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SNTE Y GRUPO NEXOS: EL RELEVO DE 1989.
Por Wenceslao Vargas Márquez.
Publicado en MILENIO-Veracruz el viernes 28 de octubre de 2005.

EN el marco de la actual disputa SNTE-PRI se discute si hay un sello salinista en el nacimiento en 1989 de la actual dirigencia nacional del SNTE. La respuesta documentada a esta duda guarda relación estrecha con la firma del ANMEB en 1992.

La firma por el CEN del SNTE en mayo de 1992 del Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación Básica y Normal (ANMEB) fue la culminación de un proceso de descentralización que había durado hasta entonces alrededor de unos veinte años a partir de los primeros esfuerzos gubernamentales de principios de los años setentas. Su ejecución estuvo llena de resistencias de parte de diversos actores; una de las principales resistencias provino del SNTE.

En el año de 1988 la situación estaba en punto muerto. El candidato presidencial Carlos Salinas tenía la decisión de llegar hasta las últimas consecuencias en el proceso pero la dirigencia del SNTE no mostraba flexibilidad. El Dr. Salinas pidió en septiembre de 1988 un diagnóstico a elaborar en ocho semanas acerca de la educación nacional y de ese diagnóstico se generó un documento que se puede hallar fácilmente en las librerías titulado La Catástrofe Silenciosa, documento coordinado por el Grupo Nexos y Héctor Aguilar Camín. En él se explica:  

“A partir de la segunda etapa del proceso de descentralización (1981-1982) se han dejado sentir las presiones del Comité Ejecutivo Nacional  del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (CEN-SNTE); en primer lugar, para lograr que se nombrara a sus propios candidatos como delegados generales de la SEP en los estados ...  posteriormente ... para obstaculizar su desarrollo y controlarlo de tal modo que acabó en un proceso de ‘reconcentración’, con la modalidad de que la SEP llegó a entregar casi totalmente al CEN del SNTE decisiones que competen al ejecutivo federal” ... La bandera inicial de lucha del SNTE fue que la descentralización no podía hacerse sin los maestros .. los movimientos del CEN del SNTE fueron tan amplios y articulados que en menos de un sexenio (1983-1987) lograron detener y revertir el proceso de descentralización”.

De esta manera había que hacer algo ante el nuevo sexenio que se avecinaba. El diagnóstico añadía: “La prepotencia del poder (sic) del CEN del SNTE en las decisiones importantes sobre política educativa a nivel nacional o estatal, tiende a revertirse  contra el ámbito de autoridad, tanto del ejecutivo federal en la SEP como de los gobernadores de los estados. Estos últimos han perdido (1988) interés en la descentralización educativa, porque consideran que el poder central del SNTE constituye una amenaza para el reconocimiento efectivo de su autoridad, además de las presiones que normalmente reciben de las secciones de maestros estatales. El poder del SNTE ha llegado a plantear amenazas y presiones contra el propio presidente de la República” (citando una nota del diario Vanguardia donde se pedía la titularidad de la SEP para el líder moral Jonguitud en noviembre de 1988).

Ante un escenario tan difícil como el planteado y donde el enemigo a vencer es el poder central del SNTE, es decir donde había que quitar de en medio al CEN del SNTE, la solución es acabar con quien realmente manda allí: acabar con Jonguitud. La estrategia está documentada en el apartado II.3. Condiciones de operación para la descentalización educativa en la página 178 de La Catástrofe Silenciosa. La receta era sencilla: Como “la descentralización educativa debe garantizar un absoluto respeto  a los derechos laborales de los maestros, pero también debe exigir respeto igual para los fines propios de la educación y los derechos de los educandos, de loso padres de familia y de la sociedad en general” se requiere entonces “apoyo del magisterio nacional, tanto de los maestros en servicio  como de las secciones estatales del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación y neutralización de las resistencias y bloqueos que ha interpuesto el Comité Ejecutivo Nacional del SNTE”.

Había otra justificación dice el libro del Grupo Nexos: “A lo largo de la historia de la SEP (1921-1988) la relación Secretario de Educación-SNTE ha demostrado que cuando el primero actúa como ejecutivo del sector, la educación nacional avanza (estos son los casos de secretarios como Vasconcelos, Torres Bodet Ceniceros y Fernando Solana). En cambio, cuando el secretario de Educación reduce su misión a la mera conciliación de intereses, la educación tropieza o detiene su avance”. El resto de la historia es breve: tres meses después del diagnóstico y la recomendación del Grupo Nexos contra el CEN del SNTE, en diciembre de 1988, tomó posesión el Dr. Salinas y cuatro meses después (en abril de 1989) cayó en desgracia Jonguitud. 

El nuevo CEN del SNTE sabía que nacía a la vida política y sindical por voluntad presidencial para firmar el Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación Básica, firma que efectivamente se estampó en mayo de 1992.