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MILENIO 197 - 26 DE MAYO DE 2001. En portada/ ¡O cambia el PRI, o me voy! Elba Esther Gordillo: En ruta de colisión por Martha Anaya Parece inevitable. La pérdida del poder genera contradicciones, auspicia la reflexión, obliga a la mirada autocrítica, más aún si se trata de un partido que ejerció la hegemonía política poco más de siete décadas. Y sí, también ahí está el fantasma del rompimiento, del rasgado de vestiduras y de las facturas pasadas de una mano a otra. Ése es el fantasma que hoy ronda al PRI y del cual la ex líder del sindicato más poderoso de América Latina y dirigente actual de uno de los tres pilares del tricolor, da su perfil. La frase fue tajante: "¡O cambian, o me voy...!" Llegó prácticamente cuando la entrevista estaba por concluir; luego de que Elba Esther Gordillo le dio vueltas y vueltas a la situación del PRI, a su situación particular, a la actitud de los principales protagonistas del partido. "Fíjate, mira las entrevistas que acaban de dar. Siguen igual..., nomás buscan llevar agua para su molino", comenta y se desespera al hojear los periódicos. No son sólo palabras las de la líder magisterial. De hecho, inició ya la ruta de colisión: está trabajando para conformar un frente amplio, nacional -completamente al margen del partido-, con gente de diversos sectores e incluso de distintas filiaciones partidistas, para echar a andar un movimiento social en materia de educación, salud, seguridad social, justicia integral y laboral. "Sí, soy priista -explica en un momento-, es cierto que he sido priista, no lo puedo negar. Pero también es mi derecho que si no responden a las expectativas de cambio, el que yo tome mis decisiones..." No quiere abandonar el PRI, pero es consciente de que en este momento "hay mucho conflicto en el PRI" , que las posibilidades y la viabilidad de debatir "no se han abierto". Por ello, su mirada está ya puesta en otro terreno aun y cuando su propia historia, su biografía, la retengan todavía en ese PRI al que se afilió hace más de 30 años y con el que echó a andar de la mano de Javier García Paniagua. Sus reclamos comienzan por la lucha de poder que se está dando al interior del partido, una lucha que, aunque parezca aberrante, tiene en la mira la próxima elección presidencial, la del 2006. Y sin más, la maestra califica: "La disputa de los cuatro, de Francisco Labastida, Roberto Madrazo, Manuel Bartlett y Roque Villanueva, ¡ha sido muy lamentable, muy grave; ha fracturado al partido, ha sido equívoca! Sí, estoy convencida, es perjudicial..." No pide que esos personajes desaparezcan del panorama, pero sí que se controlen. Sin embargo, demanda "que no participen, porque ni siquiera es inteligente que lo hagan". Más aún, añade, porque "no se puede hacer política por estados emocionales". Ciertamente, la política es pasión, reconoce, pero lo que debe privar en nosotros es la pasión en fines superiores y no en las bajas pasiones del quién se queda con su credencial o con su pedazo de poder. Elba Esther no quiere abandonar el PRI. Así lo dice y lo repite una y otra vez a lo largo de la entrevista. Las contradicciones entre sus deseos y su hacer, entre lo que quiere y su propio análisis, saltan a la esquina de cada párrafo. Vive inmersa en la contradicción. Esa lucha consigo misma -lo que fue, lo que ha sido y en algún sentido sigue siendo- afloran pues, a lo largo de la charla con MILENIO, al grado de que si bien está intentando un nuevo proyecto fuera del partido, declara hoy, a unos pasos de la asamblea del PRI: "Sí, quiero ser presidenta del partido. Ya lo dije en otro tiempo y fui satanizada, lo consideraron casi una herejía. Pero hoy lo vuelvo a repetir: sí, me gustaría mucho..." Sin embargo, sus posibilidades para llegar a la dirigencia del tricolor no son muchas, pues hoy pesa en su haber el ser amiga de Vicente Fox. Y eso, entre los priistas, es mal visto. Así lo declara la propia dirigente de la Confederación Nacional de Organizaciones Populares (CNOP), quien no tarda en rematar con un calificativo para la actitud de sus correligionarios: "¡Es una mediocridad!" Empero, incluso avizora una de sus primeras medidas si llegase a la dirigencia: pondría en los estatutos del PRI que quien fuese presidente del partido no