LOS DESAFÍOS SECULARES DEL PRI
Wenceslao Vargas Márquez
Publicado en el diario POLÍTICA de Xalapa, Ver., el jueves 25 de mayo y en TERRA Networks - INFOSEL el 23 de junio de 2000.

Yo entiendo que el más remoto precedente del PRI –en el sentido de procurar que los revolucionarios ya no se mataran unos a otros- es la Convención de Aguascalientes de 1914.

Idea de Carranza, la Convención empezó desconociendo a Carranza y las muertes continuaron 15 años más: Carranza asesinado, Zapata asesinado, Villa asesinado, Obregón asesinado. El PRI nació según el plan de Calles no para competir contra partidos políticos.

El PRI nació en 1929 a raíz de la muerte de Obregón, para administrar el poder y con la misma preocupación profiláctica de la Convención que parió a tres presidentes a los que nadie hacía caso.

Se supone que el PRI tiene hoy un desafío muy grande para ganar la presidencia de la república una vez más. Alrededor de 4 analistas nacionales entienden que es la PRIMERA vez que el PRI tiene un desafío semejante.

Los historiadores y los expertos nos avisan que no es la primera vez que el PRI tiene que multiplicar sus esfuerzos –desde 1929- para retener la presidencia de la república: Un primer descontrol fue la renuncia en 1932 del primer presidente surgido del inefable partido, el ingeniero Pascual Ortiz Rubio, quien con todo y partido nuevo el día de su toma de posesión recibió un balazo en el maxilar y casi renuncia en ese mismo instante. Pero no: se esperó dos años.

Al demócrata e ídolo de las multitudes, Lázaro Cárdenas, se le complicaron las cosas cuando contra su gallo –Ávila Camacho- se levantó, en 1940, en armas (y en urnas) el guerrerense Juan Andreu Almazán. Seis años después, en 1946, contra el candidato personal de Ávila Camacho -contra Miguel Alemán- se opuso violentamente el también guerrerense Ezequiel Padilla (de amplio curriculum político y diplomático, remember Muñoz Ledo).

Entonces los debates eran a balazos. No había encuestas a gusto del cliente: el gobierno hacía las elecciones para que ganara el gobierno. Dicen los especialistas de ésta delicada zona de sombras de la historia de México y del partido llamado PRI que el más vigoroso desafío que el PRI ha tenido fue el que encabezó el coahuilense Miguel Henríquez Guzmán (1898-1972) contra el candidato personal de Alemán, es decir contra la candidatura de Adolfo Ruiz Cortines.

Humberto Musacchio (Diccionario Enciclopédico de México, p. 821) dedica una entrada a "Henríquez Guzmán, Miguel" y otra entrada a "Henriquismo" dándole una gran importancia al movimiento.

Bajo "Henriquismo" escribe que se le unieron a Henríquez personalidades como Ignacio Ramos Praslow, Juan Martínez Barranco, Celestino Gasca, Rubén Jaramillo, Francisco J. Múgica, Marcelino García Barragán, Ignacio García Téllez, Agustín Leñero, el general Roberto Cruz y Francisco Martínez de la Vega. Más tarde Cándido Aguilar, del Partido Constitucionalista Mexicano, renunció a su candidatura [remember Heberto Castillo] para sumarse a la de Henríquez.

El lío se le complicó más al PRI cuando Vicente Lombardo planeó (remember Manuel Camacho) unirse a Henríquez en abril de 1952. Se sospechaba que el demócrata Lázaro Cárdenas (remember Carlos Salinas) apoyaba a todos a trasmano.

Las cifras oficiales, como en el futbol, se reducen a un número pero no indican como estuvo el juego: Ruiz Cortines 2,713,745 votos, Henríquez 579,745, Efraín González Luna (del PAN, ¿remember Fox?) 285,555.

Los henriquistas se dijeron robados en despoblado y en un mítin del 7 de julio hubo una buena cantidad de muertos, heridos y presos. Y ni a dónde quejarse porque no había una Lilly Téllez que protegiera a los desvalidos.

El 25 de febrero de 1954 el gobierno canceló el registro de quienes se atrevieron a competir por el poder público en México: la Federación de Partidos del Pueblo Mexicano (FPPM). Tenían razón el PRI y el gobierno: ¡qué insultante atrevimiento!.

El PRI nació pensando en la política como en un partido de futbol: Todo el mundo podía fundar un equipo y entrar a la cancha a jugar pero .... teniendo estrictamente prohibido meter gol.