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Hoy recordamos al Licenciado Don Benito Juárez en otro aniversario de su nacimiento. Pero no estamos reunidos hoy, aquí, sólo para cantar sus glorias políticas y sociales; para destacar su férrea personalidad defensora del derecho y del respeto al ser humano, o para decir que gobernantes como el Licenciado Benito Juárez deben ser el paradigma de cualquier mexicano que aspire a servir a México desde la trinchera del servicio público. ¡No! No solamente para eso. Estamos reunidos hoy, aquí, para reflexionar sobre la vida nacional a la luz de los principios básicos que Juárez tuvo acerca de la evolución de nuestro país. ¿Cómo pensar la libertad, la tolerancia y la unión de nuestros compatriotas en estos tiempos primeros del siglo XXI? ¿Cómo recordar a nuestros gobernantes el deber que la patria les exige? Juárez vive en la Historia como un defensor de la libertad con dignidad, y como un contrincante de la intolerancia. No sólo atacó la intolerancia religiosa, imagen recurrente y distorsionada por sus detractores, sino que se rebeló en contra de la intolerancia civil y militar. Es decir, se pronunció siempre en contra de cualquier especie de intolerancia. Y esa era ya, desde entonces, una advertencia para nosotros. Nos enseñó que podemos creer libremente en cualquier ideología, en cualquier culto, en cualquier doctrina. Juárez vio al Estado laico como el único espacio posible desde el cual garantizar la libertad de culto, de creencias, de ideologías, sin caer en los extremos de la intolerancia. Podemos ser libres, siempre y cuando no erijamos nuestra propia visión del mundo como la única válida y la única verdadera, aniquilando a quienes no compartiesen la misma forma de ser o de pensar. Siempre y cuando nuestra concepción del mundo sirva para construir un mundo mejor para nuestros hijos. Al volver a la Ciudad de México después del triunfo de la República sobre la intervención francesa, Juárez expresó: "El triunfo lo han alcanzado los buenos hijos de México, combatiendo solos, sin auxilio de nadie, sin recursos, sin los elementos necesarios para la guerra. Han derramado su sangre con sublime patriotismo, arrostrando todos los sacrificios, antes que consentir en la pérdida de la República y de la libertad".(*) Hoy no podemos hablar de guerra armada, pero sí de una guerra de la ética contra la ignominia; no podemos hablar de una lucha solitaria, pero sí de la unión de las voluntades en la construcción diaria de la nación. Debemos, claro está, tener presente que la libertad sigue teniendo la misma connotación, el mismo valor, la misma energía creadora en todos los tiempos y en todas las latitudes. No cambiemos nuestra libertad ganada con sangre, por mezquinas promesas de riqueza porque ésta llega pero sólo para unos cuantos. Construyamos la riqueza desde abajo con el respeto a los valores republicanos y con la defensa incorruptible de nuestra libertad. Hagámoslo en un clima de tolerancia. En un nuevo contrato social, que redimensione el propuesto por nuestros Padres Fundadores, en el cual quede escrito con letras de libertad y de unión, la necesidad que tenemos los mexicanos de hoy de tener ciudadanos maduros para la democracia, de tener gobernantes honestos y sabios. Las leyes en nuestro sistema político-jurídico surgen del pueblo, del ejecutivo o de los partidos políticos, y son legitimadas en las Cámaras a través de los legisladores. Pero también hay otras leyes, las construidas por el derecho consuetudinario y las levantadas al honor, a la ética y a la moral. Juntas, nuestras leyes constituyen el equilibrio social necesario para convivir en paz y en libertad. Cuando los veloces acontecimientos de la actualidad y los intereses codiciosos y sectarios de algunos de nuestros gobernantes corrompen esas leyes, se burlan de ellas, las consideran letra muerta porque creen que no se adaptan a la vorágine de los cambios de la empresa, de los medios de comunicación o de los grupos políticos, entonces hemos de escuchar otra vez a Juárez diciendo: Entonces hemos de recordar al Licenciado Benito Juárez al expresar los compromisos de todo gobernante: ¿Podrían ustedes como funcionarios de un Gobierno constituido demostrar que dispondrán de las rentas con responsabilidad y que no gobernarán a impulsos de una voluntad caprichosa, sino con sujeción a las leyes? ¿Que no improvisarán fortunas, ni se entregarán al ocio