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Opacada por la celebración del natalicio de Juárez, la conmemoración de la muerte de Guadalupe Victoria, en Perote, el 21 d marzo de 1843, pasó con más pena que gloria. Conocido más por haver sido el primer presidente de México (octubre de 1824-marzo de 1825), poco se sabe de su actuación pública en la historia oficial a no ser su pasado insurgente. En su época exisitó la vicepresidencia de la República y la legislación electoral la otorgaba al segundo lugar en las elecciones presidenciales. En su administración tal (des)honor le correspondió al masón esococés Nicolás Bravo, mientras Victoria era yorkino, uno centralista y el otro federalista. Un ejemplo de lo que los franceses de hoy llaman cohabitación política. Varios escritores (Lucas Alamán y Escalada, Lorenzo de Zavala, Carlos María de Bustamante) afirmaron que Victoria estuvo comprometido con la fundación del Rito Yorkino en septiembre de 1825 y que incitó a sus colegas y aliados a que se hiciesen miembros de la asociación.
Ministro de la Guerra en el gabinete de Victoria fue Manuel Gómez Pedraza (yorkino, después fundador del Rito Anfictiónico Federalista de 4 grados, presidente de la República en 1832). En diciembre de 1827 el vicepresidente escocés Bravo se rebeló contra el presidente yorkino Victoria. Bravo era dirigiente nacional de los escoceses. Victoria envió al punto de reunión de los rebeldes (Tulancingo) a Vicente Guerrero Saldaña (masón yorkino y, entonces, dirigente nacional de ese rito). El combate tuvo lugar el 6 de enero de 1828 obteniendo un triunfo contundente Guerrero y los yorkinos. En mucho influyó esto para que Guerrero llegara a la presidencia un año después. Salvador Borrego E. ("América Peligra", p.142), escritor de la extrema derecha, llevando enorme cantidades de agua a cierto molino católico, afirma que Victoria "abjuró de la masonería, se retiró a la vida privada y, como creyente católico, se impuso penitencia y oración hasta que murió en 1843". Dentro o fuera de la rotunda madre iglesia, Victoria sacrificó toda su existencia por hacer de México un país liberal. Lástima, porque los masones de siglo y medio después, cierta vez escuchamos pasos en la azotea y de inmediato doblamos la cerviz, mientras que otros "aplaudían si reserva". Triste diferencia. |