las maravillosas maestras y maestros del país y un reconocimiento muy especial a la maestra Elba Esther Gordillo y al maestro Tomás Vázquez por su preocupación de democratizar la educación, de participar en esta fase del proyecto nacional, donde caminamos con paso firme a una verdadera democracia; a la alternancia en el poder; donde iniciamos la alborada de este Siglo XXI y de este tercer milenio, con renovadas esperanzas, donde el ferviente deseo de todos los mexicanos y mexicanas es hacer de nuestro país un país exitoso, un país triunfador, un país del cual estemos orgullosos, un país de justicia, un país sin pobreza, un país de Estado de Derecho, un país con oportunidades iguales para todos y cada uno de sus ciudadanos.

Sin duda que el instrumento, sin duda que la palanca para lograr este México que anhelamos en el siglo XXI, es la educación, es la formación de capital humano.

Por esto quisiera invitar a repensar el proyecto educativo nacional: sin educación, no hay desarrollo ni equidad.

No puede haber desarrollo en un país donde muy pocos tienen acceso a una educación superior y muchos más no han completado su educación básica.

La educación básica es indispensable para que todos los habitantes del país participen adecuadamente en la vida de la nación. Es el pilar que sostiene y la fuente que abastece la educación media superior y superior.

No puede haber equidad en un país en donde el 60 por ciento de la población mayor de 15 años, no ha terminado su educación básica y menos aún, cuando este indicador llega al 67 por ciento en Estados como Chiapas o Oaxaca.

No puede haber desarrollo en un país en donde cientos de miles de niños y jóvenes son expulsados cada año del sistema educativo.

Hoy, cerca de 5 y medio millones de jóvenes, cuyas edades se encuentran entre los 13 y los 17 años de edad, están fuera del sistema educativo: el 54 por ciento de todos los jóvenes en esta edad.

No puede haber desarrollo en un país en donde sólo 9 de cada 100 niños que entran a la escuela primaria, se titulan en la educación superior y menos aún, cuando en Estados como el caso del mismo Chiapas, el promedio asciende a sólo 0.56 por ciento, lo cual significa que en Chiapas se necesita tener 200 niños inscritos en la primaria el día de hoy, para que sólo hasta dos décadas después se pueda tener un profesionista.

Qué paradoja: la educación, una acción que debería favorecer la justicia, la equidad y el desarrollo, esta siendo fuente de grandes disparidades en nuestro país.

Qué paradoja: pero hoy la lenta expansión de oportunidades educativas en las regiones más rezagadas, propicia más la inequidad que la igualdad.

Esto no puede seguir así. Si las cosas no cambian, si todo sigue como hasta ahora, el escenario es de todos conocido: la calidad de la educación será menor para quienes tienen recursos escasos; los maestros no tendrán ni la infraestructura, ni los auxiliares didácticos para mejorar su enseñanza; no tendrán el respaldo que justamente merecen por su noble tarea.

No se tendrán evaluaciones que permitan mejorar de manera continua la calidad en el sistema educativo; no habremos de encontrar las fórmulas adecuadas para que, con pleno respeto a la tarea de los maestros y las maestras, los padres de familia participen y apoyen la labor de la enseñanza.

Se seguirán acumulando millones de mexicanos sin educación básica en la economía informal, seguirán migrando millones de mexicanos jóvenes porque no encuentran las oportunidades aquí, en su propia tierra. La distribución de la riqueza será cada vez más desigual y las mejores oportunidades seguirán siendo para muy pocos.

México no está preparado para enfrentar el nuevo milenio y ese no puede ser nuestro destino. México debe y puede aspirar a un mejor futuro en materia educativa.

Para ello, para caminar a gran velocidad al escenario deseable, los invito a repensar el Proyecto Educativo Nacional.

