LOS POLÍTICOS (ORINANDO)
Publicado en el diario 'POLÍTICA' de Xalapa, Ver., el 11 de mayo de 1999.
Wenceslao VARGAS MÁRQUEZ

Proverbios 5:15
La literatura universal se ha ocupado de actividades más o menos escatológicas a pesar de la oposición de personalidades pudibundas que no toleran palabras que molestan los oídos, palabras que llevaron a la hoguera a Cariátide, a Examen y a Rubén Salazar Mallén. Para hacerlas rabiar he querido anotar aquí algunos renglones de la literatura y la crónica que han abordado una oportuna discusión. "¿Qué tan bonito es orinar?
La respuesta a esta pregunta es que orinar es tan bonito que esa necesidad fisiológica ha merecido pasar a la historia anotada en la literatura universal.
 
Para la literatura, el siglo XX empezó en 1922 cuando James Joyce publicó un paradigma literario universal: Ulises. En el capítulo 17 se lee acerca de dos residentes de Dublín, Irlanda, que orinan como sin querer (nadie más que Stephen y Bloom, ningún expresidente mexicano):
"¿Quedaron indefinidamente inactivos? Por sugerencia de Stephen, por instigación de Bloom, ambos, primero Stephen, luego Bloom, en la penumbra orinaron, sus costados contiguos, sus órganos de micción hechos recíprocamente invisibles por circumposición manual, sus mirada ... elevadas a la proyectada sombra luminosa. ¿De modo semejante? Las trayectorias de sus micciones, primero sucesivas, luego simultáneas, fueron desemejantes: la de Bloom más larga, menos impetuosa, en la incompleta forma de la bifurcada letra penúltima del alfabeto, él que en su último año en la escuela media (1880) había sido capaz de alcanzar el punto de mayor altura contra toda la fuerza aliada de la institución, 210 estudiantes..."
Para Pablo Neruda la orina de su Dulcinea es una "miel delgada" según el poema 'Tango del Viudo' (de Residencia en la Tierra, 1933): "Daría este viento de mar gigante por tu brusca respiración/ ... / y por oirte orinar, en la oscuridad, en el fondo de la casa, / como vertiendo una miel delgada, trémula, argentina, obstinada".
Augusto Monterroso (Movimiento Perpetuo, Joaquín Mortiz, 1972) relata como un burócrata halla el Edén bíblico en su casa si es capaz de poder leer y orinar con tranquilidad: "... llegas a tu casa y todo está listo y tu mujer con su lindo delantal rosado y su sonrisa ... te sirve de comer sin tardanza ... Te sumerges en una lectura profunda, maravillosa, interrumpido tan sólo por tus propios impulsos, como son, por ejemplo, ir a orinar, o rascarte la espalda..."
Por un lado muy distinto (me refiero al cambio de enfoque, no al órgano de micción, que es el mismo) los diputados federales también orinan: falta saber si también lo hacen los senadores, los diputados estatales, los miembros (en el sano sentido) del poder judicial, del ejecutivo, además de los candidatos y precandidatos de todo tipo.
 
Es el caso que el (entonces) diputado Francisco Peralta Burelo (en El Financiero, 2 de noviembre de 1995) se encargó de retratar mediante algunas croniquillas a sus colegas. En su plaquette número cinco de las "Crónicas y Anécdotas de la LVI Legislatura" del 28 de marzo de 1995, hace una sólida y pertinente encuesta parlamentaria: "¿Cuántas veces orina un diputado?
Las respuestas son tan sorprendentes que obligan al lector a sentir ganas de orinar: "Un chingaral: diez o doce veces", apunta el diputado Sergio Prieto. El diputado Oscar Villalobos dice que "un chingo" porque toma mucha agua. El diputado Fernando Flores Gómez dice también que "un chingo" porque se toma "más de cinco botellas de agua y cafés y tés".
"En esa andanada de respuestas -continúa El Financiero-, hay tres que se aproximan al diputado real, al clásico mexicano: la del diputado Luis Priego Ortiz: "Depende de cuantas veces quiera saludar a un buen amigo"; la del diputado Miguel Lucero: "Depende del interés de la agenda; la vejiga responde a ella"; y la de un diputado anónimo, cuya identidad Peralta Burelo decide guardar: "Yo vengo al baño para desaburrirme: orino para matar el tiempo".
El reportero del diario, Víctor Roura, se indigna al grado de que también siente ganas de orinar: "¡Orinar de acuerdo con la agenda! ¿Y estos son los diputados que ganan los cien mil pesos mensuales por abrigar a la ciudadanía? ¿Los que deberían estar atentos a cada una de las propuestas que se dicen en la tribuna, por nimia que sea? ¿Estos, los que prefieren ir al sanitario a desaburrirse?" Nota: 'nimia' puede equipararse a cierta palabra impublicable.
 
Las respuestas a todas estas preguntas de Roura es un Sí generalizado, un Sí rotundo porque los diputados también orinan, tienen derecho a orinar. Sí, señor. No faltará alguno que promueva una nueva consigna política: ¡Orinemos, nunca dejemos de orinar! o ¡ Se ve, se siente, la orina está presente!.
 
Además, para recordar que somos humanos y que la vida es dura, es real y sin orillas, la literatura universal -como la de Joyce y Monterroso- y las parrafadas municipales -como las mías-, hacen bien en incorporar actividades fisiológicas tan primarias -como orinar- al texto que ávidamente escudriñarán el lector y los precandidatos.
Y ahora concluyamos porque -disculpe- tengo ganas de orinar.

POSDATA DE MARZO DE 2000: VALE ACLARAR QUE ESTE ARTÍCULO ES EL ÚNICO QUE
DIARIO ALGUNO ME HA PUBLICADO EN PRIMERA PLANA. Y usted ¿no sintió ganas de orinar?.