ALTAMIRANO Y LA MASONERIA
Publicado en el Diario de Xalapa el martes 23 de febrero de 1993
por Wenceslao VARGAS MÁRQUEZ.

Se ha procurado averiguar el comportamiento de Ignacio Manuel Altamirano Basilio durante los últimos años de su vida, su exilio, su eventual apoyo o rechazo al régimen de Porfirio Díaz.

Documentos públicos avalan hipótesis en muchos sentidos. Comentar sus actividades masónicas quizá pueda contribuir a [des]enredar sus preferncias políticas en los últimos años de su vida.

Altamirano nació el 13 de noviembre de 1834 en Guerrero. Militó como masón del Rito Escocés Antiguo y Aceptado. En 1878 era presidente del Supremo Consejo de ese rito el licenciado Alfredo Chavero (1841-1906, abogado, político, coautor de México a través de los Siglos) y Porfirio Díaz -masón escocés- era desde dos años atrás, presidente de la república.

Hacia los años treinta el Rito Yorkino había desaparecido y el Rito Nacional Mexicano había delcarado en 1877 su no beligerancia política: su candidato presidencial (a reelección), Sebastián Lerdo de Tejada, estaba derrotado y exiliado y los masones de su jurisdicción se habían ido a la cargada como muchos otros en épocas futuras y pretéritas.

El 11 de enero de 1878 Altamirano resultó electo Gran Maestro de la Gran Logia Valle de México, como resultado (según el escritor norteamericano Richard E. Chism) de "una conspiración". Chism redactó su libro Una Contribución a la Historia Masónica de México (1899) con fuentes porfiristas principalmente.

Pronto esa Gran Logia se rebeló contra el Supremo Consejo Escocés alegando "que los masones, en general, no estaban contentos con el gobierno del Supremo Consejo". Con tres logias simbólicas, Altamirano y otros conformaron la Gran Logia Independiente de Estado del Valle de México No. 1 y su primera manifestación pública la hicieron mediante un escrito de fecha 31 de diciembre del mismo año de 1878.

Para Chism es "divertido" (página 80) seguir los pasos de esta agrupación masónica: "Según las versiones corrientes, el hermano Altamirano, ‘por virtud de sus poderes como Gran Maestro de la Gran Logia Valle de México’, declaró por sí y ante sí, Soberano Gran Inspector General del grado 33 y, entonces, ‘por virtud de sus poderes como Soberano Gran Inspector del grado 33’, procedió a conferir el grado 33 a Ermilo G. Cantón y a algunas más personas (sic), hasta completar el número suficiente para constituir el llamado Supremo Consejo del Gran Oriente de México".

El primer decreto de Altamirano y su organización se expidió el 1º de enero de 1879. Hacia 1884 gobernaba ‘cosa de 120 logias’ y llegó a obtener el reconocimiento de autoridades masónicas de España, Rumania, Túnez, Francia, Luisiana y Brasil.

Altamirano publicó un manifiesto (Cfr. José María Mateos, Historia de la Masonería en México), en la que asentó que él y su organización se proponían ‘no rendir a los hermanos de altos grados los honores aristocráticos ...porque... se prestan al ridículo [y] humillan a los hermanos de grados inferiores’, pues por esto la masonería escocesa se había convertido en un ‘cuerpo jerárquico muy semejante a la aristocracia nobiliaria o ... a la iglesia católica romana’. El regaño iba dirigido a Alfredo para que lo entendiera Porfirio.

Chism (crítico de Altamirano y parcial del Supremo Consejo) enlista en la introducción de su libro las fuentes usadas para su redacción. Nombra, entre otras (p.17), no faltaba más, las ‘entrevistas con el hermano Porfirio Díaz y licenciado Alfredo Chavero’.

Aquí podríamos aventurar una hipótesis: Alamirano fue disidente de la masonería escocesa porfirista y –como nunca se sabe en estos asuntos semisecretos-, pudo haber optado por exiliarse en Italia para morir el 13 de febrero de 1893.