podría contender por la Presidencia de la República. El juicio de la historia es uno de sus fantasmas. Ve la inseguridad que hoy se vive, oye de los secuestros, se siente responsable y se pregunta: "¿Qué hicimos..?" "Vamos a ser juzgados -dice de manera admonitoria-, y probablemente seamos juzgados por los actos de otros, pero esencialmente por lo que no hicimos." La maestra guardaría largos silencios durante la entrevista. En ocasiones pensaría durante buen rato las respuestas. Su desconcierto -originado desde la derrota del partido, el 2 de julio- se trasluciría constantemente. Pero al final, a punto de levantarse de la mesa, concluiría tajante: ¡o cambian, o me voy..! Seremos juzgados La entrevista se inició con la narración de su "duelo" por la derrota en las pasadas elecciones presidenciales, que la llevaron a lo que ella misma llama "un encierro", del que ahora apenas comienza a salir. "Fue un impacto personal muy fuerte. Todo a partir de que yo fui una persona comprometida con el cambio. Siempre creí que lo teníamos que hacer desde y con el PRI. Pero al ver que esa posibilidad de transformación se agotaba y al llegar los resultados del 2 de julio -a pesar de que se percibía lo que podría ocurrir- francamente fue terrible. "Me sentí mal, no por estar confundida, sino física, intelectualmente. Y me pregunté: '¿ahora qué?' Lo viví y lo padecí. Me encerré a reflexionar." Casi un año se cumple desde entonces. Las conclusiones de esa etapa, sus reflexiones, apuntan ya en un sentido: "Primero -afirma-, tengo un convencimiento: que para la transición del país, se requiere del PRI; pero tiene que ser un PRI con visión de futuro, con enorme capacidad de autocrítica y que retome la permeabilidad política. "No se trata de retomar banderas, o de quitárselas, sino de asumir que hoy las causas de la sociedad son diferentes, que el partido asuma las causas de los jóvenes, de las mujeres, de los trabajadores, de los ciudadanos en su conjunto." Hablaría de los partidos en general. Parece que se irá por peteneras. Los partidos hegemónicos en otras partes del mundo, son su punto de partida: han reducido su membresía, recuerda; los partidos que tienen militancias muy bien definidas, ya no ganan con sus militantes, necesitan ir hacia la sociedad. ¿Y en nuestro país? La crisis de partidos es severa. No percibo que se tome con seriedad, con responsabilidad, y es urgente tener un régimen de partidos. Al PRI, ¿cómo lo percibe? Partiría desde antes. Empezamos a no querer leer el tiempo, el tiempo social, la transformación de la sociedad... ¡de años! Yo tuve planteamientos con Salinas; aun con Zedillo tuve otra posición, pero muy particularmente cuando él habló de la sana distancia, no lo entendimos. Era nuestra oportunidad de ejercer la posibilidad real de ser un partido que le sirviera de interlocutor social, que recompusiera el tejido social para con el gobierno. "Ahí hay un quiebre. También lo hay con la política económica, es cierto. Se perdió el valor de la política, el valor fundamental de que el PRI era par, entendiendo que el Presidente era mano. El partido fue mucho tiempo interlocutor de los requerimientos de los grupos que representaba, e iba con el mandatario y se tomaban acuerdos. Pero pasó a ser una oficina del gobierno donde nada más era correa de transmisión y se ocupaba sólo de las cosas que la Presidencia requería." ¿Es real la orfandad? El reto fundamental que tiene el PRI no es sentirse huérfano porque esté o no el Presidente. Hoy el reto es entender que ese tiempo se acabó. La mentalidad ya no puede ser la misma. ¿Ese PRI ya murió? Lo que digo es que el PRI que llegó hasta las elecciones de julio era uno, con otras características, otros usos y costumbres, con distintas maneras de hacer política. ¿Qué queda de ello? En el país hay muchos priistas deseosos de encontrar una conducción. La mujer que tenemos al frente, la que ha sido diputada, que ha trabajado en las más distintas instancias del partido, la que ha dirigido al movimiento magisterial más grande de América Latina, se ve distinta, inquieta. ¿Preocupada? Me preocupa ver al PRI como lo veo; me preocupa ver al PAN como lo veo, al PRD, al gobierno..., ¡a todos! Pienso en el destino de mis nietos, de mis hijas, en el mío. ¡No hay claridad! ¿Hay algún sentimiento