y a la disipación, consagrándose por el contrario al trabajo, y resignándose a vivir en la honrada medianía que proporciona la retribución que la Ley ha señalado? ¿Podrían ustedes como servidores, comprometerse a no olvidar al pueblo en sus necesidades; a sostener sus derechos; a cuidar de su ilustración, de su engrandecimiento, y a crearle un porvenir que le permita abandonar la carrera del desorden, de los vicios y de la miseria a que lo han conducido los hombres que solo con sus palabras se dicen sus amigos y sus libertadores, pero que con sus hechos son sus más crueles tiranos? ¿Podrían ustedes como gobernantes, demostrar que están dispuestos a considerar al pueblo como ÚNICA FUENTE DE PODER Y DE AUTORIDAD, y a no reconocer otra fuente de poder más que al pueblo?"(***) Recordemos, dice Zayas Enríquez, que la grandeza de los hombres y su ubicación en el sagrario de la patria, no se mide en función de vencedores, ni aún por haber caído envueltos en el manto de la gloria, pues la época que nos ha tocado vivir, de profunda revisión crítica de la conducta del pasado y de sus hombres, tome en cuenta para la valorización de la personalidad, los incentivos que motivaron su actuación, la causa que enarbolaron como su bandera y la implicación del contexto de su lucha a favor de la Patria y de la Humanidad. Juárez trascendió los tiempos y sigue luchando por la unión, la libertad y la tolerancia entre los mexicanos.(***) ¡Recordemos pues a Juárez hoy, recordémoslo vivo, en la letra y el espíritu de las leyes y en la vigilancia ética de los gobernantes!...Incluso, como la molesta sensación para algunos de saber que pretender gobernar por encima de la ley, aunque se esté lleno de buenos deseos, es otra perversa forma de opresión del pueblo soberano. Y Juárez estará siempre aquí para recordarlo, silenciosa y contundentemente Resp. . Log. . Simb. . "Francisco A. Byerly" No. 12, Or. . Navojoa, Sonora, 21 de marzo de 2002 E. . V. FUENTES:
Rafael Alberto Páez Castelo La legislación educativa juarista y sus acciones en las prácticas educativas e institucionales de la época, representan la base fundamental de la cual partió el proceso de conformación del actual Sistema Educativo Nacional. ¿Cuál fue la obra educativa de Juárez? ¿Cómo se reflejó el ideario liberal en las palabras y las obras en materia de educación en el México de la Reforma y de la República Restaurada? ¿Qué legado dejaron esas épocas a la actual legislación y práctica de la educación en México? Tales son las interrogantes que abordaré brevemente en las siguientes líneas. Este escrito se inicia con un recuento de la biografía política del Licenciado Juárez y con un análisis del contexto ideológico-político en el cual se desarrolló su carrera. Lo anterior servirá para articular el estado que guardaba la educación en esa época con el proyecto juarista de nación, así como para exponer la obra educativa del oaxaqueño, cuyo mandato significó el punto de convergencia de los proyectos educativos fundamentales durante el siglo pasado en México: el Ilustrado, el Civilizatorio y el de Orden y Progreso. Juárez: Su carrera política (1833-1872) El joven abogado se encontraba ya desde 1833 forjando su carrera política rumbo al Congreso de su estado, del cual formó parte en 1846. Fue gobernador de Oaxaca de 1847 a 1852. Desterrado por Santa Anna, en Nueva Orleans comparte el programa liberal con Melchor Ocampo, José María Mata y Ponciano Arriaga. Vuelve al país en 1954 para hacerse cargo del Ministerio de Justicia e Instrucción Pública del gobierno interino de Juan Alvarez. En 1855 promulga la Ley Juárez donde elimina los fueros eclesiásticos y militares, garantizando el dominio del Derecho a todas las capas sociales. Luego de la promulgación de la Constitución de 1857, Juárez ocupó por votación popular la Suprema Corte de Justicia, junto al Presidente electo Ignacio Comonfort. Debido a los acontecimientos generados por el Plan de Tacubaya, en el cual se desconoció la Constitución reciente, y provocó la salida de Comonfort, el Licenciado Juárez ocupó la Presidencia por primera vez. Al ser asediado por Zuloaga, se inició el peregrinar del Presidente. El gobierno de los Estados Unidos reconoció el mandato de Juárez. En 1859 promulgó las Leyes de Reforma(1), desde el estado de Veracruz y, finalmente, volvió a la capital en 1860 al término de la llamada Guerra de los Tres Años. En 1861 firmó la moratoria a la deuda externa contraída con Francia, España e Inglaterra. Los galos invadieron el país e impusieron como Emperador a Maximiliano de Hasburgo, quien se sostuvo hasta 1867, año en que Juárez retornó de su peregrinar por suelo mexicano y entró en la ciudad de México el 15 de julio. Juárez fue electo Presidente y se ocupó de poner orden en su gobierno y en el país. Puso en práctica las Leyes de Reforma y se presentó a la reelección en el 71. Poco tiempo después de ser reelegido murió el 18 de julio de 1872.