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¿Cuantos miembros del SNTE seguirán a sus dirigentes para irse del PRI en caso de expulsión de la presidenta? Hemos pretendido dar en este espacio, grosso modo, una aproximación de la proporción de priístas dentro del SNTE apoyándonos en las estadísticas de las elecciones federales de 2000 y 2003 además de la elección interna del PRI en 2002. Hemos dejado la cifra del magisterio priísta cercana a los 300 mil o 400 mil votantes. Hemos dicho también que si cada uno de estos trabajadores de la educación convence a un elector más el sindicato y su voto corporativo representaría el depósito de unos 700 mil votos en las urnas y no más. Una prueba de la relativa certidumbre de esta afirmación es el hecho de que la fórmula Madrazo-Gordillo obtuvo un millón y medio de votos en la competencia interna del PRI contra Beatriz Paredes en 2002. Es de suponer que Madrazo llevó a las urnas la mitad y Gordillo-SNTE la otra mitad, es decir 750 mil votos. Para pretender responder a la pregunta inicial debemos regresar al voto duro del magisterio priísta, es decir a los 350 mil maestros que militan en el PRI. ¿Cuántos de ellos seguirían a la dirigencia nacional del SNTE en una ruptura definitiva? El día 17 de noviembre en Mérida, Yuc., un diputado yucateco declaró a la agencia APRO que por lo menos un millón de maestros leales a la lideresa del magisterio podría salirse del PRI, si los madracistas deciden expulsarla. Debemos repetir que esa cifra de un millón es falsa porque es suponer priísta al 90% del magisterio, afirmación que falta a la verdad según la extrapolación de las muy confiables estadísticas electorales federales que tiene el IFE y que tienen los partidos en su poder. No son un millón ni los cinco millones que dijo otro dirigente. De los 350 mil maestros militantes priístas creo, con algunos analistas, que la gran mayoría se quedaría en el PRI. Los intereses con el PRI se sustentan en los intereses de las cúpulas dirigentes nacionales o seccionales que esperan una diputación o una senaduría. No se irán fácilmente del partido a una aventura que dificultaría o imposibilitaría el acceso al cargo de elección popular. Esas cúpulas dirigentes seccionales inducirán a sus seguidores a quedarse dentro: Se dedicarán a prestar algunos nombres propios para que participen en el Partido Nueva Alianza y a confirmar que es más que mediano el número de maestros que promueven la candidatura presidencial perredista. Hay diversidad de opiniones: Ha anunciado desbandadas de profesores de las filas del PRI el dirigente de la sección 24 del SNTE en Querétaro, Abel Espinosa. En Yucatán la dirigente de la sección 57, Silvia Alamilla, avisó que los maestros yucatecos definirán la candidatura de su preferencia. Crescenciano Espiricueta Rodríguez, secretario de la sección 27 en Sinaloa, manifestó que su gremio no va a respaldar a Madrazo. El secretario general de la Sección 50 del SNTE, José Angel Alvarado Hernández, anunció que está abierto al diálogo con Madrazo, y dispuesto a sumarse en torno a su campaña rumbo al 2006. El magisterio priísta y madracista esperará una mejor coyuntura para manifestarse. Varios de ellos dejan saber su postura entre líneas por convicción y porque consideran falso que Madrazo haya ofendido al magisterio en su conjunto con las cosas que ha hecho o dejado de hacer como dirigente del PRI y ahora como candidato. En cambio, es más probable que los priístas se hayan sentido real y profundamente agraviados porque: 1) Desde el SNTE se impulsó la creación del partido político Nueva Alianza, 2) Desde el SNTE se partió en dos a la FSTSE para crear la Federación Democrática de Sindicatos de Servidores Públicos (FEDESSP) y 3) La cúpula nacional del SNTE se acercó al PAN, a la asociación civil Vamos México de Marta Sahagún y a la presidencia de la república, más allá de lo que permite la pulcritud política. El costo de un cisma para el PRI no superará el número de 350 mil votos. Pero aún si ésta cifra fuese superior, desde el SNTE se deberá tener mucho cuidado para dar el paso. Mucho cuidado porque hay un peligro real: El peligro de que sus dirigentes den el banderazo para iniciar la desbandada anunciada y a unos metros del portón, cuando estén marchando ya sobre la banqueta de Insurgentes Norte, giren la cabeza para mirar atrás y no los siga nadie
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