ANIVERSARIO DEL NATALICIO DEL SEÑOR LICENCIADO
DON BENITO JUÁREZ GARCÍA
NAVOJOA, SONORA 21 DE MARZO DE 2002
Rafael Alberto Páez Castelo.
Recordar a los Padres Fundadores de nuestra República Federal equivale a recordar que nuestra identidad como mexicanos se finca en una tradición de dignidad y de lucha incansable ante los avatares de la Historia, de noble y bien entendido espíritu nacionalista y de ferviente amor por la libertad y la tolerancia en pos de un modelo democrático de nación.

Hoy recordamos al Licenciado Don Benito Juárez en otro aniversario de su nacimiento. Pero no estamos reunidos hoy, aquí, sólo para cantar sus glorias políticas y sociales; para destacar su férrea personalidad defensora del derecho y del respeto al ser humano, o para decir que gobernantes como el Licenciado Benito Juárez deben ser el paradigma de cualquier mexicano que aspire a servir a México desde la trinchera del servicio público.

¡No! No solamente para eso.

Estamos reunidos hoy, aquí, para reflexionar sobre la vida nacional a la luz de los principios básicos que Juárez tuvo acerca de la evolución de nuestro país. ¿Cómo pensar la libertad, la tolerancia y la unión de nuestros compatriotas en estos tiempos primeros del siglo XXI? ¿Cómo recordar a nuestros gobernantes el deber que la patria les exige?

Juárez vive en la Historia como un defensor de la libertad con dignidad, y como un contrincante de la intolerancia. No sólo atacó la intolerancia religiosa, imagen recurrente y distorsionada por sus detractores, sino que se rebeló en contra de la intolerancia civil y militar. Es decir, se pronunció siempre en contra de cualquier especie de intolerancia. Y esa era ya, desde entonces, una advertencia para nosotros.

Nos enseñó que podemos creer libremente en cualquier ideología, en cualquier culto, en cualquier doctrina. Juárez vio al Estado laico como el único espacio posible desde el cual garantizar la libertad de culto, de creencias, de ideologías, sin caer en los extremos de la intolerancia. Podemos ser libres, siempre y cuando no erijamos nuestra propia visión del mundo como la única válida y la única verdadera, aniquilando a quienes no compartiesen la misma forma de ser o de pensar. Siempre y cuando nuestra concepción del mundo sirva para construir un mundo mejor para nuestros hijos.

Al volver a la Ciudad de México después del triunfo de la República sobre la intervención francesa, Juárez expresó:

"El triunfo lo han alcanzado los buenos hijos de México, combatiendo solos, sin auxilio de nadie, sin recursos, sin los elementos necesarios para la guerra. Han derramado su sangre con sublime patriotismo, arrostrando todos los sacrificios, antes que consentir en la pérdida de la República y de la libertad".(*)

Hoy no podemos hablar de guerra armada, pero sí de una guerra de la ética contra la ignominia; no podemos hablar de una lucha solitaria, pero sí de la unión de las voluntades en la construcción diaria de la nación. Debemos, claro está, tener presente que la libertad sigue teniendo la misma connotación, el mismo valor, la misma energía creadora en todos los tiempos y en todas las latitudes. No cambiemos nuestra libertad ganada con sangre, por mezquinas promesas de riqueza porque ésta llega pero sólo para unos cuantos. Construyamos la riqueza desde abajo con el respeto a los valores republicanos y con la defensa incorruptible de nuestra libertad.

Hagámoslo en un clima de tolerancia. En un nuevo contrato social, que redimensione el propuesto por nuestros Padres Fundadores, en el cual quede escrito con letras de libertad y de unión, la necesidad que tenemos los mexicanos de hoy de tener ciudadanos maduros para la democracia, de tener gobernantes honestos y sabios.

Las leyes en nuestro sistema político-jurídico surgen del pueblo, del ejecutivo o de los partidos políticos, y son legitimadas en las Cámaras a través de los legisladores. Pero también hay otras leyes, las construidas por el derecho consuetudinario y las levantadas al honor, a la ética y a la moral. Juntas, nuestras leyes constituyen el equilibrio social necesario para convivir en paz y en libertad.

Cuando los veloces acontecimientos de la actualidad y los intereses codiciosos y sectarios de algunos de nuestros gobernantes corrompen esas leyes, se burlan de ellas, las consideran letra muerta porque creen que no se adaptan a la vorágine de los cambios de la empresa, de los medios de comunicación o de los grupos políticos, entonces hemos de escuchar otra vez a Juárez diciendo:

  • "Tengo la persuasión de que la respetabilidad de un gobernante le viene de su educación, de su respeto a la ley y de un recto proceder y no de trajes ni aparatos militares propios de reyes de teatro".(**)
  • Entonces hemos de recordar al Licenciado Benito Juárez al expresar los compromisos de todo gobernante:

  • "Podrían jurar que la felicidad común será su norte e iguales los hombres ante su presencia, como lo son ante la ley?

    ¿Podrían ustedes como funcionarios de un Gobierno constituido demostrar que dispondrán de las rentas con responsabilidad y que no gobernarán a impulsos de una voluntad caprichosa, sino con sujeción a las leyes?

    ¿Que no improvisarán fortunas, ni se entregarán al ocio y a la disipación, consagrándose por el contrario al trabajo, y resignándose a vivir en la honrada medianía que proporciona la retribución que la Ley ha señalado?

    ¿Podrían ustedes como servidores, comprometerse a no olvidar al pueblo en sus necesidades; a sostener sus derechos; a cuidar de su ilustración, de su engrandecimiento, y a crearle un porvenir que le permita abandonar la carrera del desorden, de los vicios y de la miseria a que lo han conducido los hombres que solo con sus palabras se dicen sus amigos y sus libertadores, pero que con sus hechos son sus más crueles tiranos?

    ¿Podrían ustedes como gobernantes, demostrar que están dispuestos a considerar al pueblo como ÚNICA FUENTE DE PODER Y DE AUTORIDAD, y a no reconocer otra fuente de poder más que al pueblo?"(***)

  • Recordemos, dice Zayas Enríquez, que la grandeza de los hombres y su ubicación en el sagrario de la patria, no se mide en función de vencedores, ni aún por haber caído envueltos en el manto de la gloria, pues la época que nos ha tocado vivir, de profunda revisión crítica de la conducta del pasado y de sus hombres, tome en cuenta para la valorización de la personalidad, los incentivos que motivaron su actuación, la causa que enarbolaron como su bandera y la implicación del contexto de su lucha a favor de la Patria y de la Humanidad. Juárez trascendió los tiempos y sigue luchando por la unión, la libertad y la tolerancia entre los mexicanos.(***)

    ¡Recordemos pues a Juárez hoy, recordémoslo vivo, en la letra y el espíritu de las leyes y en la vigilancia ética de los gobernantes!...Incluso, como la molesta sensación para algunos de saber que pretender gobernar por encima de la ley, aunque se esté lleno de buenos deseos, es otra perversa forma de opresión del pueblo soberano. Y Juárez estará siempre aquí para recordarlo, silenciosa y contundentemente

    Resp. ‘ . Log. ‘ . Simb. ‘ . "Francisco A. Byerly" No. 12, Or. ‘ . Navojoa, Sonora, 21 de marzo de 2002 E. ‘ . V.