(2) Su formación liberal Luego de la consumación de la independiencia existían dos propuestas antagónicas de organización política: el federalismo y el centralismo, las cuales eran signadas por los gérmenes de los que llegaron a ser los grupos predominantes: Los liberales y los conservadores. Dentro del grupo liberal se distinguían los liberales "puros" y los "moderados"; dentro de los conservadores estaban facciones monarquistas e intervencionistas. Juárez fue definitivamente líder del grupo de los puros o radicales. Su formación ideológica era deudora del pensamiento liberal inaugurado por las refomas borbónicas durante la Colonia, con la experiencia de las Cortes de Cádiz, y la Constitución de la Monarquía Española, así como de la difusión de esa línea de pensamiento por las primeras generaciones de liberales del México Independiente. Juárez perteneció a una nueva generación de políticos decimonónicos, llamada por Florescano: "Generación de la Reforma"(3), y fue el pie veterano del grupo que encabezaría la lucha por el poder durante las décadas de los 50s y 60s (Grupo constituido, entre otros, por: Ocampo, Lerdo, Ramírez, Alvarez), y que se ejercitó con la Constitución del 57. Su acción política cristalizó definitivamente la doctrina liberal en programa de gobierno. El de Juárez fue el primer grupo político experimentado en el poder, luego de múltiples intentos por consolidar a gobernantes inexpertos en las artes del gobierno independiente. Por otra parte, su labor legislativa temprana lo entrenó en la orientación de las reformas republicanas que apuntaban a la creación de un Estado secular. Junto a los liberales puros prefiguró su proyecto de reorganización jurídica, económica y administrativa nacional. Así, su pensamiento político tenía tres columnas principales: la supremacía del Estado (que en su caso incluía la separación Iglesia-Estado y un presidencialismo sólido), la igualdad jurídica y la libertad de pensamiento, propias del liberalismo europeo del siglo XIX. Si bien, en sus primeras incursiones en la política percibió esos principios en los viejos criollos y connacionales de la etapa inicial de la Independencia, su postura se distinguió por la radicalización de tales principios. Su acción política posterior se caracterizó por ser inquebrantable e inflexible, en lo posible sujeta a Derecho y con base en un proyecto que no admitía distracciones o componendas. Los proyectos educativos del siglo XIX. Dice Ana Staples que para los recién independizados de España la educación era considerada como una panacea para resolver todos los males. "El alfabeto...parecía ser una cura infalible para la pobreza, la ignorancia, la incomunicación, la insalubridad, para nombrar unos pocos factores, que afligían a la población de aquel entonces".(4) Los gobernantes consideraban que el lastre educativo era producto del descuido de la Corona para no dar armas culturales a los gobernados de tal manera que no tomaran conciencia de que era posible sacudirse el yugo colonial. Fueron los propios criollos quienes se unieron para independizarse de España. A partir de ahí las ideas tomadas de la Ilustración europea matizaron sus propias ideas sobre el proyecto educativo que debía regir a la nación liberada. Así, el proyecto educativo de la Independencia fue el Ilustrado (1767-1833). Tal proyecto era encabezado por la pequeña burguesía urbana y la intelligenzia criolla que era partidaria del contractualismo y del derecho censatario. El concepto de educación consistía en instruir y formar costumbres en utilidad propia y provecho de la nación. La instrucción debía extenderse a todos los habitantes, como lo proponía la Constitución de Apatzingán; debía ser pública, gratuita y uniforme; se debía obedecer sólo a la ley moral y civil. Su política educativa consistía en enseñar a leer y escribir en el catecismo religioso y civil, los ayuntamientos debían hacerse cargo de la