INUNDACIONES Y HUELGAS
Wenceslao Vargas Márquez
Publicado en el diario POLÍTICA de Xalapa, Ver., el martes 6 de junio de 2000.

Las inundaciones (como la de Chalco) y las huelgas estudiantiles (como la de la UNAM) no son sólo antiguas sino reiteradas. 300 años de virreinato, 200 años de imperios, repúblicas y dictaduras perfectas e imperfectas no han podido dar con la solución para que no se inunde el Valle de México.

Han pasado miles de técnicos desde Enrico Martínez (ingeniero free-lance en 1629) hasta Carlos Jarque (técnico gubernamental en 2000) que visitan los desperfectos sólo en tiempo de elecciones ... o de inundaciones, logrando comprobar, agua a las rodillas, que efectivamente la zona se inunda.

También desde González de Castro hasta ‘El Mosh’ los estudiantes veinteañeros quieren mover el mundo hacia adelante pero –pasados los 35- buscan hacerlo retroceder y dejarlo donde estaba antes.

Invito al lector a que le demos rewind al casete cosa de nada: 4 siglos:

MIS TATARABUELOS TAMBIÉN SON PERSONAS (y trabajan para el virrey).- Un buen día nuestros tatarabuelos empezaron a sospechar que la carga académica era mucha y estallaron un movimiento el 27 de marzo de 1696 en el Zócalo, bajo el razonamiento de que un estudiante que no huelga (inflexión del verbo holgar) no es estudiante ... ni persona. Pronto secuestraron caballos y diligencias, se plantaron frente al tablero de avisos virreinal (jurásico antecedente de plantarse frente a TELEVISA) y llamaron intransigente al gobierno. Uno puede pensar que hace 400 años no había de qué quejarse. No existía el PRI ni partido político alguno, no había precandidatos a nada, la corona española nos mandaba un virrey nuevecito de tiempo en tiempo. Casi el Paraíso. Pero no: Hace 400 años los estudiantes se quejaban y hace 400 años también se quejaba el gobierno:

DE FRANCISCO GONZÁLEZ DE CASTRO A ‘EL MOSH’ (todos con guedejas).- Cita Humberto Musacchio (en el Diccionario Enciclopédico de México, p. 1308) que el 6 de abril de 1696, en el claustro universitario, se leyó un comunicado del virrey avisando que no se le apruebe ni se confiera grado a todo aquel muchacho que anduviera con guedejas (sinónimo de ‘pelo largo’, aunque suena como sinónimo de prostitutas). Los estudiante razonaron que era una necedad la respuesta al pliego petitorio del CGH porque lo que ellos querían no era que les calificaran o no de guedejudos (sinónimo de ‘abundante en melenas’ aunque suena como sinónimo de cojonudos) sino que sacaran de la cárcel al líder estudiantil Francisco González de Castro (de quien otros decían que era un malviviente y un guedejudo). El virrey Ortega y Montañés (remember Zedillo) finalmente dejó la posible solución en manos del rector (remember De la Fuente) ya que la universidad tenía una cierta inmunidad extraterritorial (remember la UNAM, hoy) en cuyo ámbito no actuaba la mano civil de la corona.

DESDE EL VIRREY PACHECO HASTA EL PRIÍSTA MONTIEL (todos inundados).- Las inundaciones son un asunto que apesta y si no lo cree, aspire profundo hoy desde la autopista México-Puebla. ¿Asunto nuevo? Desde luego que no: Hasta 1700, el gobierno virreinal había gastado cuatro millones 200 mil pesos queriendo resolver un problema vigente desde hace 3, 4 y 5 siglos. Por ejemplo (México a través de lo Siglos, tomo IV) de octubre de 1607 hasta mayo de 1608 trabajaron 471 mil jornaleros incluyendo 3556 mujeres encargadas de hacer los alimentos. ¿Cuánto ha gastado el gobierno federal ahora? Una cosa reconoceremos a nuestros virreyes: Metieron preso al ingeniero Enrico Martínez en 1629 por fracasar en las obras de desagüe ... y lo liberaron después por la misma razón con la que el PRI suelta a sus ladrones particulares: Falta de pruebas. Hoy debemos esperar a saber si cae alguien preso 370 años después por la misma infracción: Negligencia en sus obligaciones. La inundación de 1629 mató a 30 mil personas y duró dos años, hasta 1631.

Lo que pretendo al rememorar estos hechos es afirmar que cien, o mil o cinco mil años de historia nacional y 71 del PRI no han logrado resolver ni uno de nuestros problemas nacionales: Indígenas oprimidos defendidos por Las Casas, huelgas estudiantiles de las que se quejaba el virrey Pacheco, deuda externa de la que se quejaba Alamán, calidad educativa de la que se quejaba Vasconcelos, poder adquisitivo deprimido que apuntaba Von Humboldt, carreteras inservibles de las que se quejaba Maximilano, cacicazgos de los que me quejo yo.

Es que la Providencia –cuyos designios son inescrutables- ha de desear que siempre estemos, como Sísifo, ocupados en lo mismo sin parar.