Primero, deberemos de incrementar el presupuesto para la educación pública, laica y gratuita de calidad. Pasar del 5 por ciento del Producto Interno Bruto; en este momento a cuando menos el 8 por ciento del Producto Interno Bruto en los próximos 6 años, a fin de hacer una gran cruzada por la infraestructura educativa de calidad que pueda generar educandos de calidad; una gran cruzada para que se cuente en todo el sistema educativo, no sólo con las instalaciones, sino con los respaldos amplios y suficientes para poder llevar adelante ese proceso nacional de educación pública.

Preguntémonos si estamos haciendo lo suficiente para establecer en el país un sistema de Educación Permanente, que permita a cada persona, a cada trabajador, a cada ejidatario, a cada indígena, a cada mujer u hombre, actualizarse y perfeccionar sus conocimientos, sin distinción de edad, sexo o actividad.

Preguntémonos si nuestros estudiantes están aprendiendo a pensar con criterio amplio, profundo, imaginativo, creativo e independiente. Si están aprendiendo a razonar y a investigar, antes que a memorizar. Si están aprendiendo a argumentar y a persuadir, antes que aceptar sin más lo que se dice en las aulas.

Reflexionemos sobre los valores universales que estamos enseñando y los ciudadanos que estamos formando.

Pongamos en la báscula si ustedes, las maestras y los maestros, cuentan con la infraestructura y el material didáctico para que la educación sea de calidad.

Es necesario que las condiciones, en las cuales maestros y maestras ejercen su tarea de enseñanza, estén a la altura de lo que queremos todos los mexicanos, como proyecto de Educación Pública.

Pongamos en la báscula si la sociedad valora cómo debe la función del docente, si ésta es apreciada y reconocida.

Nos proponemos impulsar agresivamente este reconocimiento a esta heroica, a esta titánica labor de maestros y maestras en todo el país. Nos proponemos retribuir, como merece, este esfuerzo que se realiza de parte del magisterio para estar formando y conformando el futuro de nuestro país.

Este próximo Gobierno el maestro y la maestra serán el protagonista número uno de la tarea de Gobierno y de la tarea de construir de nuestro país una gran nación.

Estudiemos la pertinencia de los actuales programas y contenidos educativos. Valoremos si lo que se enseña en cada nivel educativo sigue una secuencia lógica, consolida lo aprendido y prepara a los alumnos para tener éxito en la siguiente etapa.

Estudiemos la deserción y las causas que la provocan. Asegurémonos que si un alumno abandona la escuela, sea como resultado de una acción personal, madura y reflexionada, que le lleve a encontrar su realización personal en una actividad diferente o productiva, y no que se trate de deserción, como producto del hambre, de la pobreza o de la carencia de recursos.

Reflexionemos sobre la enseñanza normal y los programas de profesionalización del magisterio.

Creemos en el normalismo, y apoyaremos para que de ahí surjan los maestros y maestras de vanguardia que requiere nuestro país para este comprometido Siglo XXI, para este siglo de la tecnología, del conocimiento, de las redes de la información. Es indispensable apoyar a las normales del país, para generar los maestros y maestras del futuro.

Preguntémonos si contamos con un sistema apropiado de medición de la calidad educativa. Si el Sistema Educativo Mexicano tiene la capacidad de conocer qué tan buenos o malos son los servicios.

Revisemos el papel que juega y debe jugar cada uno de los actores de la comunidad educativa. Las condiciones de trabajo de los maestros y la participación de los padres de familia. El centralismo y el papel que deben jugar las administraciones estatales y municipales en la tarea de educación en nuestro país.

Revisemos la burocratización del sistema educativo en su parte administrativa y la posibilidad de imponer la positiva ficta en muchos de los trámites que ustedes engorrosamente tienen que realizar ante las autoridades educativas.

La agenda es amplia y profunda. Tienen que ver con su futuro, con el futuro de los chiquillos y jóvenes del país, tienen que ver con el futuro mismo de nuestra Patria, con el futuro del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación y con el futuro del gran proyecto educativo que todos anhelamos ver en nuestro país.