de culpabilidad? Elba Esther asienta con la cabeza. Hace una pausa y responde: "Cuando oigo hablar de secuestros, de violencia, de inseguridad, me siento en parte responsable. No somos insensibles ni máquinas. Creo que en el PRI debemos entrar a la autocrítica y asumir que el cambio, la responsabilidad histórica de estas generaciones, es del PRI. Y que seremos juzgados por los actos de otros probablemente, pero esencialmente por lo que hagamos nosotros. Y muy severamente por lo que no pudimos hacer. ¿Se sigue sintiendo priista, creyendo en el PRI? ¿Sobrevivió la priista a esa etapa de duelo y reflexión? Un largo silencio se sucedió. Pidió un poco de agua antes de contestar: "Las cosas en las que creo están: la política, la democracia como medio y no como fin. En las políticas neoliberales la democracia es la triunfadora. Cuando hablan de ella es para pulverizar. Yo creo que es una forma de vida. Pero al final, la democracia es un medio para llegar a un fin. ¿Se siente priista como hace dos años? -insistimos. Volvió a callar. Hasta que finalmente expuso: "Me siento con muchos deseos de que la casa se arregle y aunque quede pequeñita, que quede limpia, transparente, que dé cobijo a los que son, pero con gran inteligencia... Ella misma se dio cuenta que seguía evadiendo la respuesta. Así que finalmente concretó: "Sí, soy priista, porque mi conciencia me obliga a ser congruente. Le debo mucho al partido, no lo puedo negar. Era el único lugar donde se podía hacer política para llegar a determinadas posiciones". ¿Es eso lo que quiere ahora? No quiero un PRI que siga siendo escenario de disputa de grupos, de protagonismos, de burocracias. No me sentiría parte de él. ¿Cómo se siente ahora? Más libre. Siento que en lo que nos pasó hay una cosa maravillosa: la libertad, que parece fácil, pero es costosa. Cuando eres esclavo te dan de comer, te dan casa, te dicen qué hacer, cómo hacerlo, es más cómodo. Ser libre, no. Y desde ese concepto me gusta más ser priista, tener esa libertad. Aunque a veces me siento desesperada, inquieta, porque no veo claridad, no veo un compromiso de todos para ejercer nuestra libertad construyendo lo que realmente tenemos que hacer. Va por delante la lucha por el poder... El asunto es con qué PRI se quieren quedar unos y otros. Aquí hay una discusión: quienes piensan que era mejor ser priista antes, porque era más cómodo. Para mí no. El PRI de antes me fue muy incómodo. Fui satanizada de alguna manera, cuestionada... Recordarás los chiflidos en el Auditorio Nacional cuando la asamblea, también fui cuestionada por estar en el Grupo San Ángel, que por qué tenía tales o cuales amigos. Me cuestionaron porque no asumía las decisiones del Ejecutivo cuando yo era la líder del sindicato Asumía los riesgos. Los he asumido. Ése no es mi dilema. Y hoy tengo mayores posibilidades de realizarlo. No tengo más compromiso que el actuar entre el ser y el deber ser. Ahí hay bastante contradicción, que la tenemos todos. Pero ahora es un poco más el ser. Antes yo quería hacer esto, pero había que hacer lo otro. Fue muy difícil mi relación con los gobiernos priistas, muy compleja, sobre todo el último sexenio. ¿Y ahora, con los panistas? También, porque mi relación con el presidente Fox no es mala; es una relación de diálogo, de comunicación, construida en la amistad. Nunca fui amiga de un presidente priista. Hay que decirlo, soy amiga de Fox. Sin embargo, eso es mal visto y a mí eso se me hace mediocre, ¡es una mediocridad! "Entonces -siguió-, hoy ser priista me da libertad, pero al mismo tiempo me está costando mucho trabajo actuar en consecuencia a lo que podría ser una contribución al PRI. No quiero ser factor de dispersión, de división en el partido, pero tampoco estoy de acuerdo en la disputa de los grupos, ni con que el partido se siga disputando desde las burocracias. No se vale el borrón ¿Qué buscan Labastida, Madrazo, De la Madrid...? No podría decir qué quieren. Lo único que sé es que no tienen derecho a participar. Y no deben hacerlo porque ni siquiera es inteligente. Tampoco se pueden excluir, son una parte y qué bueno que venga la discusión, pero en el fondo, lo que debemos entender es que son tiempos diferentes, y que hoy se reclaman ideas y causas. Ideas para desarrollar proyectos y lograr la