LOS INDÍGENAS Y LA BULA SUBLIMIS DEUS.
Wenceslao Vargas Márquez
Publicado en el Diario POLÍTICA de Xalapa, Ver., el miércoles 2 de mayo de 2001.

Siempre han abundado los hombres blancos, barbados y de ojos claros predestinados a socorrer a los aborígenes americanos desde que este pingüe deporte lo inauguraron Quetzalcóatl y Kukulkán hace ya varios, muchísmos sexenios (?).

Un señor barbado y blanco, con un puro en la boca, senador panista que redime a los indígenas con el nombre de batalla de Jefe Diego, considera tan ... indígenas a los indígenas mexicanos que, a su juicio, sólo sirven como mexican curios para vender artesanías en la caseta de cobro de Palenque o para sirvientes domésticos y considera que sólo los puede redimir un redentor blanco que traiga un puro en la boca.

Un señor barbado y blanco, con una pipa en la boca, redentor zapatista que redime con el seudónimo de sub-comediante Marcos, considera tan ... indígenas a los indígenas mexicanos que, a su juicio, sólo pueden ser redimidos si los redime un redentor blanco, barbado y letrado que traiga una pipa en la boca.

La única diferencia entre estos dos hombres de ojos claros es la manera en que consumen el tabaco.

La mayoría de los políticos y conquistadores blancos del siglo XVI (igual que los dos conquistadores blancos del siglo XXI mencionados líneas arrriba) afirmaron que los indígenas eran unos perfectos inútiles, que no sabían distinguir su mano derecha de la izquierda y necesitaban siempre un hombre blanco a su lado para que se pudieran considerar seres humanos.

El 15 de junio de 1537 (aquí entre nos, fecha de nacimiento de Diego Fernández de Cevallos) el papa Paulo III, redactó la encíclica Sublimis Deus en la que concluía que los indígenas ¡eran gente! y, por lo tanto, al ser personas, eran capaces de recibir los sacramentos católicos.

La bula se puede hallar en internet tecleando en cualquier buscador paulo iii sublimis deus pero si el lector es ‘tradicionalista’ y le gusta leer sólo sobre papel y no sobre vidrio y electrones, puede hallarla completa en México a través de los Siglos, tomo III de X, página 314.

El Papa Paulo III declaró en ella que los indios son libres, aptos para recibir la fe, y si los han esclavizado, hay que liberarlos. El Papa añadía "que dichos indios y todas las otras gentes que a noticia de los cristianos lleguen adelante, aunque estén fuera de la Fe de Cristo ... no han de ser privados ... de su libertad y del dominio de sus cosas, antes bien pueden libre y lícitamente usar, poseer y gozar de tal libertad y dominio, y no se les debe reducir a servidumbre". Palabra del Señor.

La terrible miseria de los indígenas chiapanecos y de los indígenas de todo el país se solucionará con dos cosas, creo:

1) Con voluntad política de los gobiernos federal, estatal y municipal para eliminar las invasiones de tierras, la intolerancia en un ámbito religioso en el que hay ¡hasta musulmanes!, etc. y

2) con dinero para médicos, escuelas, carreteras, agua potable. Para ello no se necesita el concurso de redentores enmascarados como Marcos ni de redentores barbones como Diego.

No hacen falta tampoco ni nuevas leyes ni nuevas encíclicas pontificias porque ya existen esas leyes bajo las cuales se les pueden sacar de la miseria y enseguida digo por qué:

En su oportunidad se dijo que para que los indígenas dejaran de ser pobres y explotados se necesitaba una bula. La bula Sublimis Deus apareció hace 450 años expedida por el Papa Paulo III (que para ese siglo XVI encarnaba una especie de Consejo de Seguridad de la ONU) y los indígenas siguieron explotados y miserables.... ¡hasta el presente sexenio! Y allí seguirán.

Cinco siglos después de la bula se dice que para que los indígenas dejen de ser pobres y explotados se necesita un decreto sobre leyes y cultura indígena. Pero con bula o sin bula, con decreto o sin decreto, los indígenas serán miserables porque sólo sirven de carne de cañón a juegos políticos de hombres blancos, barbados y de ojos claros.

Seguirán miserables como desde hace 500 años independientemente de que sus redentores traigan puro o trigan pipa, es decir, independientemente de cómo consuman el tabaco aborigen.

Seguirán en la miseria como desde cuando los redimían Paulo III, Quetzalcóatl y Kukulkán.