    FUENTES:

    • ( * ) Benito Juárez. "Manifiesto a la Nación, expedido en la ciudad de México con motivo del triunfo de la República sobre la intervención francesa", 15 de julio de 1867, en: José María Vigil, "La Reforma", Vicente Riva Palacio, coord., México a través de los siglos, México, Ballescá y Comp. Editores, 1889, t. V, pp. 859-860.
    • ( ** ) Benito Juárez. "Apuntes para mis hijos", en: Compendio de poesía juarista, V Encuentro Cultural Vida y Obra de Don Benito Juárez", SEC, Hermosillo, Sonora, 2001.
    • ( *** ) Luis López Álvarez. En memoria de Don Benito Juárez García, SEC, Hermosillo, Sonora, Febrero de 1999.

    LA OBRA EDUCATIVA EN LOS GOBIERNOS DE JUÁREZ:
    LA LUCHA POR UN PROYECTO DE NACIÓN

    Rafael Alberto Páez Castelo

    La legislación educativa juarista y sus acciones en las prácticas educativas e institucionales de la época, representan la base fundamental de la cual partió el proceso de conformación del actual Sistema Educativo Nacional. ¿Cuál fue la obra educativa de Juárez? ¿Cómo se reflejó el ideario liberal en las palabras y las obras en materia de educación en el México de la Reforma y de la República Restaurada? ¿Qué legado dejaron esas épocas a la actual legislación y práctica de la educación en México? Tales son las interrogantes que abordaré brevemente en las siguientes líneas.

    Este escrito se inicia con un recuento de la biografía política del Licenciado Juárez y con un análisis del contexto ideológico-político en el cual se desarrolló su carrera. Lo anterior servirá para articular el estado que guardaba la educación en esa época con el proyecto juarista de nación, así como para exponer la obra educativa del oaxaqueño, cuyo mandato significó el punto de convergencia de los proyectos educativos fundamentales durante el siglo pasado en México: el Ilustrado, el Civilizatorio y el de Orden y Progreso.

    Juárez: Su carrera política (1833-1872)

    El joven abogado se encontraba ya desde 1833 forjando su carrera política rumbo al Congreso de su estado, del cual formó parte en 1846. Fue gobernador de Oaxaca de 1847 a 1852. Desterrado por Santa Anna, en Nueva Orleans comparte el programa liberal con Melchor Ocampo, José María Mata y Ponciano Arriaga. Vuelve al país en 1954 para hacerse cargo del Ministerio de Justicia e Instrucción Pública del gobierno interino de Juan Alvarez. En 1855 promulga la Ley Juárez donde elimina los fueros eclesiásticos y militares, garantizando el dominio del Derecho a todas las capas sociales.

    Luego de la promulgación de la Constitución de 1857, Juárez ocupó por votación popular la Suprema Corte de Justicia, junto al Presidente electo Ignacio Comonfort. Debido a los acontecimientos generados por el Plan de Tacubaya, en el cual se desconoció la Constitución reciente, y provocó la salida de Comonfort, el Licenciado Juárez ocupó la Presidencia por primera vez. Al ser asediado por Zuloaga, se inició el peregrinar del Presidente. El gobierno de los Estados Unidos reconoció el mandato de Juárez. En 1859 promulgó las Leyes de Reforma(1), desde el estado de Veracruz y, finalmente, volvió a la capital en 1860 al término de la llamada Guerra de los Tres Años.

    En 1861 firmó la moratoria a la deuda externa contraída con Francia, España e Inglaterra. Los galos invadieron el país e impusieron como Emperador a Maximiliano de Hasburgo, quien se sostuvo hasta 1867, año en que Juárez retornó de su peregrinar por suelo mexicano y entró en la ciudad de México el 15 de julio. Juárez fue electo Presidente y se ocupó de poner orden en su gobierno y en el país. Puso en práctica las Leyes de Reforma y se presentó a la reelección en el 71. Poco tiempo después de ser reelegido murió el 18 de julio de 1872.(2)

    Su formación liberal

    Luego de la consumación de la independiencia existían dos propuestas antagónicas de organización política: el federalismo y el centralismo, las cuales eran signadas por los gérmenes de los que llegaron a ser los grupos predominantes: Los liberales y los conservadores. Dentro del grupo liberal se distinguían los liberales "puros" y los "moderados"; dentro de los conservadores estaban facciones monarquistas e intervencionistas. Juárez fue definitivamente líder del grupo de los puros o radicales.

    Su formación ideológica era deudora del pensamiento liberal inaugurado por las refomas borbónicas durante la Colonia, con la experiencia de las Cortes de Cádiz, y la Constitución de la Monarquía Española, así como de la difusión de esa línea de pensamiento por las primeras generaciones de liberales del México Independiente. Juárez perteneció a una nueva generación de políticos decimonónicos, llamada por Florescano: "Generación de la Reforma"(3), y fue el pie veterano del grupo que encabezaría la lucha por el poder durante las décadas de los 50s y 60s (Grupo constituido, entre otros, por: Ocampo, Lerdo, Ramírez, Alvarez), y que se ejercitó con la Constitución del 57.

    Su acción política cristalizó definitivamente la doctrina liberal en programa de gobierno. El de Juárez fue el primer grupo político experimentado en el poder, luego de múltiples intentos por consolidar a gobernantes inexpertos en las artes del gobierno independiente.

    Por otra parte, su labor legislativa temprana lo entrenó en la orientación de las reformas republicanas que apuntaban a la creación de un Estado secular. Junto a los liberales puros prefiguró su proyecto de reorganización jurídica, económica y administrativa nacional. Así, su pensamiento político tenía tres columnas principales: la supremacía del Estado (que en su caso incluía la separación Iglesia-Estado y un presidencialismo sólido), la igualdad jurídica y la libertad de pensamiento, propias del liberalismo europeo del siglo XIX. Si bien, en sus primeras incursiones en la política percibió esos principios en los viejos criollos y connacionales de la etapa inicial de la Independencia, su postura se distinguió por la radicalización de tales principios. Su acción política posterior se caracterizó por ser inquebrantable e inflexible, en lo posible sujeta a Derecho y con base en un proyecto que no admitía distracciones o componendas.