instrucción elemental, aplicando un método uniforme (el Lancasteriano), y los niños y las niñas estarían separados. Sin embargo, el ideal ilustrado era sólo eso, una quimera que se enfrentaba a grandes calamidades de la nación: pobreza, una Tesorería vacía, incomunicación, desorganización municipal, falta de maestros preparados y la inexistencia de escuelas. Un ideólogo del proyecto, el Doctor José María Luis Mora, consideraba que una acción urgente era arrebatar al clero el monopolio de la educación, argumento recurrente en su época. Hoy se acepta que esa observación carecía de fundamento pues la educación formal era mínima y la Iglesia había hecho demasiado poco por aumentar la matrícula de sus escuelas parroquiales. El grueso de la instrucción se concentraba en las escuelas del Distrito Federal y en algunas capitales de los estados y territorios. Había proyecto, pero no había los medios para llevarlo a cabo. Al llegar el triunfo liberal y al instaurarse el federalismo en la nueva república, Valentín Gómez Farías encabezó el proyecto Civilizatorio. Se trataba de sacar de la "barbarie" a la masa indígena y campesina que poblaba México. La superación de un pasado vergonzante, la emulación de los países avanzados, el cambio de sangre y de mentalidad, la inculcación de las ideas cívico-patrioticas y la integración a un régimen capitalista, eran los propósitos del proyecto que se extendió hasta mediados de los sesentas y que fue suprimido por los consevadores durante sus estancias en el poder. El concepto de educación consistía en un proceso liberador que incluía la instrucción y la formación moral y cívica. Se trataba de proporcionar conocimientos científicos actualizados y de promover hábitos de aprendizaje e investigación; ideas que superaban las intenciones menores del proyecto anterior. El laicismo se propone como condición para una patria fortalecida y orientada a las prácticas seculares republicanas. Cabe decir que el debate de la separación Iglesia-Estado no era cosa de ateos, sino de cristianos católicos, en algunos casos bastante religiosos, los cuales no cuestionaban la divinidad sino el uso que le daba el clero propietario. Los principios del proyecto eran: enseñanza libre, útil, obligatoria y gratuita. Se creó un órgano encargado de la instrucción pública, se suprimió la Universidad por sus tintes recordatorios de la época colonial, tanto como por ser un encargo oneroso para el erario y por no representar utilidad práctica a los propósitos de la nación; se multiplicaron las escuelas primarias y secundarias, al igual que se fomentó la formación de maestros; se atendió la educación de la mujer y de los indígenas, pero en grado menor. El Civilizatorio fue el proyecto de la ascensión liberal al poder. Era defendido por los ideólogos de esos regímenes quienes consideraban que sólo con una población adoctrinada en los principios que fundamentaban la república se acabaría con la lucha intestina en que estaban sumidas las regiones. La educación era un instrumento urgente y estratégico para consolidar el primer Estado Nacional. Las intrusiones de Santa Anna y otros líderes conservadores y liberales moderados en el poder, abatieron las reformas de Gómez Farías y sumieron a la educación en un estado de indefinición de políticas y obras. El proyecto civilizatorio se contabiliza hasta la época de la República Restaurada cuando el gobierno juarista se encarga de poner orden en los asuntos educativos legislando y actuando con un proyecto nuevo. Con la llegada de las ideas positivistas comtianas a México, se perfiló un nuevo ideario pedagógico-cultural, el del Orden y el Progreso. Encabezado por Gabino Barreda como asesor en el gabinete juarista de finales de la década de los sesentas; tal proyecto apuntaba a que la educación debía orientarse a la formación integral del educando en sus facultades físicas, intelectuales, morales y estéticas. El orden en la conciencia de los ciudadanos traería orden en la sociedad y su progreso material. Era prioritario fortalecer las instituciones sociales: patria, familia y propiedad, para lograr la unidad nacional. En tal proyecto se suprimió definitivamente la enseñanza religiosa; se declaró como modelo a seguir a la educación "objetiva", basada en los hechos concretos y en su estudio sistemático, por lo que rechazaba al dogmatismo teológico y buscaba la verdad positiva. El "organismo social" requería de salud para