cohesión; no podemos aspirar a la unidad como uniformidad. Hay muchos protagonismos. La política es protagonismo, no hay duda. El que anda en política es protagónico. Yo ando en la política y de algún modo lo soy también. Pero, en mi opinión, uno de los requerimientos fundamentales del partido en este momento es que quienes representan algo o tienen una fuerza real al interior, discutamos como cuando se fundó el partido. Cuando los caudillos se sentaron a decidir qué hacer. ¿La lucha entre los cuatro le está haciendo daño al partido? Lo que más daño le hace al partido es no asumir que el tiempo cambió. Que hemos perdido. Que perdimos una responsabilidad histórica con la nación y que no se vale el borrón y cuenta nueva en términos discursivos. Lo mejor es que cada quien asuma sus responsabilidades en acciones políticas concretas y cada quien dé lo mejor de sí mismo. Y sí creo que esa disputa de los cuatro ha sido muy lamentable, muy grave, ha fracturado, desorientado, ha sido equívoca, estoy convencida. Es perjudicial. En su opinión deben desaparecer del panorama Labastida, Bartlett, Madrazo y Roque Villanueva? Tampoco, porque no van a desaparecer. ¡Fueron candidatos a la Presidencia de la República! No creo que deban desaparecer; Lo que creo es que deben asumir con seriedad el reto que viene. Y entender que no se puede hacer política por estados emocionales. La política es pasión, pero lo que tiene que privar en nosotros es la pasión en fines superiores, no las bajas pasiones del quién se queda con su credencial o su pedazo de poder. ¿No se identifica con alguno de ellos? Respeto a los cuatro. Tengo una magnífica relación con Roberto Madrazo, un diálogo amplio; con el licenciado Bartlett tuve mucha relación, lo conocí cuando llegó a la secretaría general siendo coordinador de la campaña de Miguel de la Madrid, y luego como secretario de Educación; tenemos algunas coincidencias, algunas divergencias, reconozco que es un hombre hábil políticamente y lo respeto; a Roque lo conozco de cuando fui subsecretaria, tengo una muy buena impresión del momento que trabajamos juntos; a Labastida lo conozco cuando fue por primera vez diputado en la LI Legislatura, es un hombre decente, amable. Pero quizá porque he estado en el sindicato mucho tiempo, nunca he sido participante de grupos por grupos. Ahora, sí tengo afinidades de pensamiento con muchos priistas, y las puedo tener en algún momento con cualquiera de los cuatro. ¿Aceptaría algún otro cargo en el partido? Recordarás que alguna vez me preguntaron si aspiraba a ser presidenta del partido, y el haber dicho que sí fue como una herejía. Hay algunos que quieren, otros que no. Yo pensé mucho si lo haría o no. La vez pasada que se abrió la elección pensé mucho si me lanzaba o no. Me di cuenta que la posibilidad de triunfo no era alta, no le veía viabilidad. Bueno, yo no renuncio a esa posibilidad. Me gustaría mucho ser presidenta del PRI. Y me encantaría poner en los estatutos que quien fuese presidente del partido no pudiera contender por la Presidencia de la República. Sería un buen candado. Y con ello, verdaderamente nos pondríamos a pensar en el futuro. En ruta de colisión Habla de libertad en esta nueva etapa, pero la CNOP es para usted un grillete. Toda mi vida he sido una luchadora social... Soy una convencida que el PRI no puede seguir transitando con organizaciones corporativas. Si quiere que los gremios sigan participando al interior del partido nos obliga a exigir un arreglo con las propias organizaciones, y que éstas tengan su propia reconversión, su democratización, sus reformas y su percepción de la política. Desde esa perspectiva, te diría que al estar en la CNOP, cualquier cosa que haga, cualquier planteamiento que pueda aportar hacia la sociedad, con organizaciones, con otros grupos sociales, siempre será cuestionada. No, no, no, me dicen, es que es del PRI. En este momento hay mucho conflicto porque en el PRI las posibilidades y la viabilidad de debatir y de discutir no se han abierto. Y en esa prioridad, yo prefiero irme, sin dejar al PRI, a trabajar por ello. Hacer un movimiento social. De hecho, ya está trabajando en un proyecto en ese sentido, ¿no es así? Sí. Creo que un eje fundamental para el desarrollo del país, y no sólo en lo productivo sino de manera