    Los proyectos educativos del siglo XIX.

    Dice Ana Staples que para los recién independizados de España la educación era considerada como una panacea para resolver todos los males. "El alfabeto...parecía ser una cura infalible para la pobreza, la ignorancia, la incomunicación, la insalubridad, para nombrar unos pocos factores, que afligían a la población de aquel entonces".(4) Los gobernantes consideraban que el lastre educativo era producto del descuido de la Corona para no dar armas culturales a los gobernados de tal manera que no tomaran conciencia de que era posible sacudirse el yugo colonial.

    Fueron los propios criollos quienes se unieron para independizarse de España. A partir de ahí las ideas tomadas de la Ilustración europea matizaron sus propias ideas sobre el proyecto educativo que debía regir a la nación liberada. Así, el proyecto educativo de la Independencia fue el Ilustrado (1767-1833). Tal proyecto era encabezado por la pequeña burguesía urbana y la intelligenzia criolla que era partidaria del contractualismo y del derecho censatario.

    El concepto de educación consistía en instruir y formar costumbres en utilidad propia y provecho de la nación. La instrucción debía extenderse a todos los habitantes, como lo proponía la Constitución de Apatzingán; debía ser pública, gratuita y uniforme; se debía obedecer sólo a la ley moral y civil. Su política educativa consistía en enseñar a leer y escribir en el catecismo religioso y civil, los ayuntamientos debían hacerse cargo de la instrucción elemental, aplicando un método uniforme (el Lancasteriano), y los niños y las niñas estarían separados. Sin embargo, el ideal ilustrado era sólo eso, una quimera que se enfrentaba a grandes calamidades de la nación: pobreza, una Tesorería vacía, incomunicación, desorganización municipal, falta de maestros preparados y la inexistencia de escuelas.

    Un ideólogo del proyecto, el Doctor José María Luis Mora, consideraba que una acción urgente era arrebatar al clero el monopolio de la educación, argumento recurrente en su época. Hoy se acepta que esa observación carecía de fundamento pues la educación formal era mínima y la Iglesia había hecho demasiado poco por aumentar la matrícula de sus escuelas parroquiales. El grueso de la instrucción se concentraba en las escuelas del Distrito Federal y en algunas capitales de los estados y territorios. Había proyecto, pero no había los medios para llevarlo a cabo.

    Al llegar el triunfo liberal y al instaurarse el federalismo en la nueva república, Valentín Gómez Farías encabezó el proyecto Civilizatorio. Se trataba de sacar de la "barbarie" a la masa indígena y campesina que poblaba México. La superación de un pasado vergonzante, la emulación de los países avanzados, el cambio de sangre y de mentalidad, la inculcación de las ideas cívico-patrioticas y la integración a un régimen capitalista, eran los propósitos del proyecto que se extendió hasta mediados de los sesentas y que fue suprimido por los consevadores durante sus estancias en el poder.

    El concepto de educación consistía en un proceso liberador que incluía la instrucción y la formación moral y cívica. Se trataba de proporcionar conocimientos científicos actualizados y de promover hábitos de aprendizaje e investigación; ideas que superaban las intenciones menores del proyecto anterior. El laicismo se propone como condición para una patria fortalecida y orientada a las prácticas seculares republicanas. Cabe decir que el debate de la separación Iglesia-Estado no era cosa de ateos, sino de cristianos católicos, en algunos casos bastante religiosos, los cuales no cuestionaban la divinidad sino el uso que le daba el clero propietario.

    Los principios del proyecto eran: enseñanza libre, útil, obligatoria y gratuita. Se creó un órgano encargado de la instrucción pública, se suprimió la Universidad por sus tintes recordatorios de la época colonial, tanto como por ser un encargo oneroso para el erario y por no representar utilidad práctica a los propósitos de la nación; se multiplicaron las escuelas primarias y secundarias, al igual que se fomentó la formación de maestros; se atendió la educación de la mujer y de los indígenas, pero en grado menor. El Civilizatorio fue el proyecto de la ascensión liberal al poder. Era defendido por los ideólogos de esos regímenes quienes consideraban que sólo con una población adoctrinada en los principios que fundamentaban la república se acabaría con la lucha intestina en que estaban sumidas las regiones. La educación era un instrumento urgente y estratégico para consolidar el primer Estado Nacional.

    Las intrusiones de Santa Anna y otros líderes conservadores y liberales moderados en el poder, abatieron las reformas de Gómez Farías y sumieron a la educación en un estado de indefinición de políticas y obras. El proyecto civilizatorio se contabiliza hasta la época de la República Restaurada cuando el gobierno juarista se encarga de poner orden en los asuntos educativos legislando y actuando con un proyecto nuevo.

    Con la llegada de las ideas positivistas comtianas a México, se perfiló un nuevo ideario pedagógico-cultural, el del Orden y el Progreso. Encabezado por Gabino Barreda como asesor en el gabinete juarista de finales de la década de los sesentas; tal proyecto apuntaba a que la educación debía orientarse a la formación integral del educando en sus facultades físicas, intelectuales, morales y estéticas. El orden en la conciencia de los ciudadanos traería orden en la sociedad y su progreso material. Era prioritario fortalecer las instituciones sociales: patria, familia y propiedad, para lograr la unidad nacional.

    En tal proyecto se suprimió definitivamente la enseñanza religiosa; se declaró como modelo a seguir a la educación "objetiva", basada en los hechos concretos y en su estudio sistemático, por lo que rechazaba al dogmatismo teológico y buscaba la verdad positiva. El "organismo social" requería de salud para desarrollarse; los individuos y las instituciones habrían de conjugarse para mantenerlo sano por medio de la correcta educación. En ese contexto, se expandieron los servicios educativos, se inició la educación de adultos, se consideró al Español como lengua nacional y se integró al indígena a la civilización.

    Las bases del proyecto educativo de Orden y Progreso las sentó Juárez desde su Ley de Instrucción de 1861 y las consolidó con sus Leyes sobre Instrucción Pública de 1867 y 1869. Se institucionalizó definitivamente el laicismo, la gratuidad, la obligatoriedad y se reinterpretó la libertad de enseñanza (consignada en la Constitución del 57), baluartes ideológicos y operativos del futuro Sistema Educativo Nacional. El nacimiento efectivo, legislado e institucionalizado, de la educación pública en México, se da en este proyecto, durante el mandato de Juárez.(5)

    El estado de la educación (1850-1860)

    No se tienen datos cuantitativos precisos de la educación durante la primera mitad del siglo pasado. Las continuas crisis de gobernabilidad y los sucesivos gobiernos no tuvieron posibilidades de hacer conteos fidedignos en los estados y territorios. Se tenían cálculos de la educación impartida en el Distrito Federal, pero éstos también oscilaban de un año para otro sin lograr la consistencia de un sistema de organización escolar homogéneo.

