DISCUSIÓN REITERADA: LA EDUCACIÓN RELIGIOSA
Por Wenceslao Vargas Márquez

Publicado en 'POLÍTICA' de Xalapa, Ver., el miércoles 12 de julio de 2000.


Los mexicanos todavía no sabemos a ciencia cierta lo que significa la llegada de el panista Vicente Fox a la presidencia de la república. Pronto el sindicalismo, la educación pública, el liberalismo, la masonería (¡) y muchos valores históricos del estado mexicano se verán atacados violentamente a como han sido violentamente atacados por los primos ideológicos del PAN que son los priístas de los años noventas. Mi sindicato (el S.N.T.E.) debe permanecer atento a cualquier modificación del artículo 3º constitucional y Fox debe cumplir sus compromisos de mantener a la escuela pública con sus característico laicismo.

UNA DISCUSIÓN QUE SIEMPRE BUSCA ALCANZARNOS.- Cuando el obispo Obeso (inicial mayúscula) solicita en julio de 2000 que se imparta educación religiosa en las escuelas públicas, yo supongo que lo quiere pedir es que se imparta educación católica en las escuelas públicas y con ese hecho participa en una discusión nacional que siempre está presente entre nosotros y se pone muy lejos de la civilización.

Sobran ejemplos de nuestro ultramontanismo nacional pero tomaremos a un autor xalapeño y a Maximiliano y Carlota por ser (según la historia oficial) los gobernantes más frívolos e irresponsables que hemos tenido. Pues bien: Ni al Emperador ni a la Emperatriz les agradó la idea (que hoy propone el obispo Obeso, inicial mayúscula) cuando hace siglo y medio les propuso el papa (a través del nuncio) que la iglesia católica metiera mano en la educación de la juventud.

EL FUTURO IMPERIAL NOS ALCANZA.- El xalapeño Francisco de Paula de Arrangoiz y Berzábal fue uno de los ejecutores del plan imperialista. Escribió el 13 de abril de 1865 desde Londres para renunciar al cargo de embajador imperial porque Maximiliano se inclinaba por mantener las leyes de reforma a como Juárez las había dictado y firmado: "Tal vez recuerde V.M. lo que dije en Miramar con respecto al pueblo mexicano: [que tiene] una decisión tan manifiesta por la monarquía [pues para el pueblo] monarquía y restablecimiento del Catolicismo, con su clero regular y secular, eran sinónimos". Pronto se vería que monarquía y catolicismo se convertirían en realidad en antónimos desde el instante en que Maximiliano y Carlota le amarraron las manos al clero político y multimillonario, pero esa es una discusión gramatical en la que no quiero participar.

El 24 de diciembre de 1864 Maximiliano y Carlota le expusieron al nuncio Francisco Meglia el plan de trabajo del imperio: 1.- El gobierno mexicano tolerará todos los cultos (grito en el cielo del clero mexicano). 2.- El tesoro público pagará a los ministros en la misma proporción y con el mismo derecho que a los demás servicios civiles de la nación (gritito en el cielo). 3.- Los ministros del culto católico administrarán los sacramentos y ejercerán su ministerio gratuitamente, sin facultad de cobrar nada (gritote en el cielo). 4.- La iglesia cede al Gobierno todas sus rentas que provengan de bienes eclesiásticos, que han sido declarados nacionales durante la república (alarido en el cielo). 7.- La única potestad de la iglesia es en materia de fe y fuero interno (nada de educación, estentórea exclamación en el cielo). El nuncio contestó pronto (muy pronto: el día 25) que veía "con horror" (sic) todas estas ideas.

EL ANTEPOSPRETÉRITO EPISCOPAL NOS ALCANZA (Y NOS REBASA).- Ni a Carlota se le ocurrió que el clero debería tener inmensas riquezas materiales e injerencia en la política y en la educación. El 27 de diciembre de 1864 Carlota le escribió a la emperatriz de Francia que Meglia (el único nuncio que México tuvo antes de PRIgione), daba "muestras de tener un cerebro enfermo (cerveau touché), de ceguera (auveglement) y de terquedad" al pretender que un Príncipe de su siglo (Maximiliano) anulara las leyes juaristas de Reforma. "Eso nunca –escribió Carlota-, y menos en un país lleno de odio contra la teocracia (tout pleine de haine contre la theocratie)".

Así escribió Carlota: "Eso nunca".

No puede ser que Carlota (a quienes nuestros historiadores nos han presentado siempre como frívola y loca) haya tenido mayor lucidez que el obispo Obeso (inicial mayúscula), un inteligente obispo de nuestro siglo.