NIÑOS COMESTIBLES
Por Wenceslao Vargas Márquez
Publicado en el diario POLÍTICA de Xalapa, ver., el 10 de enero de 2001.

Cantinflas lo dijo muy bien en una película: México es un país de libertades. Si quiere quejarse, quéjese, pues nadie le hará caso. Yo añado: Si quiere discutir, discuta que a nadie le importará. Se discuten mil cosas y todas las discusiones quedan a medias. Si quiere hacer propuestas para resolver problemas sociales, proponga, ya que nadie las tomará en cuenta sobre todo si son propuestas cuyo beneficio es obvio e indiscutible.

Yo llevo 18 años proponiendo reiteradamente que desaparezcan los cacicazgos del SNTE y he hecho ver las ventajas de que esos cacicazgos que sufren ¡los profesores de Civismo! desparezcan para siempre. Como nadie me hace caso, he enfocado mi fatigada atención a otro problema social: Los niños de la calle.

Por eso hoy le propongo, en primer lugar a la Iglesia Católica y al PAN (¿cómo distinguirlos?), en segundo lugar a la parte sana de la población y en tercer lugar a los mexicanos en general, una solución genial para evitar la existencia de los niños de la calle. La propuesta es sencilla: Nos los comemos. Después de todo la Humanidad ha soñado muchas veces con comérselos. Después de leer este escrito no dudará el lector en hacerme candidato a subsecretario estatal de problemas sociales, regidor de asuntos socioeconómicos o al menos suplente del asesor adjunto del tercer vocal del DIF. ¿Por qué? Porque estoy permanentemente preocupado por mis contemporáneos (sobre todos si son pobres) a como se verá a continuación:

El cuento en inglés La Carta Robada, de Edgar Allan Poe, termina con una frase en francés que dice "Tan funesto designio, si no es digno de Atrea, es digno de Thyeste". Y es que en cierta leyenda griega, Thyestes seduce a la esposa de su hermano Atrea, y Atrea, en venganza, asesina a los hijos de Thyestes y los sirve aderezados para un banquete.

En una obra de teatro (¿de Salvador Novo?, el alcoholismo me empieza a atrofiar la memoria ) el pintor Diego Rivera ofrece hacer tamales a los niños.

Johnatan Swift (desde luego, el encantador autor de Los Viajes de Gulliver) escribió en 1729 una obra muy breve con un título muy largo: "Una Propuesta Modesta para evitar que los niños pobres de Irlanda sean una carga para sus padres o su país, y para hacerlos benéficos para el público" cuya tesis central es enaltecer las ventajas de cocer, hervir, o hacer fricasé con los niños pobres. "Me ha asegurado –dice Swift- un americano muy inteligente que he conocido en Londres, que un niño saludable bien alimentado es, al año de edad, un alimento de lo más delicioso y nutritivo, ya sea estofado, asado, cocido o hervido; y yo no tengo duda que servirá igualmente en fricasé o ragú".

"Hay igualmente otra gran ventaja en mi plan, escribió, la de que se prevendrán esos abortos voluntarios y esa práctica hórrida de mujeres ¡asesinando a sus niños bastardos, ¡ay!, muy frecuente entre nosotros, sacrificando los inocentes y pobres bebés". "Un niño -añade- rendirá dos platos en una comida para los amigos, y cuando la familia cena sola, un brazo o una pierna será un plato razonable". Puede también desollarse el cadáver. De la piel pueden hacerse admirables guantes para dama y botas para caballero (‘the skin of which, artificially dressed, will make admirable gloves for ladies, and summer boots for fine gentlemen").

"He calculado el gasto de alimentar al niño de un mendigo en aproximadamente dos chelines por año, ropa incluída, y yo no creo que alguien niegue diez chelines por el cadáver de un buen niño gordo ("ten shillings for the carcass of a good fat child") que, como ya he dicho, rendirá cuatro platos de excelente carne nutritiva. ... Habrá una ganancia de 8 chelines para la madre ... hasta que produzca otro niño".

Esta propuesta, congelada desde 1729 (de la época del RENAVE que desde entonces espera solución), da mejores soluciones a nuestros problemas sociales que, por ejemplo, las vistas papales.

Estas sacrosantas visitas logran, lo reconozco, que durante dos o tres días se detengan tantito las discusiones eternas e inútiles que tenemos en el país y que no solucionan nuestros problemas de raíz a como solucionaremos la de los niños pobres si el gobierno me hiciera tantito caso.

Durante esos dos o tres días de visita papal nos ponemos todos a trabajar, calladitos, a meditar soluciones para este México reiterado que no tiene solución.

Pero apenas se sube el Santo Papa al avión empieza de nuevo la gritería.


Marzo de 2003.- P.S.- En el libro 2º de Reyes, capítulo 6, versículo 26-30 se lee como el rey de Israel recorría una muralla y le salió una mujer que peleaba con otra porque a causa de la hambruna habían pactado comer el niño de la quejosa y después el niño de la acusada: '(29) Cocimos a mi hijo y lo comimos; al otro día le dije: Trae a tu hijo para que lo comamos. Pero ella lo ha escondido'.