LA EDUCACIÓN RELIGIOSA
Por Wenceslao VARGAS MÁRQUEZ
Publicado en 'POLÍTICA' de Xalapa, Ver., el miércoles 20 de mayo de 1998.

Las restablecidas relaciones entre el Estado mexicano y el Estado Vaticano no han resultado en algo de provecho material o espiritual para México y los mexicanos.

Esto se debe a que la salvación del alma, la convicción religiosa, el respeto a los mandamientos del decálogo, la fe en una vida ultraterrena, el amor a Jesucristo, no tienen -categóricamente- ninguna relación con que dos gobiernos temporales, dos estados terrenos tengan o no relación diplomática o que dispongan o no de intercambio de embajadores.

Así como en el amor en el matrimonio no depende de un papel firmado ante un juez, el amor a Dios, el engrandecimiento de la iglesia católica y su agigantamiento espiritual no dependen de que haya o no un legajo de cinco o quinientas fojas en algún archivero de la Secretaría de Gobernación o de Relaciones Exteriores. Absoultamente no depende de eso. El proyecto de los gobernantes federales en los últimos tiempos es echar a la basura a la Revolución, la Independencia y la Reforma. El SNTE debe estar atento a ese proceso.

A los ejecutores les urge meter con calzador la enseñanza religiosa en las escuelas públicas, una vez más con el señuelo de la modernización cuando la historia de nuestro país ha probado, una y otra vez, que eso ha sido un error gravísimo.

En sí mismo, enseñar doctrina católica no puede ser considerado dañino a la salud biológica o mental pero la iglesia debe procurarse los medios para lograrlo por su cuenta.

Esto es decir: Los niños que van a clases a escuelas públicas de 8 a 12 horas que asistan a su sesión de doctrina católica a las 17 horas y los que van a clases de 13 a 17 horas que asistan a la doctrina a las 10 de la mañana, siempre convocados por el obispo más cercano expresamente para estudiar el catecismo usando sus propios recursos y edificios y pagando los gastos incurridos usando sabiamente su peculio (¡).

No se debe revolver las dos actividades. El Estado mexicano no tiene por qué convertirse en palafrenero gratuito del episcopado.

Si la jerarquía católica quiere enseñar doctrina en las escuelas públicas es porque no encuentra cómo reunir a los niños y lo único que se le ocurre es acercarse por la espalda, subrepticiamente, de puntillas, sotana arremangada, al inocente grupo infantil que está ocupado en aprender matemáticas y civismo convocados por el Estado Mexicano.

Rivera Carrera, el extanjero Justo Mullor y sus adjuntos de conventículo y cofradía deben buscar otros medios para adoctrinar.

Sostengo: Los salones de clase que son públicos y laicos no se deben manchar con las plantas de sus pies.