    En 1853, se promulgó la Ley Lombardini. Prescribía la obligación de asistir a la escuela. Pretende regular la educación pública en México y desconoce los estudios domésticos. El catecismo del Padre Ripalda era obligatorio en las escuelas elementales, y daba prácticamente el control de la educación a la Iglesia, siendo el Director General el Obispo de la Ciudad. Ley de los conservadores que duró poco tiempo. En esa década existían los hospicios y las casas de beneficiencia, algunas sostenidas por el filántropo Vidal Alcocer (entre 1846 y 1856), quien llegó a recibir apoyo del erario federal. Comonfort apoyó las Escuelas de Artes y Oficios, así como las Secundarias para niñas. En 1856 funcionaban, entre otras instituciones educativas superiores, el Colegio de Minería y la Academia de San Carlos (Escuela de Bellas Artes), al igual que la Escuela Nacional de Agricultura.

    Para 1857 funcionaba una Escuela Normal para profesores. Se trataba de las acciones de los moderados quienes no contaban con un programa coherente de apoyo a la educación. Los aciertos de esa etapa se realizaron estando Juárez a la cabeza del Ministerio de Justicia e Instrucción Pública durante el régimen de Comonfort. La Guerra de los Tres Años volvió a sumir en la anarquía los asuntos educativos.

    La obra educativa juarista

    Durante su gobernatura en Oaxaca, Juárez defendió la obligatoriedad de la educación como programa de gobierno, señalando que se trataba de un imperativo nacional. Fundó cincuenta escuelas de primeras letras y fomentó la educación de la mujer.(6)

    Tiempo después, en su peregrinar obligado por la geografía nacional, debido al ataque de Zuloaga y a la retirada de Comonfort, en 1859, en Veracruz, publica un Manifiesto a la Nación, en el que hace referencia al ámbito educativo. Ahí señala que la educación sería obligatoria y gratuita para los pobres. Plantea la unificación curricular en primaria y resalta la importancia de la educación secundaria.

    En ese manifiesto pasa por encima de la Constitución del 57 al hacer uso de facultades extraordinarias para el Poder Ejecutivo y debilitar el principio de la libertad de enseñanza asumiendo la responsabilidad de organizar la educación en la República cuando le correspondía a los municipios hacerlo. La educación no podía ser libre por encontrarse estancada y porque el Estado requería de su control para eliminar la contraofensiva conservadora clerical. Se trataba de una federalización educativa de la cual se haría cargo el Ministerio de Justicia e Instrucción Pública. El documento sería gérmen de la Ley del 61.(7)

    Al volver a la capital realiza algunas acciones emergentes de apoyo a la educación. Apoya los establecimientos de beneficiencia y de Artes y Oficios. Destina impuestos a herencias y legados para la instrucción pública. Nombra a un grupo de asesores para que elaboren un diagnóstico y un plan para activar la educación; se trataba así de un antecedente del Consejo Nacional Técnico de la Educación, pues sus atribuciones eran semejantes a las del actual cuerpo colegiado. Por otra parte, reglamentó la validación de los títulos profesionales, prefigurando las sucesivas dependencias de Profesiones. Se estaba preparando una Ley Orgánica de Instrucción Pública.

    Las estadísticas previas a la Ley de Instrucción Pública del 61, establecían que en 1857 en el país había 2, 424 escuelas de primeras letras atendiendo a un total de 185 mil alumnos. Si se considera que la matrícula potencial era de un millón quinientos mil alumnos, el 88 por ciento no tenía acceso a la educación elemental. 6 059 estudiantes asistían a las escuelas y colegios científicos y literarios principalmente en el Distrito Federal y las capitales de provincia. Existían 97 escuelas de educación media concentradas principalmente en la capital. En 1859 sólo uno de cada 10 mexicanos sabía leer y escribir.(8)

    La Ley del 61 (También llamada Ley Ramírez), establece planes de estudio para todos los niveles y unifica el de primarias. Reglamenta el sostenimiento federal de maestros en los estados donde no pueden pagarse. Sostiene los gastos de la Escuela de Sordomudos en la capital y le anexa la formación docente para ese plantel; se trataba del primer antecedente de la educación especial en México.

    Reglamenta los estudios preparatorios y profesionales como los ofrecidos en los Colegios de Minas, Comercio, y Artes. Reglamenta el ingreso de maestros a la profesión para el servicio público; la docencia deja de ser una profesión libre y se convierte en una profesión de Estado. Desaparece el catecismo religioso en las escuelas. Inicia en la práctica el principio laico de la educación actual. El Estado asume el control real de la educación con un contenido filosófico específico.

    Durante el paréntesis del Imperio, Maximiliano repite prácticamente las mismas políticas educativas de la Ley del 61, pero no logra darle orden y unidad al esfuerzo por activar la educación. Luego de la derrota del Imperio, Juárez vuelve al tema de la educación y prepara con sus asesores una nueva Ley sobre educación; participan principalmente: Lerdo de Tejada, Tagle, Rio de la Loza, Díaz Covarrubias, y, como el nuevo ideólogo, Gabino Barreda. Elaboran un documento que sería trascendental para la obra de gobierno juarista, la Ley Orgánica de 1867 (llamada también Ley Barreda o Ley Martínez de Castro, como Ministro del ramo). Barreda, como discípulo directo de Augusto Comte, expresa la doctrina positivista en la nueva ley.

    Propiamente ese documento no agregaría elementos novedosos a la política educativa sugerida desde el proyecto Ilustrado. La libertad de prensa y pensamiento, así como la necesidad de promover la instrucción ya estaba contenida en la Constitución del 24. La Ley de Gómez Farías del 33 ya señalaba la libertad de enseñanza, la creación de la Escuela Preparatoria y el fomento de las disciplinas científicas. El Congreso del 42 había dado a la Compañía Lancasteriana la categoría de Dirección de Instrucción Primaria y había planteado la obligatoriedad de la educación.

    La Constitución del 57 establecía que la enseñanza sería libre. La Ley educativa de Maximiliano señalaba la obligatoriedad y la gratuidad de la enseñanza. La gran diferencia estriba en que por primera vez se sancionan conjuntamente la gratuidad, la laicidad y la obligatoriedad en la educación, y se acompaña de una filosofía que da sentido al proyecto global articulándose con el proyecto de nación. El mérito consistió en llevar a la práctica lo que antes sólo quedó en el papel.(9) La Ley establecía, entre otras cosas, un curriculum nacional en educación primaria y secundaria, la educación de adultos y la reactivación de la Biblioteca Nacional. En el documento se plantean criterios administrativos y financieros, así como pedagógicos y metodológicos para la enseñanza en el país.