desarrollarse; los individuos y las instituciones habrían de conjugarse para mantenerlo sano por medio de la correcta educación. En ese contexto, se expandieron los servicios educativos, se inició la educación de adultos, se consideró al Español como lengua nacional y se integró al indígena a la civilización. Las bases del proyecto educativo de Orden y Progreso las sentó Juárez desde su Ley de Instrucción de 1861 y las consolidó con sus Leyes sobre Instrucción Pública de 1867 y 1869. Se institucionalizó definitivamente el laicismo, la gratuidad, la obligatoriedad y se reinterpretó la libertad de enseñanza (consignada en la Constitución del 57), baluartes ideológicos y operativos del futuro Sistema Educativo Nacional. El nacimiento efectivo, legislado e institucionalizado, de la educación pública en México, se da en este proyecto, durante el mandato de Juárez.(5) El estado de la educación (1850-1860) No se tienen datos cuantitativos precisos de la educación durante la primera mitad del siglo pasado. Las continuas crisis de gobernabilidad y los sucesivos gobiernos no tuvieron posibilidades de hacer conteos fidedignos en los estados y territorios. Se tenían cálculos de la educación impartida en el Distrito Federal, pero éstos también oscilaban de un año para otro sin lograr la consistencia de un sistema de organización escolar homogéneo. En 1853, se promulgó la Ley Lombardini. Prescribía la obligación de asistir a la escuela. Pretende regular la educación pública en México y desconoce los estudios domésticos. El catecismo del Padre Ripalda era obligatorio en las escuelas elementales, y daba prácticamente el control de la educación a la Iglesia, siendo el Director General el Obispo de la Ciudad. Ley de los conservadores que duró poco tiempo. En esa década existían los hospicios y las casas de beneficiencia, algunas sostenidas por el filántropo Vidal Alcocer (entre 1846 y 1856), quien llegó a recibir apoyo del erario federal. Comonfort apoyó las Escuelas de Artes y Oficios, así como las Secundarias para niñas. En 1856 funcionaban, entre otras instituciones educativas superiores, el Colegio de Minería y la Academia de San Carlos (Escuela de Bellas Artes), al igual que la Escuela Nacional de Agricultura. Para 1857 funcionaba una Escuela Normal para profesores. Se trataba de las acciones de los moderados quienes no contaban con un programa coherente de apoyo a la educación. Los aciertos de esa etapa se realizaron estando Juárez a la cabeza del Ministerio de Justicia e Instrucción Pública durante el régimen de Comonfort. La Guerra de los Tres Años volvió a sumir en la anarquía los asuntos educativos. La obra educativa juarista Durante su gobernatura en Oaxaca, Juárez defendió la obligatoriedad de la educación como programa de gobierno, señalando que se trataba de un imperativo nacional. Fundó cincuenta escuelas de primeras letras y fomentó la educación de la mujer.(6) Tiempo después, en su peregrinar obligado por la geografía nacional, debido al ataque de Zuloaga y a la retirada de Comonfort, en 1859, en Veracruz, publica un Manifiesto a la Nación, en el que hace referencia al ámbito educativo. Ahí señala que la educación sería obligatoria y gratuita para los pobres. Plantea la unificación curricular en primaria y resalta la importancia de la educación secundaria. En ese manifiesto pasa por encima de la Constitución del 57 al hacer uso de facultades extraordinarias para el Poder Ejecutivo y debilitar el principio de la libertad de enseñanza asumiendo la responsabilidad de organizar la educación en la República cuando le correspondía a los municipios hacerlo. La educación no podía ser libre por encontrarse estancada y porque el Estado requería de su control para eliminar la contraofensiva conservadora clerical. Se trataba de una federalización educativa de la cual se haría cargo el Ministerio de Justicia e Instrucción Pública. El documento sería gérmen de la Ley del 61.(7) Al volver a la capital realiza algunas acciones emergentes de apoyo a la educación. Apoya los establecimientos de beneficiencia y de Artes y Oficios. Destina impuestos a herencias y legados para la instrucción pública. Nombra a un grupo de asesores para que elaboren un diagnóstico y un plan para activar la educación; se trataba así de un antecedente del Consejo Nacional Técnico de la Educación, pues sus atribuciones eran semejantes a las del actual cuerpo colegiado. Por otra parte, reglamentó la validación de los títulos profesionales, prefigurando las sucesivas dependencias de Profesiones. Se estaba preparando una Ley Orgánica de Instrucción Pública. Las estadísticas previas a la Ley de Instrucción Pública del 61, establecían que en 1857 en el país había 2, 424 escuelas de primeras letras atendiendo a un total de 185 mil alumnos. Si se considera que la matrícula potencial era de un millón quinientos mil alumnos, el 88 por ciento no tenía acceso a la educación elemental. 