Durante el año 2005 el SNTE estuvo creando y recreando dos cosas, en algunas plazas públicas del país: una inquietud y un mito: 1) La inquietud de que el gobierno de la república dedique el 8% del producto interno bruto a la educación de acuerdo con la modificación hecha a la Ley General de Educación; 2) el mito de que basta que el PIB educativo sea del 8% para resolver los problemas educativos.
La cifra del 8% del PIB para educación, para algunos no es en realidad una recomendación de la UNESCO a como algunos voceros del SNTE pretenden hacer creer. Rastrear el origen del dato lleva a ninguna parte. Un reconocido autor, Raúl Trejo Delarbre escribió: “Otro asunto cuya conveniencia suele aceptarse como verdad incontrovertible pero que vale la pena incorporar a la discusión de las prioridades nacionales, es la idea de que los recursos destinados a la educación deben tener como meta el 8 por ciento del PIB. A menudo se dice que esa es una exigencia de la UNESCO, aunque en los documentos de ese organismo es difícil encontrar referencias al respecto”.
Hace un cuarto de siglo, en diciembre de 1979, se
celebró en la ciudad de México la Conferencia Regional de Ministros de
Educación y Ministros Encargados de la Planificación Económica de los Estados
Miembros de América Latina y del Caribe, convocada por la UNESCO. En el
texto de conclusiones, conocido como Declaración de México, los
ministros declararon que "los Estados Miembros deberían . . .
dedicar presupuestos gradualmente mayores a la educación, hasta destinar no
menos del 7 u 8% de su Producto Nacional Bruto a la acción educativa." No
es fácil afirmar si la UNESCO se apropió de esta conclusión, que no es de la
UNESCO sino (cosa distinta) de una conferencia patrocinada por la UNESCO, a
como patrocina y ha patrocinado muchas otras por todo el mundo. Esta
conferencia fue una más.
Si la UNESCO no se apropió de la recomendación, el SNTE sí lo hizo. Hay razones de peso y de pesos: Del 8% aplicado al PIB en educación, aproximadamente el 80% se dedica a nómina según se puede saber cada año en los presupuestos de egresos de la federación que autoriza el Congreso de la Unión. De esta masa monetaria del 80% del actual 7.3% del PIB, el uno por ciento se convierten en cuotas sindicales recaudadas por agencias gubernamentales y entregadas a las tesorerías del SNTE sin ningún costo administrativo y sin ningún gasto de operación. La multiplicación arroja que el SNTE recibiría actualmente 0.000584% del PIB en cuotas sindicales lo que aplicado a un producto interno mexicano de 800 mil millones de dólares, proporcionaría la cifra de 4,600 millones de pesos anuales de ingreso para el SNTE tomando los dólares a 10 pesos. Una diputada priísta dijo recientemente que son dos mil millones anuales si se toma en cuenta sólo a maestros de primaria. La cifra real y su destino se desconocen.
El monto del PIB
educativo, según cifras oficiales del 5º informe del gobierno federal, está en
el 7.3% y no por eso la calidad de la educación ha mejorado. Las cifras las
comparte el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación, de cuya
junta directiva de 15 sillas, dos son del SNTE. De esta forma el SNTE no puede
calificar de falsas las cifras del INEE. Chile y China gastan menos del 8% y no
por eso su educación es mala. Hay países de las Antillas Menores que emplean
más del 8% y no por eso su educación es buena. No entiendo cómo un aumento de 7
décimas de punto del PIB pueda resolver los problemas educativos nacionales.
Un marco muy relevante que materializó en los últimos
años la exigencia de la cifra destinada a educación fue el que en agosto de
2002 se dio durante la firma del Compromiso Social por la calidad de la
Educación, firmado por los gobiernos estatales (Alemán por Veracruz), el federal
(con Fox y la SEP), algunas iglesias, la iniciativa privada, los medios de
comunicación, la UNAM, la UPN, la Fundación Televisa, la Fundación Azteca
(dirigida por Esteban Moctezuma Barragán), la Fundación Telmex (Slim), la
Fundación BANAMEX, El Colegio Nacional, el Grupo PULSAR, el Consejo Coordinador
Empresarial, la COPARMEX, la CANCINTRA (con Yeidckol Polenvski a la cabeza,
recientemente heroína del perredista Manuel López quien firmó por el D.F), la
Suprema Corte de Justicia, uniones de padres de familia y un muy largo etcétera
que incluye a empresarios, intelectuales y a Rafael Ochoa Guzmán como
secretario general del SNTE en ese momento.
El SNTE contrajo
obligaciones cuyo cumplimiento ha quedado pendiente. Trejo Delarbre explicó: “En sus últimas páginas el
documento por la calidad de la educación enumera los compromisos que asume cada
sector. Los compromisos de la SEP se encuentran descritos en 227 palabras. Los que
contraen los gobiernos estatales, en 125. Los legisladores requirieron 176
palabras. Las universidades representadas por la ANUIES, 158. Los padres de
familia, cien. El SNTE se llevó 337 palabras para manifestar sus compromisos.
Esa extensión no es indicativa de la riqueza de ideas sino de los complejos
equilibrios retóricos que hicieron los dirigentes magisteriales para sumarse a
los acuerdos”.
En mayo de 2000, como
candidato presidencial, Vicente Fox ofreció al SNTE el “compromiso de conectar todo
el ingreso del petróleo y de PEMEX directamente al sistema de educación pública
nacional, laica y gratuita” (ABC del SNTE, año 4, No. 28). El
cumplimiento de esta promesa habría hecho realidad llegar y rebasar el 8% pero
el ejecutivo federal no cumplió aún cuando la promesa fue 1)pública y 2)de
interés laboral y colectivo. Las dirigencias del SNTE no le han reclamado al
presidente a como lo han hecho con el candidato priísta Madrazo quien presunta
o realmente no cumplió una promesa 1)privada y 2)de importancia electoral
restringida al futuro político de una sola persona.
En la
cifra del 8% del PIB destinado a la educación, el SNTE ha construido un mito.
Un mito genial.