    Establece el compromiso de gobierno para crear escuelas. Plantea objetivos y prefigura la planificación global de las actividades educativas nacionales. Anuncia la Escuela Nacional Preparatoria y marca el inició de la Pedagogía como disciplina de estudio y de desarrollo educacional en México. Incorpora el estudio de la Historia Patria en los planes de estudio. Establece criterios de normatividad y operatividad administrativa como la expedición mensual de boletas de calificaciones en los niveles básicos y un calendario de actividades escolares.

    En 1869 se da una modificación a la Ley del 67. Se replantean algunos planes de estudio con base en un estudio de la aplicación de los anteriores. Reorganiza el

    sistema escolar y reitera el lema de "Libertad, Orden y Progreso" como política oficial. Por su parte, el Presidente Juárez procura su cumplimiento en medio de las críticas que despertó la versión anterior. Las luchas internas continuaron pero a pesar de ello se observó el inicio de una nueva era en la organización y origen de un Sistema Educativo Nacional. La obra educativa juarista, concretada en escuelas, planes y resultados concretos, se convirtió en una gran campaña de reconstrucción nacional.

    Para 1874, dos años después de la muerte de Juárez, el Secretario Martínez de Castro da las siguientes cifras en lo que fue el primer estudio estadístico serio de la educacíon en México: Para ese año había 8 103 escuelas, contra 5 mil que había en el ciclo 70-71. Se regularizó el gasto en educación, ejerciéndose 1 millón 42 mil pesos por año en educación, siendo la principal aportación la de los municipios. El número de maestros creció a 8 mil (25 por ciento mujeres), pero hacían falta 10 mil. Aseguró los ingresos de los docentes (de 30 a 80 pesos mensuales y en algunas aldeas el sueldo era de 10 pesos). Ya planteaba la posibilidad de instaurar los quinquenios, de acuerdo al modelo docente alemán de la época. El informe de Martínez de Castro permitió observar los avances en educación generados por la obra esforzada del Presidente Juárez.

    Conclusiones

    Se dice que Juárez no era propiamente un "intelectual" sino un hombre de acción. Tenía la voluntad moral y política para cumplir con los más altos ideales de la patria. En el campo educativo no dejó de hacerlo. No se aventuró por caminos completamente ignorados, antes bien, supo llevar a su concreción los principios doctrinarios del liberalismo aplicándolos a la realidad de la nación. Los institucionalizó, radicalizándolos; no admitiendo para su nación la cómoda postura de los moderados, ni la acción retardataria de los conservadores.

    En la educación siguió los pasos de antecesores como Mora y Gómez Farías. Tuvo la fuerza política y personal para concretar lo que en el papel había quedado como letra muerta ante la crisis de gobernabilidad y de autoridad civil que privó durante el primer medio siglo de vida independiente. Sentó las bases de un Sistema Educativo Nacional que daría a los mexicanos la posibilidad de integrarse a nuevos patrones de desarrollo cultural, político y económico, en épocas futuras. Fue el punto de convergencia de los proyectos educativos fundamentales del siglo pasado. Fue formado en los ideales y estilos del proyecto Ilustrado; retomó en su obra de gobierno los principios del proyecto Civilizatorio y fue el motor que inauguró el proyecto de Orden y Progreso, razones que lo acompañaron en la consolidación del primer Estado Nacional.

    Específicamente, los movimientos educativos que promovió, prefiguraron elementos hoy contemporáneos del sistema operativo y de la filosofía de la educación en México: Los Consejos Técnicos de la Educación, la educación especial, la educación preparatoria y profesional, la educación de los adultos, la dotación de libros de texto y de útiles escolares, la educación de la mujer y del indígena (con sus limitaciones por falta de profesores bilingües y por seguir una línea "civilizatoria" para el indígena). Configuró, con el apoyo de sus asesores, las bases de la planeación educativa, la normatividad y la certificación escolar, así como la elaboración del curriculum nacional para educación básica.

    Con Juárez se asocian y practican en principio los ideales de gratuidad, obligatoriedad y laicidad en la educación, los cuales han acompañado a la Constitución del 17 y a las diferentes leyes sobre educación en el país, mismas que representan la fisonomía del proyecto histórico-educativo nacional.

    Es posible hacer observaciones críticas a la obra educativa de Juárez al grado de asociarlo también a la problemática educativa de los tiempos actuales, pero debe entenderse que el contexto político, cultural y económico en el cual se desenvolvió requería de esas medidas. Ayudó a construir una nación. Dio a la educación el peso necesario para ser acompañante y guía de un proyecto de nación claro y coherente en

    su momento. Toca a las generaciones de hoy continuar con esa obra, analizar y replantear sus fines, principios y valores, de acuerdo al contexto de fin de milenio.

