MASONERÍA MAGNÉTICA: MESMER
Publicado en el DIARIO DE XALAPA el 16 de julio de 1996 y
(revisado) en ‘POLÍTICA’, de Xalapa, Ver., el 23 de marzo de 1999.
Por Wenceslao VARGAS MÁRQUEZ.
 
El jueves 7 de enero del año de 1999 algunos diarios publicaron un cable de la agencia AP fechado en la víspera en Nueva York donde se comentaba acerca de la "terapia con imanes para aliviar el dolor". Las ideas del doctor Michael Weintraub, neurólogo de la Escuela de Medicina de Nueva York, desde luego no son nuevas: la masonería ya la probó hace varios siglos, siguiendo un dictado: el de Eclesiastés 1:9.

Se afirma de cierto político que todo lo que toca lo convierte en ... heces. Se decía del lidio Creso y del rey frigio Midas que todo lo que tocaban lo convertían en oro.

Pues bien: afirmaba imperturbable Federico Antonio Mesmer (1734-1815) que todo lo que caía en sus manos lo convertía en ... imán, por lo que se le ocurrió un buen día salir de pobre fundando un rito masónico ¡magnético! para atraer prosélitos enfermos y recolectar, como sin querer, los correspondientes aranceles de ingreso.

Mesmer no cruzó el Rubicón de la bellaquería sin aletas para nadar: había terminado sus estudios de medicina en 1766, en Viena, con la tesis Planetarium in Fluxu donde pretendía (Diccionario Enciclopédico de la Masonería) "que los astros influyen sobre los cuerpos animados [incluído el cuerpo humano] por medio de un fluido sutil que se halla esparcido por todo el universo". Todo fue arrancar de estos renglones para concluir, después de torcidos silogismos, que "había encontrado en las propiedades del imán [aplicado al citado fluido] un remedio para todas las enfermedades".

En 1778 se instaló en París para empezar a aceptar enfermos por una cuota mensual de diez luises y dispuesto a concretar la creación de su francmasonería magnética, la elaboración de credenciales de ingreso, la publicación de tarifas y la distribución de cargos regionales. Hombres notorios estuvieron en sus filas como Claudio Luis Berthollet (químico, 1748-1822) y La Fayette (militar y político, 1757-1833). Berthollet acusó después a Mesmer de charlatán pero las cuotizaciones ya estaban registradas en libros y no admitían devolución.

Al mismo tiempo que el rito masónico, Mesmer fundó una sociedad de suscriptores a quienes vendería su "secreto magnético" a razón de cien luises por individuo produciéndole la operación 340 mil libras. Como pasara el tiempo y no cumpliera su promesa de revelar el secreto magnético, huyó de Francia, llevando consigo una fortuna que había atraído magnéticamente. Pasó después a Suiza, Inglaterra y Alemania, donde murió.

Como el magnetismo atrae, un tal Phineas Parkurst Quimby se sintió atraído por él a mediados del siglo XIX para hacer negocio, con la penosa variante de que Quimby ya no era un médico alemán titulado -como Mesmer- sino un relojero inculto de Nueva Inglaterra que, como buen bandolero norteamericano, se hizo ayudar por un indescriptible factótum: Lucius Burkmar, para formar una mixtura informe de autosugestión y magnetismo mesmeriano.

Una editorial norteamericana -cuyo emblema es un pegaso-, en "Los Poderes Desconocidos"- afirma que, con el tiempo, Parkhurts Quimby despidió a Burkmar y entró en contacto con Mary Patterson, hoy más conocida como Mary Baker Eddy, fundadora de la Ciencia Cristiana, otra corriente más de curación por sugestión.

Si algún lector tiene la oportunidad de viajar al pasado puede dirigirse a Mary Baker Eddy al siguiente domicilio: Mrs. Mary B. Glover, Box 61, Amesbury, Massachusetts.

Seguramente le responderán de ultratumba que Parkhurst, Burkmar, Patterson y el francmasón magnético Federico Antonio Mesmer, descansan todos en paz -con las pilas descargadas- y les confirmarán que lo último que atrajeron sobre sí, muy a su pesar, fueron unos horrorosos gusanos.