Para caminar a gran velocidad el escenario deseable, la propuesta es:

PRIMERO.- Contagiar la pasión por la calidad, una calidad que nos permita afirmar que la educación ofrecida en nuestro sistema educativo es igual o superior a la de cualquier otra nación o la de cualquier otro lugar en el mundo, orgullosamente conocemos de la calidad y de la excelencia, de instituciones educativas, del Sistema Nacional de Educación Pública, a niveles de educación básica, a niveles de educación secundaria, a niveles de educación media superior y superior tenemos gran vanguardia, gran calidad, gran excelencia.

Lo que necesitamos es reproducir este modelo de excelencia en la educación pública a que llegue a todos los rincones del país; una calidad que atiende al desarrollo integral del educando, que le informe y habilite para su desempeño futuro, que lo haga sujeto de su propio aprendizaje y lo ayude a relacionarse. Sólo lo que se mide se conoce, y sólo lo que se conoce se puede mejorar.

Por ello, proponemos establecer un examen nacional para los egresados de educación primaria, secundaria y preparatoria. El examen permitiría que el propio Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación y las autoridades conozcan los niveles de aprovechamiento del sistema y de cada escuela en particular y se puedan asignar más eficientemente los recursos.

El examen también servirá para que cada escuela, cada maestra y maestro, cada supervisora y supervisor, cada directora y director conozcan ventajas y desventajas con respecto a otras escuelas y pueda mejorarse el proceso de planeación. Así existirán los incentivos para mejorar e innovar en cada escuela.

SEGUNDO.- Debemos hacer pertinente el sistema educativo del país. Orientar las políticas educativas a mejorar los niveles de vida de todos los mexicanos, a impulsar la movilidad intergeneracional y la rentabilidad de la educación adquirida.

Escuchar a la sociedad para que diga qué educación quiere y qué formación necesita, para que reciba un servicio de calidad acorde a su proyecto personal y comunitario de vida. No son iguales las necesidades de un niño en Monterrey, que las de un niño en la Sierra Gorda, en Guanajuato, o un niño en el sureste mexicano.

TERCERO.- Establecer la equidad como un imperativo en la educación. Que ningún mexicano que aspira a desarrollarse quede fuera del sistema educativo nacional y que todos cursen, por lo menos doce años. Para ello, pondremos en marcha el sistema nacional de becas y financiamiento para asegurar que todo joven, basta que se lo proponga y ponga su parte del esfuerzo, llegue hasta el nivel educativo que él mismo pretenda.

CUARTO.- Impulsar los valores universales. Creemos en la formación en valores como fuerza motora para transformar nuestra forma de actuar y de pensar en una cultura más humana, en la que se respete la dignidad de la persona y sus derechos.

Creemos en el Artículo 3° Constitucional de la educación pública, laica, gratuita, obligatoria, para que podamos formar ese capital humano que necesita nuestro país. Creo en la solidaridad, la generosidad, en los valores universales cívicos, en los valores de la democracia, en los valores universales y el compromiso.

Estoy convencido de la importancia de ofrecer valores que lleven a los estudiantes a ser mejores personas y formar mejores sociedades.

QUINTO.- Modernizar la práctica pedagógica. Ante la nueva sociedad del conocimiento ya nadie puede presumir de poseer datos enciclopédicos, la explosiva difusión de la información permite ahora tener acceso inmediato a todos los avances del conocimiento. La educación de México puede y debe integrarse plenamente a la nueva posibilidad educativa.

Transformaremos juntos con ustedes, con las ideas de ustedes, nuestra pedagogía y didáctica, para que el Sistema Educativo Nacional sea un facilitador de la construcción autónoma del conocimiento.

Aprovechemos la tecnología como una herramienta para acceder al conocimiento y ampliar la cultura. Que no haya una sola escuela pública sin usar programas computacionales en apoyo a la acción educativa del maestro y la maestra. Aseguremos que no haya un solo maestro o maestra en el país que no tenga su propia computadora, programa especial que pondremos en marcha para poblar de computadoras el Sistema Educativo Nacional.

Asegurar la participación social en la educación. La Ley General de Educación contempla la participación social, sin embargo, a veces ésta no se ha dado en la ausencia de los Consejos Municipales de Participación Social.