    ***

    (1) Las Leyes de Reforma plasmaron jurídicamente el ideario liberal. Las principales fueron: Ley de Administración de Justicia y Orgánica de los Tribunales de la Federación o Ley Juárez, de 1855; Ley de Desamortización de la Iglesia y de Corporaciones o Ley Lerdo, de 1856; Ley del Registro Civil, de 1857; Ley de Nacionalización de los Bienes Eclesiásticos, de 1860; Ley sobre Libertad de Cultos, de 1860. Los textos íntegros pueden encontrarse en la obra de Horacio Labastida: Reforma y República Restaurada 1823-1877, Porrúa, México, 1987. La obra contiene un estudio histórico detallado sobre el contexto político-social de la época. Por otra parte, en la obra de la SEP: Antología de Historia de México. Documentos, narraciones y lecturas, SEP, México, 1993, se encuentran fragmentos de esos documentos, acompañados de otras lecturas afines.
    (2) Para una revisión profunda de los datos biográficos y obra de Benito Juárez, se sugiere: Ralph Roeder. Juárez y su México, FCE, México, 1972; Justo Sierra. Juárez: su obra y su tiempo, UNAM, tomo XIII de sus obras completas, México, 1991; Daniel Cosío Villegas, Historia moderna de México. La República Restaurada, Ed. Hermes, México, 1955.
    (3) Enrique Florescano cita esa denominación en: El nuevo pasado mexicano, 4ta ed., Cal y Arena, México, 1995, p. 54. Para un estudio del liberalismo en México se sugiere: Charles A. Hale. El liberalismo mexicano en la época de Mora, Siglo XXI, 1995; Jesús Reyes Heroles. El liberalismo mexicano, UNAM, México, 1957-1961, 3 vols.
    (4) Anne Staples (Coord.) Educar: Panacea del México Independiente, SEP-Ediciones El Caballito, México, 1985, p. 9. La obra contiene textos originales de los ideólogos y educadores de las diferentes corrientes políticas de la época: Carlos María de Bustamante, Lucas Alamán, Lorenzo de Zavala, José María Luis Mora, Manuel Baranda, Guillermo Prieto y José María Rivera.
    (5) Sobre el contenido general de los proyectos educativos del siglo pasado véase: María Teresa Yurén. La filosofía de la educación en México. Principios, fines y valores, Trillas, México, 1994. En contraste con la periodización por grandes bloques históricos, ideológicos y axiológicos, que realiza Yurén, Ernesto Meneses realiza una periodización con base en la noción de "ensayos" realizados por cada grupo o gobernante; obra rica en datos y detalles documentales sobre la educación que se practicó el siglo pasado: Tendencias educativas oficiales en México 1821-1911, Porrúa, México, 1983. La formación educativa de los criollos en la Nueva España, puede estudiarse en: Pilar Gonzalbo Aispuru. Historia de la educación en la época colonial. La educación de los criollos y la vida urbana, El Colegio de México, México, 1990; para una revisión extensa del proyecto Ilustrado: Dorothy Tanck. La educación ilustrada 1786-1836, El Colegio de México, México, 1984; para una revisión del proyecto Civilizatorio: Cuauhtémoc Jerez y Josafat Pichardo. Vida y obra educativa de Valentín Gómez Farías. Aproximación a su intencionalidad política, SEP, México, 1982; para una revisión de las bases filosóficas del proyecto del orden y el progreso: Leopoldo Zea. El positivismo en México: Nacimiento, apogeo y decadencia, FCE, México, 1984.
    (6) Sobre la obra educativa de Juárez en su estado natal: Antonio Acevedo Escobedo. Asedios a Juárez y su época, Seminario de Cultura Mexicana, México, 1967; Ma. del Rosario Soto L. Legislación educativa mexicana de la Colonia a 1876, UPN, México, 1997.
    (7) Véase: María del Rosario Soto Lascale. Op cit., pp. 147-149; Isidro Castillo. "La educación para la libertad, como doctrina nacional", en: UPN. Formación social mexicana I, Vol. 1, México, 1985, pp.422-443.
    (8) Véase: María del Rosario Soto Lascale. Op cit., pp. 282-289; Ernesto Meneses. Op. Cit., pp. 167-191; Fernando Solana, et al. Historia de la educación pública en México, SEP-FCE, México, 1982, anexos.
    (9) María del Rosario Soto Lascale. Op cit., p. 128; Ernesto Meneses. Op cit., p. 144.
    BIBLIOGRAFIA
    ACEVEDO ESCOBEDO, Antonio. Asedios a Juárez y su época, Seminario de Cultura Mexicana, México, 1967.
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    ARNAUT, Alberto. Historia de una profesión, SEP, Biblioteca del Normalista, México,1998.
    COSIO VILLEGAS, Daniel. Historia mínima de México, El Colegio de México, México,1994.
    FLORESCANO, Enrique. El nuevo pasado mexicano, 4ta ed., Cal y Arena, México, 1995.
    HALE, Charles. El liberalismo mexicano en la época de Mora, Siglo XXI, México, 1976.
    JEREZ JIMENEZ, Cuauhtémoc y Josafat Pichardo. Vida y obra de Don Valentín Gómez Farías. Aproximación a su intencionalidad política, SEP, México, 1982.
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    MENESES MORALES, Ernesto. Tendencias educativas oficiales en México 1821-1911, Porrúa, México, 1983.
    RAMOS ESCANDON, Carmen. Planear para progresar: planes educativos en el México nuevo 1820-1833, UPN, México, 1994.
    ROEDER, Ralph. Juárez y su México, FCE, México, 1972.
    SEP. Antología de Historia de México, México, 1993.
    SIERRA, Justo. Juárez: su obra y su tiempo, UNAM, 1991.
    SOLANA, Fernando. Historia de la educación pública en México, SEP-FCE, México,1982.
    SOTO LASCALE, María del Rosario. Legislación educativa mexicana de la Colonia a 1876, UPN, México, 1997.
    STAPLES, Anne. Educar: Panacea del México Independiente, SEP-Ediciones El Caballito, México, 1985. Antología.
    TANCK, Dorothy. La educación ilustrada 1786-1836, El Colegio de México, México, 1984.
    UPN. Formación social mexicana I, Antología UPN, México, 1985.
    YUREN CAMARENA, María Teresa. La filosofía de la educación en México. Principios_fines y valores, Trillas, México, 1994.
    VAZQUEZ FUENTE, Alicia. "Laicismo y secularización en la práctica educativa", en: Pedagogía, No. 15, UPN, México, junio-septiembre de1988, pp. 103-112.
    VAZQUEZ,Josefina.(Coord.) La fundación del Estado Mexicano, Nueva. Imagen,México,1994.

    Al Profr. Reyes Montiel Nuñez.
    In Memoriam.

    Juárez hoy.