6 059 estudiantes asistían a las escuelas y colegios científicos y literarios principalmente en el Distrito Federal y las capitales de provincia. Existían 97 escuelas de educación media concentradas principalmente en la capital. En 1859 sólo uno de cada 10 mexicanos sabía leer y escribir.(8) La Ley del 61 (También llamada Ley Ramírez), establece planes de estudio para todos los niveles y unifica el de primarias. Reglamenta el sostenimiento federal de maestros en los estados donde no pueden pagarse. Sostiene los gastos de la Escuela de Sordomudos en la capital y le anexa la formación docente para ese plantel; se trataba del primer antecedente de la educación especial en México. Reglamenta los estudios preparatorios y profesionales como los ofrecidos en los Colegios de Minas, Comercio, y Artes. Reglamenta el ingreso de maestros a la profesión para el servicio público; la docencia deja de ser una profesión libre y se convierte en una profesión de Estado. Desaparece el catecismo religioso en las escuelas. Inicia en la práctica el principio laico de la educación actual. El Estado asume el control real de la educación con un contenido filosófico específico. Durante el paréntesis del Imperio, Maximiliano repite prácticamente las mismas políticas educativas de la Ley del 61, pero no logra darle orden y unidad al esfuerzo por activar la educación. Luego de la derrota del Imperio, Juárez vuelve al tema de la educación y prepara con sus asesores una nueva Ley sobre educación; participan principalmente: Lerdo de Tejada, Tagle, Rio de la Loza, Díaz Covarrubias, y, como el nuevo ideólogo, Gabino Barreda. Elaboran un documento que sería trascendental para la obra de gobierno juarista, la Ley Orgánica de 1867 (llamada también Ley Barreda o Ley Martínez de Castro, como Ministro del ramo). Barreda, como discípulo directo de Augusto Comte, expresa la doctrina positivista en la nueva ley. Propiamente ese documento no agregaría elementos novedosos a la política educativa sugerida desde el proyecto Ilustrado. La libertad de prensa y pensamiento, así como la necesidad de promover la instrucción ya estaba contenida en la Constitución del 24. La Ley de Gómez Farías del 33 ya señalaba la libertad de enseñanza, la creación de la Escuela Preparatoria y el fomento de las disciplinas científicas. El Congreso del 42 había dado a la Compañía Lancasteriana la categoría de Dirección de Instrucción Primaria y había planteado la obligatoriedad de la educación. La Constitución del 57 establecía que la enseñanza sería libre. La Ley educativa de Maximiliano señalaba la obligatoriedad y la gratuidad de la enseñanza. La gran diferencia estriba en que por primera vez se sancionan conjuntamente la gratuidad, la laicidad y la obligatoriedad en la educación, y se acompaña de una filosofía que da sentido al proyecto global articulándose con el proyecto de nación. El mérito consistió en llevar a la práctica lo que antes sólo quedó en el papel.(9) La Ley establecía, entre otras cosas, un curriculum nacional en educación primaria y secundaria, la educación de adultos y la reactivación de la Biblioteca Nacional. En el documento se plantean criterios administrativos y financieros, así como pedagógicos y metodológicos para la enseñanza en el país. Establece el compromiso de gobierno para crear escuelas. Plantea objetivos y prefigura la planificación global de las actividades educativas nacionales. Anuncia la Escuela Nacional Preparatoria y marca el inició de la Pedagogía como disciplina de estudio y de desarrollo educacional en México. Incorpora el estudio de la Historia Patria en los planes de estudio. Establece criterios de normatividad y operatividad administrativa como la expedición mensual de boletas de calificaciones en los niveles básicos y un calendario de actividades escolares. En 1869 se da una modificación a la Ley del 67. Se replantean algunos planes de estudio con base en un estudio de la aplicación