integral, es la educación. Declarativamente el gobierno ha dicho que no habrá nada que vulnere lo laico, lo público y la gratuidad educativa. Sin embargo, hay que fortalecer el sistema de educación pública, hacerlo excelente y esto sólo se logrará si la sociedad está alerta y demanda. Por eso hay que hacer un frente amplio, responsable, para la defensa de la educación pública. Quiénes participarían en ese frente? Ahí tenemos que participar los dirigentes, los intelectuales, los políticos, los maestros, los padres de familia, todos. Ese frente, ¿tendría como eje lo educativo? No resolvemos el problema con escuelas que cuenten con instalaciones adecuadas. Hay un principio de equidad que tiene que ver con la justicia. Y no lo lograremos sin una buena alimentación, sin salud; pero hay otro tema fundamental que debe revisarse: el concepto de familia que teníamos tradicionalmente ha cambiado, es un nuevo paradigma. Ya no es el papá y la mamá con sus hijitos, ahora es la mujer que trabaja, el padre que trabaja, los hijos para quienes debes tener un lugar dónde dejarlos. Es decir, hay que ver el tema con otra óptica, que nos lleva a la seguridad social, a la justicia integral y al tema laboral. Entonces, ¿qué tipo de frente sería? Estamos comenzándolo. He platicado con varias gentes. Te decía, los partidos pasan por una crisis, no están respondiendo a las expectativas de los trabajadores, de las organizaciones, mucho menos de la sociedad. Entonces, no queremos quedarnos sin hacer nada. Por eso hemos platicado cómo podríamos construir un frente, una asociación, aún estamos en ese debate ¿Quiénes están dialogando? Perdóname, pero son gente muy especial. Y si digo algún nombre, al rato dicen que no es cierto. Pero, ¿son empresarios? Interrumpe de inmediato: "¡No! Somos dirigentes, luchadores sociales, del campo, de las fábricas, de la educación, he tenido contacto con gente de las universidades, algunos intelectuales... Y sobre todo, de lo que se trata es de tener un proyecto. Nos va a llevar un poco de tiempo". Con la formación de este frente parece estar en un punto de fuga respecto del PRI. Formar un frente o una organización no necesariamente te lleva a renunciar a tu militancia o a tu participación política. Pero además, si bien un régimen de partidos es lo más civilizado políticamente, lo que más le da gobernabilidad a un país; no podemos esperar a que el partido se arregle para que los ciudadanos vean qué pasa. Insisto, al menos es un camino paralelo al del partido, ya no es el mismo. ¡Nunca más lo será!, ése es uno de los grandes cambios y de la libertad que promovió la derrota. Ya no habrá más una organización que te diga: "Yo te respondo con tantos votos", eso se acabó. Pero eso la puede llevar a un rompimiento con el partido. No. Lo que me podría llevar a una decisión muy clara de posición hacia el propio PRI es que el partido no cambiara. Soy priista, es cierto, nadie puede negar que lo he sido, pero también es mi derecho de que si no responde a las expectativas, yo tome mis decisiones. El reto del PRI es que asumamos que perdimos; que el PRI de la Revolución, de su fundación, se vuelve a transformar y cambia; que el partido que llegó a la elección del 2000, se acabó. Ese PRI no tiene viabilidad en la nueva realidad, al menos para mí. No se trata de refundar, ni de retroceder, sino de visualizar un partido de verdad hacia el futuro, respetando el valor de la política, dignificándola, y teniendo una nueva relación con la sociedad. Debemos entender que el tejido social está roto, que hay que recomponerlo; que lo que ayer garantizó el PRI: permeabilidad social y política, se erosionó. Que llegaron al poder los de la elite tecnocrática, los que podían estudiar en el extranjero, los que tuvieron títulos de Harvard y de Yale. Que hay un PRI que fue relegado, que quisieron desarticular. Sin embargo, el frente que está conformando la aleja del partido. No necesariamente es un divorcio. Todos los caminos llevan a Roma, dicen. Y quizás este también... Parecería que la entrevista va a concluir aquí, pero Elba Esther Gordillo todavía tiene algo más que decir y ella misma elige el camino: "Lo que me puede llevar a una colisión con el partido, que no la deseo, es que realmente no cambie... Y sí, te lo digo, o cambia o me voy." |