TRES VECES EL PAPA
Publicado en el diario POLÍTICA de Xalapa, Ver., el martes 19 de enero de 1999.
Por Wenceslao VARGAS MÁRQUEZ

A la vida pública nacional los papas - y sus visitas- no le han traído nunca nada bueno. La lucha del gobierno por subordinar a la iglesia católica en cuanto a lo material y lo político, provocó disturbios y muertes a lo largo de nuestra historia.

Le daremos un vistazo a tres instantes de México:

UNA VEZ EL PAPA.- La conquista de México respondió a un pacto que consistía en que, a falta de O.N.U., el Papa justificaría la apropiación de territorios ajenos en un continente ajeno a cambio de que la Corona Española impulsara los descubrimientos de nuevos terrenos y nuevas almas para sumar a la grey católica. También convinieron en que toda documentación (encíclicas, bulas) que mandara Roma a la Nueva España pasarían por el escritorio del rey de España. Igualmente las propuestas hechas por la iglesia novohispana para ocupar cargos (parroquias, obispados) tendrían que pasar también por el escritorio del rey, quien les pondría su sello y su firma para hacerlas llegar a Roma.

De esta manera la iglesia católica en la Nueva España nació subordinada al gobierno civil. Se decía que el gobierno español ejercía un Patronato sobre la iglesia y todo iba mas o menos bien hasta el día de la independencia: Nuestros gobiernos reclamaron entonces la traslación del ejercicio del Patronato al Poder Ejecutivo Federal de la nueva república pero el Vaticano dijo que no. El Patronato -dijo el Papa-, era un convenio con el gobierno español por lo que la República Mexicana tendrá que tramitar su propio acuerdo cuando sea realmente independiente, es decir, hasta que España quisiera. Este pleito duró hasta que en diciembre de 1836 en que, muerto Fernando VII, España nos reconoció libres y el Vaticano liberó la provisión de vacantes.

DOS VECES EL PAPA.- Juárez -desde 1858- buscó someter a un clero lleno de riquezas materiales. A la fe, decían los liberales, la destruye un clero corrupto, multimillonario y activo en la política: su ámbito debe ser estrictamente el espiritual. Los años 1858-60 fueron de guerra civil. El gobierno tratando de reducir al clero a sus atribuciones y el clero -dirigido de lejos por el Papa- defendiendo con uñas y dientes las riquezas materiales de que disponían. Esta guerra de Reforma concluyó con el triunfo de Juárez y ni siquiera el apoyo francés a Maximiliano pudo torcer el curso de la Historia.

Ni a Carlota -a quien la historia oficial nos la ha descrito únicamente como frívola y loca- se le ocurrió que el clero debería tener inmensas riquezas materiales e ingerencia en la política , y eso ya es mucho decir. El 27 de diciembre de 1864 le escribió a la emperatriz de Francia que Meglia -el único nuncio que México tuvo antes de PRIgione-, daba "muestras de tener un cerebro enfermo (cerveau touché), de ceguera (auveglement) y de terquedad" al pretender que un Príncipe de su siglo -Maximiliano- derogara las leyes juaristas de Reforma. Eso nunca -escribióCarlota-, y menos en un país lleno de odio contra la teocracia (tout pleine de haine contre la theocratie). ¿O por cuál otra razón el papa los soltó de las manos?

TRES VECES EL PAPA.- El porfirismo fue un periodo en el que las leyes de Reforma de los años cincuenta fueron -dijo alguien- apenas una vaga declaración de principios sin reglamentación punitiva. Fue la muerte de la ley en materia religiosa porque el porfirismo entonces -como el salinismo ahora - necesitaba de un apoyo para legitimarse. En 1926, se le ocurrió al presidente Plutarco Elías Calles reducir al marco de la ley escrita vigente a un clero nuevamente soberbio, multimillonario y político, con lo que de inmediato se desató la guerra cristera manipulada por los sacerdotes locales y, de lejecitos, por el papa. La guerra cristera concluyó en 1929 mediante un solución que fue a medias un acuerdo y no un pleno sometimiento incondicional a la ley. En el camino quedaron muchos muertos y mucha sangre: entre otros murió en 1928, Alvaro Obregón Salido, presidente recientemente reelecto. Lo intentó asesinar un católico fanático de apellidos paradójicos: Miguel Agustín Pro Juárez, beatificado por Juan Pablo II el 25 de septiembre de 1988, quien era de los que pensaban que para el ejercicio de su fe necesitan que el papa y los obispos sean muy ricos y dicten conferencias de prensa. Lo asesinó José de León Toral.

Años después las reformas salinistas fueron "aplaudidas y apoyadas sin reservas" por la Gran Logia Unida Mexicana de Veracruz el 6 de febrero de 1992, argumentando que esas reformas colocaban al doctor Salinas y a los masones "a la cabeza de los patriotas comprometidos que secundan sus tesis de gobierno". Un diario local publicó unos párrafos míos el día viernes 14 donde yo sostenía que las reformas eran un error y le pedía a la Gran Logia de la calle Juárez que si iba a aplaudir cuando menos lo hiciera con la debida reserva. Por toda respuesta hubo un largo silencio porque la Gran Logia y yo decidimos esperar a que acabara el sexenio para empezar a fabricar máscaras orejonas.

Es decir no hubo entonces mayor protesta: no hubo ni siquiera la discusión que -entre ciertas amas de casa- provoca la pasión turbulenta que pervive en Sofía.


POSDATA DE MAYO DE 2000:
EL TÍTULO DE ESTE TEXTO NO LOGRA INDIGNAR
A MENOS QUE YO ACLARE QUE CUANDO SE PUBLICÓ, TELEVISIÓN AZTECA
TRANSMITÍA UNA TELENOVELA TITULADA "TRES VECES SOFÍA"
CON UNA LUCÍA MÉNDEZ SUFRIDORA.
UNA VEZ ACLARADO, INDÍGNENSE POR LA PENOSA COMPARACIÓN.