de los anteriores. Reorganiza el sistema escolar y reitera el lema de "Libertad, Orden y Progreso" como política oficial. Por su parte, el Presidente Juárez procura su cumplimiento en medio de las críticas que despertó la versión anterior. Las luchas internas continuaron pero a pesar de ello se observó el inicio de una nueva era en la organización y origen de un Sistema Educativo Nacional. La obra educativa juarista, concretada en escuelas, planes y resultados concretos, se convirtió en una gran campaña de reconstrucción nacional. Para 1874, dos años después de la muerte de Juárez, el Secretario Martínez de Castro da las siguientes cifras en lo que fue el primer estudio estadístico serio de la educacíon en México: Para ese año había 8 103 escuelas, contra 5 mil que había en el ciclo 70-71. Se regularizó el gasto en educación, ejerciéndose 1 millón 42 mil pesos por año en educación, siendo la principal aportación la de los municipios. El número de maestros creció a 8 mil (25 por ciento mujeres), pero hacían falta 10 mil. Aseguró los ingresos de los docentes (de 30 a 80 pesos mensuales y en algunas aldeas el sueldo era de 10 pesos). Ya planteaba la posibilidad de instaurar los quinquenios, de acuerdo al modelo docente alemán de la época. El informe de Martínez de Castro permitió observar los avances en educación generados por la obra esforzada del Presidente Juárez. Conclusiones Se dice que Juárez no era propiamente un "intelectual" sino un hombre de acción. Tenía la voluntad moral y política para cumplir con los más altos ideales de la patria. En el campo educativo no dejó de hacerlo. No se aventuró por caminos completamente ignorados, antes bien, supo llevar a su concreción los principios doctrinarios del liberalismo aplicándolos a la realidad de la nación. Los institucionalizó, radicalizándolos; no admitiendo para su nación la cómoda postura de los moderados, ni la acción retardataria de los conservadores. En la educación siguió los pasos de antecesores como Mora y Gómez Farías. Tuvo la fuerza política y personal para concretar lo que en el papel había quedado como letra muerta ante la crisis de gobernabilidad y de autoridad civil que privó durante el primer medio siglo de vida independiente. Sentó las bases de un Sistema Educativo Nacional que daría a los mexicanos la posibilidad de integrarse a nuevos patrones de desarrollo cultural, político y económico, en épocas futuras. Fue el punto de convergencia de los proyectos educativos fundamentales del siglo pasado. Fue formado en los ideales y estilos del proyecto Ilustrado; retomó en su obra de gobierno los principios del proyecto Civilizatorio y fue el motor que inauguró el proyecto de Orden y Progreso, razones que lo acompañaron en la consolidación del primer Estado Nacional. Específicamente, los movimientos educativos que promovió, prefiguraron elementos hoy contemporáneos del sistema operativo y de la filosofía de la educación en México: Los Consejos Técnicos de la Educación, la educación especial, la educación preparatoria y profesional, la educación de los adultos, la dotación de libros de texto y de útiles escolares, la educación de la mujer y del indígena (con sus limitaciones por falta de profesores bilingües y por seguir una línea "civilizatoria" para el indígena). Configuró, con el apoyo de sus asesores, las bases de la planeación educativa, la normatividad y la certificación escolar, así como la elaboración del curriculum nacional para educación básica. Con Juárez se asocian y practican en principio los ideales de gratuidad, obligatoriedad y laicidad en la educación, los cuales han acompañado a la Constitución del 17 y a las diferentes leyes sobre educación en el país, mismas que representan la fisonomía del proyecto histórico-educativo nacional. Es posible hacer observaciones críticas a la obra educativa de Juárez al grado de asociarlo también a la problemática educativa de los tiempos actuales, pero debe entenderse que el contexto político, cultural y económico en el cual se desenvolvió requería de esas medidas. Ayudó a construir una nación. Dio a la educación el peso necesario para ser acompañante y guía de un proyecto de nación claro y coherente en su momento. Toca a las generaciones de hoy continuar con esa obra, analizar y replantear sus fines, principios y valores, de acuerdo al contexto de fin de milenio. ***
Juárez hoy.
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