Es indispensable integrar a los niveles locales de Gobierno e integrar a la sociedad entera para colaborar, para trabajar junto con los maestros y las maestras del país.

Crear el Instituto de Educación Permanente. México llega al Siglo XXI con un grave rezago de 40 millones de mexicanos y mexicanas que no pudieron terminar su educación básica; rezago que continúa aumentando año con año.

Incorporaremos a este sector en un movimiento permanente de educación, que les permita elevar su nivel de desempeño para la vida y para el trabajo; y profesionalizar sus experiencias laborales certificando sus competencias.

Vivir el federalismo, la desconcentración sin descentralización es un federalismo a medias. Hay que confiar en la madurez de cada Entidad Federativa, descentralizando en los Estados no sólo el peso burocrático de una concesión administrativa, sino dándoles atribuciones que les permita asegurar la pertinencia de sus planes y programas educativos.

Creemos en el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, en su integración y en su calidad única a nivel nacional, sin embargo, de igual manera creemos en la necesidad de integrar a estos otros niveles de Gobierno que mucho pueden aportar en recursos, sobre todo, y en presupuesto para el desarrollo de la infraestructura educativa y de la pertinencia educativa.

Promover intensamente la demanda, cambiar la cultura pasiva de atracción de alumnos por una cultura activa que propicie que los niños no interrumpan sus estudios.

Debemos garantizar que existan espacios dignos, suficientes, sobrados y de calidad y el material necesario para que estudiantes y maestros cuenten con las condiciones óptimas para el aprendizaje.

Vamos a terminar con todas las escuelas que carecen de baños, mesa-bancos, cristales, oficinas de la dirección; que carecen de talleres, que carecen de canchas deportivas. Un programa especial de infraestructura educativa para contar con escuelas totalmente terminadas en todo el territorio nacional.

Vamos a pedir a los maestros y maestras que nos apoyen para mejorar la oferta, pero sobre todo para impulsar la demanda, para asegurar orientar a cada chiquillo y a cada joven que un año más de educación significa tanto más de desarrollo y de ingreso para esa persona y para esa familia.

DÉCIMO.- Apoyar incondicionalmente el desarrollo de maestros y maestras. Es imprescindible respaldar a los maestros para que crezcan y se desarrollen, para que tengan oportunidades de capacitación y actualización profesional continua.

Vamos a apoyar decididamente la Carrera Magisterial y todo esfuerzo de maestros y maestras para el avance y la superación. Vamos a reafirmar la labor del docente, vamos a pedir la participación de maestros y maestras en la elaboración de los contenidos de los planes y programas de estudios.

En buena medida en manos de ustedes estará la definición del gran proyecto nacional, estará la definición y la actualización de contenidos. Todos los maestros y maestras del país tendrán la oportunidad de integrar sus ideas y de participar en la definición del Proyecto Educativo Nacional.

Nos proponemos recuperar al maestro y a la maestra como agente activo y constructor de ciudadanos, nos proponemos apoyarnos en el magisterio para generar los ciudadanos que México necesita en este futuro y en este competido Siglo XXI; nos aseguraremos de que existan reglas claras de evaluación transparente en la Carrera Magisterial y que ésta siga siendo el pilar, el fundamento y la motivación para el desarrollo de todos los maestros y maestras en el país.

Nos proponemos hacer un esfuerzo adicional, claro, firme, para mejorar sus condiciones de trabajo, su calidad de vida y la retribución en sus salarios. Vamos a revalorar la función del docente; vamos a reconocer y a retribuir como corresponde a quien llevará la carga básica del desarrollo en nuestro país.

Un maestro y una maestra es un ser humano con una sensibilidad especial, un testigo activo de los progresos de las personas que un día le fueron encomendadas. Un maestro y una maestra es un ser humano con espíritu de servicio, que ofrece tiempo, creatividad, esfuerzo y talento; que se recrea en transferir educación a los chiquillos y a los jóvenes de México.

México necesita de sus maestros y maestras, necesita que vivan su vocación de servicio y desempeñen la función docente con calidad.