    Marchar hacia ninguna parte, olvidado del mundo,
    ciego al mármol de Juárez y su laurel escarnecido
    por los pequeños y los grandes canallas...
    ("Avenida Juárez". Efraín Huerta, 1956)
    I
    ¿Dónde estás, Juárez hoy? ¿En qué epitafio?
    ¿En cuál apoteósico discurso de marzo?
    ¿Cómo te mueres cada día nuevamente
    en tu prisión de bronce, en tu celda de mármol?
    ¿Qué secretas palabras,
    convictas en las arenas del tiempo,
    darían la luz de tu lámpara inconclusa
    al México de hoy, ciego y confuso?
    Déjame morir contigo un poco.
    Quiero sentir la magia del misterio,
    sólo un segundo, un momento fugaz, etéreo,
    un instante mordaz... y eterno.
    Quiero saber en qué rincón de olvido
    hemos dejado tu pasión por México.
    Quiero gritar con mi fallido léxico
    un pedazo de cielo para ti, Juárez moderno.
    Déjame pensar la forma de traerte al presente,
    en el vuelo del ave que imagina
    mil veces su muerte
    y otras mil su vuelo renovado;
    en el Fénix de plumaje dorado
    surgiendo de la ceniza,
    de una historia olvidada, por la gente.
    Decir que el presente es ausencia de ti,
    amnesia, inconfesable olvido, penitencia.
    Reclamar que el supremo arte de la memoria
    no es simple embrujo de payos y gitanos,
    sino deber de todos aquellos que se sientan,
    de palabra y de obra, mexicanos.
    Imaginar que duermes, soñando un futuro diferente.
    Construir el presente con piezas del ayer, y de repente...
    Imaginar, creer, volver a comenzar, ver el principio.
    ¡Juárez vive hoy! Escuchadle decir, con la fuerza de su corazón,
    con el torrente estoico de su sangre: ¡Estoy presente!
    ¡Basta ya de celebrar tu muerte!
    ¡A recobrar tu aliento, a cantar tu vigor,
    a imaginarte vivo, justo, hombre, humano! ¡Vamos!
    Estoy aquí, estamos todos.
    Soy, en esta extraña condición
    de voz incómoda, un cronista anacrónico
    que en rescatarte del olvido sueña.
    II
    Juárez pequeño, Juárez eterno,
    Benito Pablo, indio oaxaqueño.
    Silba tu hazaña, lanza tu onda,
    haz que venga la patria a mi memoria.
    Pastor de ovejas y de hombres,
    semilla de la paz, mente intranquila,
    dejaste tu rebaño bajo el ritmo
    de la flauta que canta sin temores.
    Llegaste hasta el rumor urbano
    de las artes y las letras,
    con Salanueva conociste ciertas,
    las buenas nuevas del afán humano.
    Descubriste también las injusticias,
    la miseria y la faz de la disputa por la nación
    apenas liberada.
    Las leyes, el derecho, el respeto pleno,
    fueron tu alimento ciudadano,
    abogado de la nación, ilustre diputado.
    Desde la raíz de tus pensamientos,
    allende el tiempo, vital momento,
    de la nación temprana pulsaste cierto
    los sentimientos, como fecundo escultor
    de un monumento:
    Escultor general, la nación toda;
    la piedra: La nobleza de tu raza;
    el martillo: Tus Leyes de Reforma;
    el cincel: la tierra liberada;
    puliste al final tu obra
    entregando una patria restaurada.
    Orador principal en tierra milenaria,
    silenciada por el fragor de la batalla,
    le recordaste al traidor que la metralla
    se vence con la razón y la palabra.
    Al invasor venciste y expulsaste.
    Al traidor, paciente, recordaste
    que la patria no se regala ni se vende,
    que es la esencia de la vida siempre,
    y desde la silla trashumante de la Presidencia,
    mantuviste constante tu presencia.
    Ya no hay maximilianos,
    ni tropas rondando nuestras costas,
    pues tu ejemplo nos remite siempre
    a defender la libertad,
    cual fervientes guerreros, soberanos.
    Uno y mil Juárez se levantan triunfantes:
    Juárez niño. Juárez joven, político militante.
    Juárez reformador comprometido,
    defensor de la patria soberana.
    Enemigo del imperio. Educador tenaz.
    Honesto gobernante.
    Todo contrasta con la imagen que produce
    olvidarnos de ti, darte la espalda, despojarte.
    No pensemos jamás en la estampa letal,
    equivocados, irremediablemente equivocados,
    de un Juárez agonizante.
    III
    ¿Cuál fuera, páginas de sangre y de heroísmo,
    el destino final de la tierra mexicana,
    si en el peñón temprano de la hermana
    tierra oaxaqueña, faltase el propulsor
    del fraternal sentir, del pacifismo?
    ¿Quién supiera decir de precisa manera
    la herencia eterna que tu mano deja.
    Mano de barro y de obsidiana;
    rostro de surco, sabia tierra pensante.
    Productor de verdades absolutas
    imposibles de atar fuera de ti?
    ¿Cómo cerrar las puertas del recuerdo,
    con cuáles llaves imposibles?
    ¿Cómo tejer tu historia nuevamente,
    con qué sueños?
    Si mexicano soy, si aquí nací, si aquí crecí,
    con el rumor genuino de tu herencia?
    ¿Dónde estás Juárez hoy?
    ¡En mi memoria! ¡En mi pasión por México!
    ¡En mi hogar, en mi escuela, en mi nación!
    ¡En cada conciencia que te nombra!
    En la palabra que eterniza lo humano.
    En la energía de ser, y en el poder compartir lo mexicano.
    En la ley natural de la civilidad
    que une nuestras manos,
    y en el supremo goce de vivir
    libres, e inexorablemente, liberados.
    Gracias, joven hermano Juárez.
    Descubre tu enigmática sonrisa,
    que a cantar tu hazaña, otra vez...¡Vamos!
    Déjame, pues, permíteme decir, dame permiso:
    ¡Juárez, vives hoy, en los cuatro puntos cardinales de mi país!
    En la puesta del sol y en el amanecer de un nuevo México,
    que lleva de ti las raíces morenas
    y triunfantes en la sangre.
    Un país que quiere tomarte de la mano
    y volver a vivir el sabor de la fe por saberse,
    patrióticamente,
    mexicano.

