MÉXICO REITERADO:
APELLIDOS REPETIDOS
Wenceslao Vargas Márquez

En enero de 2001 en los Estados Unidos tomó posesión como presidente George W. Bush hijo de un expresidente estadounidense: padre e hijo han gobernado a su país.

Hace unos meses, en México, tuvieron una mera posibilidad de ser presidente de la república, es decir, de ser el más alto gobernante nacional Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, hijo del expresidente Lázaro Cárdenas, y Miguel Alemán Velazco, hijo del expresidente Miguel Alemán Valdés y quien finalmente no compitió.

Cuatro de nuestros historiadores habrían dicho que es la primera vez en la historia de México en que hubiese ocurrido que la máxima autoridad de nuestro México fuese ocupada por el hijo de un exgobernante nacional, a como los gringos Bush.

La verdad es que en México hay precedentes del caso: los Velasco, padre e hijo, fueron ambos virreyes de la Nueva España, y Velasco junior de tal capacidad administrativa y política que lo exportamos a Perú para poner en orden a los incas y después murió como ministro en España en 1617.

Luis de Velasco -padre- nació en España en 1511 y murió en la ciudad de México en 1564. Participó con el rey Carlos I en las guerras de Francia (1525) y fue virrey de Navarra de 1547 a 1549. LLegó a la Nueva España en 1550 como segundo virrey, cargo que ejerció hasta su muerte. En 1551 abolió la esclavitud de los indios. En 1552 se produjo ¿la primera? inundación de la capital. En 1553 fundó la Real y Pontificia Universidad y promovió en 1554 la fundación de Durango.

Su hijo, Luis de Velasco, nació en España en 1539 y murió también en España en 1617. Llegó a la Nueva España, con su padre, en 1550. En 1585 se le designó regidor de la ciudad de México, pero sus diferencias con el virrey Alvaro Manrique de Zúñiga lo obligaron a viajar a España, donde el rey Felipe II lo nombró embajador en Florencia. Regresó a la Nueva España en 1589 como virrey, cargo que asumió en 1590.

En 1591 pactó la paz con los chichimecas. En 1593 ordenó la construcción del Paseo de la Alameda y en 1594 encomendó a Juan de Oñate la conquista de Nuevo México. En 1595 fue designado virrey de Perú, cargo que ejerció hasta 1603, cuando regresó a la Nueva España, siendo de nuevo virrey de ella desde 1607.

Tras la (milésima) inundación capitalina de ese año (inundación como ésta que ocurrirá en el año 2001 y que virreyes, presidentes priístas, perredistas, emperadores, dictadores, no corrigen) encomendó a Enrico Martínez y al jesuita Juan Sánchez la construcción del canal de Huehuetoca. Durante su segundo virreinato se produjo en Veracruz la rebelión de esclavos encabezados por Yanga. Volvió a España en 1610 y desde 1611 y hasta su muerte fue presidente del Consejo de Indias.

Yo no dudo que estos párrafos causen hilaridad o molestia.

Pero en cualquiera de las dos consecuencias, la razón radicaría en que hemos considerado al virrreinato novohispano como una trastienda nacional con cachivaches despeltrados, una especie de clóset clausurado lleno de esqueletos de viejitos con barba y olanes en el cuello y diligencias sombrías insultando la soledad empedrada de la noche.

No hemos comprendido que la historia nacional es una y continua desde la más remota antigüedad hasta la fecha del periódico que el lector tiene en sus manos.

Hemos aprendido que el virreinato no es cosa nuestra entre otras razones porque nuestros profesores nos enseñan en dos horas lo que ocurrió en tres siglos (1521-1821):

En la clase horaria del lunes nos presentan al primer virrey (Mendoza) pero nadie conoce al segundo ni al tercero ni al trigésimo ni al quincuagésimo.

Dos horas después, en la clase horaria del miércoles, nos presentan al último (O’Donojú) pero no se preocupan porque conozcamos al penúltimo ni al antepenúltimo. Si acaso se paran tantito frente a Revillagigedo (el segundo conde) pues se sospecha a estas alturas de nuestra historia que es el mejor gobernante que hemos tenido.

Esta débil sospecha se hace fuerte certidumbre ahora que ya conocemos presidentes nacionales panistas.

Gracias a los virreyes Velasco les ganamos por 450 años un bonito precedente a los Bush.