Amigos y amigas; compañeros y compañeras:

El futuro que nos espera en materia educativa de seguir las cosas como van, no es un futuro deseable. El futuro deseable será producto del esfuerzo que realicemos juntos todos y cada uno de quienes participamos en la tarea educativa en el país. Esto incluye a los trabajadores de apoyo a la educación, a los maestros, a las maestras, a los dirigentes, a los directores, a los supervisores y a la sociedad entera. Incluye a los medios de comunicación y a las autoridades.

Dependen de lo que hagamos hoy, lo que tengamos en el futuro; de lo que hagamos para cambiar, para mejorar, para ponernos al día en los cambios que se están dando en el mundo.

La pregunta es: ¿Qué futuro queremos? ¿Dejar las cosas como van, o iniciar una nueva trayectoria que nos lleve a un mejor destino?

Ustedes, las maestras y los maestros de México, no son sólo de los alumnos; son maestras y maestros de toda la sociedad. No son sólo de la escuela; son maestras y maestros de México entero y de cada comunidad. Su trabajo, su liderazgo, su actitud, es determinante para el futuro del país y para un proyecto sustentable de gobierno.

Les invito a que juntos asumamos el hacernos responsables de la construcción de un mejor futuro para una gran nación. Les invito a hacer de la educación una verdadera palanca para el progreso individual y una verdadera avenida para la movilidad social y la justicia en nuestro país. Solo así cumplirá cabalmente la educación con las legítimas expectativas que sobre ella tenemos todos los mexicanos.

Tengan la plena seguridad de que impulsaré una educación pública, laica y gratuita; que estaré en permanente diálogo con el magisterio para que juntos desarrollemos el proyecto educativo nacional por consenso; que habré de subrayar el papel del Sindicato y las simpatías por sus demandas; que estaré atento a reforzar el sindicalismo del magisterio en nuestro país; que habré de trabajar con seguridad y pasión para apoyar la educación y apoyar a cada uno de los maestros y maestras en el país; que estamos muy conscientes de que el maestro y la maestra de ninguna manera reciben una retribución de acuerdo a la tarea que realizan, y que habremos de convocarles a un nuevo acuerdo y un nuevo pacto: uno, para que la sociedad reconozca la tarea que realizan; otro, para que el gobierno retribuya de acuerdo a esta noble tarea, y, tercero, para que los propios maestros se conviertan en el eje principal de este próximo gobierno en la tarea de educar.

Agradezco de manera profunda la oportunidad que se nos da de estar aquí delante de todos ustedes. Para mí es un honor estar al lado de los maestros y las maestras del país. Y por eso es un compromiso firme, que adquiero delante de todos ustedes, de hacer de la educación la columna vertebral del proyector de gobierno que está por empezar:

Una educación que no sea el privilegio de unos cuantos y a la que se le asigne todo el presupuesto necesario, tenga lo que tenga que hacerse. Habremos de asegurar este avance del 5 por ciento, al 8 por ciento del Producto Interno Bruto a través de una reforma fiscal integral, que, sin aumentar las tasas impositivas, aumente el ingreso del Estado.

Habremos de fondear la educación haciendo un verdadero esfuerzo de racionalización en el costo de gobierno. Queremos un gobierno que cueste menos y haga más. Y todo lo que sea ahorro en ese proceso irá directamente a la educación.

Y ratifico mi compromiso de conectar todo el ingreso del petróleo y de PEMEX directamente al sistema de educación pública nacional, laica y gratuita, para lograr, a través de esta inversión en gentes, de esta inversión en ciudadanos, de esta inversión en educación, hacer de nuestro querido México un país competitivo, un país que tenga éxito en la globalización, un país que asegure que todo ciudadano que lucha, que se esfuerza y que trabaja, vea el fruto de su esfuerzo y su trabajo, y que todo chiquillo o todo joven, basta con que quiera seguir adelante con su preparación y su educación, tenga la garantía de poderlo hacer y llegar hasta el límite que él mismo se proponga.

Mayo de 2000.