    La página de Juárez.
    Profra. Danira Victoria Gonzáles Valenzuela.
    Sentado a la mesa, desolado,
    buscando en las páginas de la Historia,
    ví aquella figura que aparecía
    bajo la luz de la lámpara encendida,
    y aún con el asombro
    que despertaba aquella imagen
    sentí que tocaba mi cabeza
    y secaba mis lágrimas con su aliento
    al momento que me hablaba:
    ¿Por qué tan triste? ¿Por qué tu llanto?
    ¿A qué se debe ese lamento?
    Le respondí grosero, con odio, con desilusión,
    sentía que la sangre quemaba mis venas
    y que en todo mi cuerpo corría rencor.
    Mis labios temblaban
    cuando de mi boca brotaban
    aquellas palabras que amargaban mi ser
    y envenenaban mi alma.
    Maldigo el color de mi piel,
    maldigo mis raíces, mi tierra y mi gente.
    Maldigo a mi patria,
    porque no ha sabido darme
    el respeto entre la gente.
    Se burlan de mi padre, de mi madre,
    de mis hermanos de raza.
    Nos llaman indios y nos miran hacia abajo;
    se ríen porque mis ropajes son humildes,
    porque mi lengua es diferente,
    por mis costumbres ancestrales,
    porque a la escuela casi siempre voy descalzo.
    Llevo mis libros con orgullo
    en ese morral que perteneció a mis abuelos,
    y llevo mi camisa de manta
    bordada por mi madre con agrado.
    Pero todos ven en mí
    a una raza inferior, a un indio.
    La luz de la lámpara iba muriendo.
    Mientras realizaba mi tarea,
    de mi boca trémula
    ya no brotaban las palabras,
    y en aquel silencio que ensordecía mi vida
    llegaron estridentes esas palabras:
    "Mírame -me dijo-,
    soy como tú y tú eres como yo.
    Nuestra piel se confunde con la tierra de la patria,
    con la simiente que nos da sus frutos y su fuerza
    para seguir andando hacia adelante
    con la cabeza levantada y la mirada firme.
    En cuna humilde nací.
    Fui pastor de ovejas y de hombres,
    en la escuela aprendí a respetarme a mí mismo
    y a valorar las enseñanzas de mis maestros.
    Vestí luego el traje de la victoria,
    pero no olvidé mi origen, mi raza,
    ni mi humilde linaje.
    Construí una patria soberana
    en la que no había diferencias de credo,
    de expresión, ni de clase.
    Me enfrenté al invasor,
    y al hermano codicioso aquí en mi tierra.
    Dejé un legado de trabajo honesto,
    de libertad humana y de igualdad."
    De pronto todo se oscureció.
    No sé si fue un sueño o una alucinación;
    sólo sé que mi libro de texto abierto estaba
    y con mis lágrimas humedecido.
    En una página veía
    la figura de un ilustre señor,
    con su rostro de roble imperturbable.
    Mirando de frente al futuro
    desde hace más de un siglo y para siempre.
    Era Don Benito Juárez,
    Benemérito de las Américas.
    Desde mi libro de Historia me decía:
    "Mi lucha no fue en vano.
    Hoy tienes la oportunidad de aprender
    en libertad. Aprovecha tu tiempo
    y la sabiduría milenaria de tu pueblo.
    Construye una nueva nación. El futuro te espera.
    Joven estudiante mexicano:
    Indio humilde, espejo de mi historia y de mi suerte,
    ama a tu patria, estudia siempre."
    Salí rumbo a la escuela,
    con mis libros y mis anhelos bajo el brazo.
    Dije a mi maestro, emocionado:
    Hoy tuve un sueño profesor:
    Quiero ser, desde hoy,
    un incansable estudiante,
    un indio orgulloso de su raza,
    un ejemplo para mis hermanos,
    un esforzado mexicano.
     

    DE UNA PALABRA HECHO
    Hay palabras que faltan,
    escritas en capítulos distantes,
    atrapadas en la garganta del silencio.
    (Sin un soplo de fe que las arroje al viento,
    nunca sabremos si son hombre o soneto.)
    ¿En qué exacto lugar están escritas?
    En la interrogación certera de mi frente.
    Entre alegorías de Prometeo y Hermes,
    se arropan, se esfuman, se desmienten,
    se encienden en círculo voraz...espiralmente.
    Viven, si viven, en la identidad original
    de nuestra especie.
    Conocí a un hombre, de una palabra hecho.
    Escrita en selva y manantial, arcilla y fuego.
    Leída en la palma de la mano terrestre.
    Era un Elegido del pecho universal.
    Llegó a este mundo de metáforas lleno,
    a buscarse a sí mismo, a encontrarse,
    en el final fugaz y sempiterno,
    laberíntico, de un solitario verso.
    Lo seguí en el vacío celular.
    En el embrión estuve,
    en su sueño fetal y en su nacer, presente.
    Lo seguí en sus primeros pasos de lactancia,
    impaciente, apurando la leche de la vida.
    Encomendé a Silvano, a Genius y a Teseo,
    le dieran la savia de sus mitológicas fuentes.
    Conoció los puntos cardinales referentes,
    y descubrió humildad, paz y fraternal deseo.
    Se asentó en una tierra arquitectónica
    donde otros hombres ya dibujaban juegos
    de palabras y guerra. Él derivó en guerrero
    de silencios violentos, de razones estoicas.
    Le mostré senderos de juventud y ansia;
    de la libertad buscó su imposible camino.
    Fue por cumbres y arroyos de la ciencia,
    hasta la revelación final de su destino.
    De una palabra hecho, caminó tropezando,
    instruyó, legisló, reformó y, gobernando,
    aprendió a edificar en los hombros de Clío,
    y a resolverse luego ante algún desafío.
    Atendí su extenso pesar en el destierro.
    Acaricié con él el dulce recuerdo de sus hijos.
    Reflejé su sonrisa cuando sonrió a la suerte.
    Lo llevé de la mano en su viaje a la muerte.
    Cid Campeador, jurando empecinado,
    de ley terrenal a dimensión celeste,
    postrer su batalla vital se encontró yerto
    en montura plural y se siguió de frente,
    hasta el futuro, sí, hasta el presente.
    Cierto es que era uno, y también,
    todos los hombres,
    unido por siderales vínculos,
    atado a universales órdenes.
    ¿Quién era él? No lo sé ciertamente.
    Conocí al hombre, pero jamás su faz desnuda,
    lo acompañé en la victoria y en la duda,
    pero ignoré total su verdadero nombre.
    Yo soy la Madre Historia, la condena,
    hecha de abecedarios misteriosos,
    sé que los hombres en mi escriben
    jeroglíficos, castillos y cadenas.
    Yo soy la Historia Madre y estoy sola,
    reescribiendo mi memoria tosca.
    Voy por esta centuria atribulada
    huérfana de hoy y de mañana.
    Me he mirado al espejo, voy girando,
    buscando las palabras y los hombres,
    pero sólo unos pocos tienen hambre
    de escribirse en mi portal brillando.
    Ese hombre entero fue a mi puerta,
    hecho de una palabra, como dije,
    la palabra es Honor, talló su esfinge,
    se acercó sin temor, la encontró abierta.
    Ahí lo miré llorar, de pié en la muerte,
    un dolor visceral de sol y hombre,
    sufriendo un noble mal de un sólo nombre,
    de bronce y sal, de rostro refulgente.
    ¿Qué clase de dolor, y qué impotencia,
    lo acompañó constante y lo acompaña?
    ¿Qué clase de dolor, cómo se llama,
    y a quién le duele tanto aquí en la tierra?
    A él, que es palabra letal y verso libres,
    a quien mi esencia inmortal, incorruptible,
    por su propia grandeza y noble reciedumbre,
    lo convierte en Profeta, Patria y Hombre.
    Yo he de lavar con fuego sus heridas,
    las secaré con agua de los mares,
    dolor de identidad, dolor de Hijo,
    que quiere confesarnos sus pesares.
    El nombre del dolor,
    es México.
    En su Hijo Mayor:
    ¡Benito Juárez!
    Profr. Rafael Alberto Páez Castelo.
    Escuela Primaria "Club de Leones No.2", Navojoa, Sonora.
    Primer Lugar Estatal en Composición Literaria del VI Encuentro Cultural:
    "Vida y Obra del Licenciado Benito Juárez",
    Secretaría de Educación y Cultura,
    Hermosillo, Sonora,
    Marzo de 2001.