EL PODER PÚBLICO: ASCENSOS Y CAÍDAS.
Wenceslao VARGAS MÁRQUEZ

La República de Venezuela ha vivido en abril de 2002 una conmoción política y durante los últimos tres años el vigoroso ascenso y la rápida caída de su presidente de la República, Hugo Rafael Chávez Frías. Este es un caso más del gobernante carismático que después de electo por mayorías abrumadoras, pierde toda proporción de la realidad y acaba en el desastre. Otros casos ha tenido Latinoamérica, la Latinoamérica que no terminará pronto de madurar sus democracias: Abdalá Bucarám, Fujimori, Iturbide, Santa Anna, Jalil Mahuad. Para efectos de este recuento el reposicionamiento de Chávez es irrelevante.

Andrés Oppenheimer, analista político, dice que él pensaba que ya América estaba madura para la democracia y que desórdenes como este ya no habría nunca más. Oppenheimer se equivoca: líderes carismáticos que deseen gobernar sin contrapesos los ha habido y los seguriá habiendo. El caso mexicano actual es un ejemplo, pero como la historia se repite siempre, es prudente traer a la memoria el caso mexicano que más ha intrigado a algunos porque en menos de dos años tuvo un ascenso vigoroso y una caída tan rápida que acabó fusilado sin partidarios. No es el de Madero. Es el caso de Iturbide.

Agustín de Iturbide y Arámburu llegó al poder habiendo anulado con su carisma los activos militares de Vicente Guerrero a principios de 1821 y los activos políticos del último virrey, O’Donojú, en agosto del mismo año. Para septiembre tenía todos los hilos bajo control y conquistar la capital de la Nueva Españapero pero se hizo esperar tantito en las goteras de la ciudad para entrar en ella el día de su cumpleaños: 27 de septiembre.

En el nuevo año de 1822, no había en el horizonte nacional ningún personaje que le hiciera contrapeso para encabezar el nuevo gobierno nacional e independiente. Iturbide había derumbado el viejo régimen virreinal y no hubo fuerza significativa opositora cuando en mayo de 1822 se dio el golpe de mano para que ascendiera ¡al trono de un Imperio de opereta como el imperio republicano del venezolano Chávez!. En julio fue coronado Emperador y ocho meses despés, en marzo de 1823, era desbarrancado del sitio al que había sido elevado.

¿Qué ocurrió en esos ocho meses (o diez desde su Juramento)?. Un libro que pretende explicarlo es El Imperio de Iturbide, de Timothy E. Anna (CONACULTA, 1990). Entre julio y octubre de 1822, dice Anna, hubo tres disputas básicas entre los poderes ejecutivo y legislativo: 1) La decisión del Congreso de no permitir al emperador el poder de veto en materia de impuestos y en materia de organización básica del Estado. Es decir Fox y la fructosa. 2) La discusión de quién habría de designar a los miembros del Supremo Tribunal de Justicia. 3) El deseo del gobierno imperial de establecer comisiones o tribunales para restaurar el orden en algunas provincias pero que en opinión del Congreso significaba imponer la ley marcial

No faltó el toalla-gate: El 9 de junio de 1823, Antonio Batres, a bordo de su diligencia, se metio a la Internet desde su laptop de piedra y marfil y pudo saber lo siguiente: "Entre el acceso de Iturbide al trono y su abdicación, el tesoro general utilizó $255,400 en los gastos del hogar imperial. Esto es, más de $23,000 al mes, o casi cinco veces el costo de la casa del virrey español", dice Anna (p.97).

Pronto la SECODAM hallaba que "en diciembre de 1822, el gobierno anunció un presupuesto para 1823 que asignaba a la casa imperial 1.5 millones, una suma increíble de dinero, la mitad de la cual la gastaría el ministerio de Hacienda, que pagaba la mayor parte de los salarios de los empleados gubernamentales y civiles" (Anna, ibid.). El ingreso nacional había dejado de ser de veinte millones de pesos virreinales y andaba por los diez millones de pesos imperiales. Millón y medio para Los Pinos era un absoluto exceso.

Los ingresos caían. Escribe Anna que en los últimos tres meses de 1821 se abolieron los impuestos al aguardiente, el mezcal y el henequén, el impuesto del 10% sobre el valor y renta de las casas y exportaciones. La alcabala (que era el IVA de la época, impuesto a la compraventa) fue reducida del 16 al 6% y se estableció un impuesto de venta al 8% sobre bienes importados. Anna concluye con una frase contundente (p.140) aplicable a los diputados mexicanos de 2002: Los diputados de 1822 "sólo juguetearon con el sistema fiscal". Era una Cámara claramente opositora.

Sin dinero no hay política ni en el siglo XXI ni en el XIX. Iturbide estuvo debilitado porque sus seguidores empezaron a cuestionarlo "cuando no aparecieron los esperados botienes o recompensas. La devoción de sus principales electores, el ejécito, siguió inamovible, pero Iturbide no pudo satisfacer tantas expectativas". Al arreciar la crítica de los diputados metió presos a algunos en agosto y de plano disolvió el Congreso en octubre, a lo tres meses de su coronación. Con todos estos problemas encima, Iturbide, gobernante de julio de 1822 a marzo de 1823, decidió abdicar. ¿Por qué lo hizo?

Anna responde que "sus enemigos no lo derrotaron ... Las causas de la abdicación de Iturbide fueron políticas". Se consideraba a sí mismo incapaz de vivir con un Congreso independiente. Iturbide después de disolver el Congreso se armó una Junta Instituyente dócil y fue lo último que hizo. Victoriano Huerta igualmente disolvió su Congreso. Porfirio Díaz domesticó los suyos. EL PRI durante setenta años anuló los suyos.

México se reitera. La historia se repite: El gobierno federal panista, el gobierno del cambio, espera construir para la segunda mitad del sexenio federal un Congreso dócil a la ideas del Ejecutivo federal.

Mi opinión es que no lo debemos permitir.