CLAVIJERO Y LA MASONERÍA
Publicado en POLÍTICA el 22 de abril de 1999.
por Wenceslao VARGAS MÁRQUEZ

De Francisco Xavier Clavijero se ha escrito mucho pero de su biografía se conoce más un hecho que pasa por anecdótico (su expulsión a Italia) cuando debe ser el más importante en nuestra historia: la reafirmación del gobierno civil español frente a la iglesia católica y frente a su más formidable apoyo intelectual: los jesuitas, entre los que se hallaba Clavijero.

Este hecho tuvo su marco en las reformas liberales de los Borbón y su clímax en la expulsión de todos los jesuitas del territorio mundial dominado por la corona española. Pero a pesar de que hay variables más o menos notorias las verdaderas razones del pleito entre masones y jesuitas sigue siendo un misterio:

Todos los historiadores de la masonería coinciden en señalar que su etapa moderna nace el 24 de junio de 1717 en Londres, día del solsticio de verano. En 1725 se abrió la primera logia en París. Lorenzo Frau Abrines (en su Diccionario Enciclopédico de la Masonería) escribe que la primera logia fundada en Madrid se llamó Matritense No. 50, verificándose el hecho el 15 de febrero de 1728.

El 24 de abril de 1738 el papa excomulgó a todos los masones mediante la bula In eminenti apostolatus specula y el 18 de mayo de 1751 expidió Providas Romanorum con lo que terminó de armarse un pleito formidable entre dos fuerzas: la masonería tolerante y liberal, madre borbónica del liberalismo que -según- nos impulsa (?) hasta hoy y el catolicismo vaticano que sigue queriendo dar hacia atrás a la rueda de la historia con visitas papales y toda la cosa.

Bastó que en 1759 llegara al trono español el rey Carlos III y como ministro Pedro Aranda de Bolea, conde de Aranda, ambos masones, para que el liberalismo masónico se cobrara facturas: ordenaron la expulsión de todos los jesuitas de los territorios de la corona española.

En la Nueva España la expulsión se verificó el 25 de junio de 1767 -solsticio de verano y aniversario número 50 de la fundación de la masonería moderna. Una mano anónima tocó la puerta de la celda de Clavijero y le exigió que hiciera maletas. Clavijero preguntó por qué.

- Por jesuita, le contestaron.

Enseguida le leyeron el muy famoso último párrafo del decreto: Deben saber mis súbditos "que nacieron para callar, y obedecer, y no para discurrir, ni opinar en los altos asumptos del Govierno" y Clavijero marchó al exilio.

Pero la presión masónica siguió en este pleito en cámara lenta: el 21 de julio de 1773, el papa (1769-74) Clemente XIV se vio obligado a expedir el breve pontificio Dominus ac Redemptor con el que suprimió definitivamente a la compañía de Jesús.

¿Por qué el papa vaticano disolvió a su ejército mejor preparado? ¿Por qué el papa se deshace de su brazo derecho? Las respuestas siguen siendo misterio. La masonería quedó dueña del campo y en los años de 1780 en adelante terminó por asentarse definitivamente en lo que hoy llamamos México.

Ese liberalismo impulsó en 1790 y 1800 a Hidalgo y a Morelos para que en 1810 se decidieran a iniciar la guerra por la independencia. Aprovechando la confusión europea creada por Napoleón, el papa Pío VII -como distraído- restableció a los jesuitas en 1814 pero el daño al catolicismo vaticano ya estaba hecho.

La masonería mexicana, en cambio, no necesitó de un agente externo para destruirse: se destruyó sola, con el enemigo dentro de casa aplaudiendo "sin reservas" las reformas de 1992 que hundieron a una respetable institución en una respetable decadencia mientras Ignacio de Loyola, Clavijero y José María Escrivá de Balaguer sonreían en el centro del escenario.

Dios me entiende.