SNTE y PANAL: MAL PRONÓSTICO.

Por Wenceslao Vargas Márquez

Publicado en MILENIO Veracruz el lunes 23 de enero de 2006.

La biografía de Campa como candidato presidencial es una biografía excepcional. No es la de este político mexicano una biografía mediocre. La de Campa es una biografía de entereza cívica y convicciones.

No me cabe duda que las generaciones venideras verán en Campa al mexicano que en la política hizo lo que tenía que hacer en el momento histórico que le tocó vivir. En el terreno político y en el electoral el solo apellido Campa se convierte en testimonio de firmeza en las convicciones, en prueba de voluntad contra el autoritarismo. Aún sabiendo que su campaña electoral por la presidencia sería una campaña estrictamente testimonial, decidió competir en un ambiente político absolutamente adverso.

En 1976 el país era monolítico: partido único, candidato único y un solo triunfador pero Campa decidió competir. En el SNTE seguramente recordaremos al SNTE también monolítico de Carlos Jonguitud. En el país, con el paso del tiempo, las cosas cambiaron y hoy tenemos tres candidatos fuertes y parejos. En el SNTE no. Hoy en el SNTE se mantiene la candidata única, la planilla única que compite contra nadie y vuelve a ganar una y otra vez en actos de competencia electoral inequitativos que anulan la autoridad moral para pedir transparencia electoral en otros organismos, pedirla en el PRI por ejemplo. 

Por su campaña presidencial Campa tiene que ser recordado por las generaciones actuales y venideras. En el colmo del autoritarismo del viejo régimen, sabiendo que iba a la derrota por ser un candidato sin registro, hace 30 años, el candidato presidencial Campa, decidió recorrer la república pidiendo el voto de los mexicanos en una candidatura testimonial que alguien tenía que hacer para empezar el cambio de las reglas electorales mexicanas. El resto de la historia se sabe: José López Portillo llegó a la presidencia como candidato único por el PRI (más los satélites PPS y PARM) y sin opositor oficial. EL 27 de junio de 1976 culminó la gira de Campa en un acto en la Arena México, en la capital de la República, donde asistieron entre 20 mil y 22 mil personas. Es hora de recordar, a 30 años de ese acto de entereza civil, en el marco de una nueva campaña presidencial, a Valentín Campa Salazar (1904-1999).

Ahora repasemos el escenario electoral al que se enfrenta el otro Campa, Roberto Campa Cifrián, con su candidatura (que también será testimonial por otros motivos) que nada tiene que ver con la que hizo el líder sindicalista Valentín Campa. Las más serias estimaciones estadísticas derivadas de encuestas nacionales pronostican que para Roberto Campa la presidencia de la república es impensable y la desaparición del Partido Nueva Alianza lo más viable en el futuro electoral de este partido nacido del rencor personal y (presumiblemente) de las cuotas sindicales del SNTE.

Hay analistas de la prensa impresa y de la electrónica que sostienen que la dirigencia del SNTE tiene en un puño un millón y medio de votos para subastarlos al mejor postor. Seguramente los ha impresionado la oferta (la amenaza) de un dirigente nacional del SNTE que en septiembre ofreció cinco millones de votos “contra Madrazo” bajo la suposición de que el 90% del millón y medio de maestros (un millón) son priístas y seguirían a la dirigencia sindical a donde fueran. Este millón debería ser capaz de arrastrar cada uno a otros cinco electores (compañeros maestros, padres de familia) para juntar los cinco millones de votos sindicalizados del SNTE. Es falsa, por excesiva, la cifra de votos que el SNTE maneja como corporación (aunque declaran no ser corporativos).

Un columnista nacional estimaba hace poco en no más de 200 mil los miembros del magisterio que votarían por el PRI. En este espacio periodístico que ahora tiene el lector se ha estimado reiteradamente en un techo de 300 mil o 350 mil los priístas que se encuentran en el SNTE. Hemos dicho que más de la mitad, la gran mayoría de estos electores, se quedarían en el PRI, si la rencorosa decisión de la dirigencia del SNTE se mantenía en romper con ese partido.

SI ubicamos en dos tercios la proporción de priístas magisteriales que se quedarían en el PRI tendríamos 120 mil quedándose en el PRI y 80 mil respaldando a Nueva Alianza en el supuesto de los 200 mil miembros. En el otro cálculo, si separamos dos tercios de los 300 o 350 mil miembros del magisterio que serían priístas implicaría que no seguirían a la dirigencia del SNTE entre 200 y 230 mil miembros y le quedarían al PANAL entre 100 y 120 mil votos salidos del SNTE, insuficientes para mantener el registro con la cuota mínima que pide la reglamentación electoral federal vigente.

Dejemos en paz las cifras que han sido reiteradas en este espacio desde hace dos o tres meses para proceder a recuperar los datos que proporciona una encuesta profesional divulgados muy recientemente. Las cifras nos dan la razón en éstas cuentas que están muy lejos del millón y medio de votos ofrecidos por algunos líderes del SNTE: Hace menos de una semana, el 18 de enero la seria y confiable Agencia española EFE recogía información de una encuestadora nacional que explicaba que el Partido Nueva Alianza, que encabeza el ex priísta Roberto Campa, obtendría 100.000 sufragios y quedaría abocado a la desaparición. Mal pronóstico.

El pronóstico de la desaparición del PANAL es sombrío para esta aventura electoral derivada del rencor personal y (presuntamente) financiada –al menos parcialmente- con dinero y sin permiso de todos los trabajadores de la educación agremiados al SNTE. No hay millón y medio de votos. Hay no más de 100 mil miembros del SNTE que –con todo derecho; probablemente- optarán por Nueva Alianza en las elecciones federales de julio de 2006.

El resto irá a otros partidos o se quedarán en el PRI o no votarán por nadie a pesar de los desplantes de ofertas millonarias de votos sin sustento de parte de algunos dirigentes.

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