| Cantinflas
lo dijo muy bien en una película: México es un país
de libertades. Si quiere quejarse, quéjese, pues
nadie le hará caso. Yo añado: Si quiere discutir,
discuta que a nadie le importará. Se discuten mil cosas
y todas las discusiones quedan a medias. Si quiere hacer
propuestas para resolver problemas sociales, proponga, ya
que nadie las tomará en cuenta sobre todo si son
propuestas cuyo beneficio es obvio e indiscutible. Yo llevo 18 años proponiendo reiteradamente que
desaparezcan los cacicazgos del SNTE y he hecho ver las ventajas
de que esos cacicazgos que sufren ¡los profesores de Civismo!
desparezcan para siempre. Como nadie me hace
caso, he enfocado mi fatigada atención a otro problema
social: Los niños de la calle.
Por eso hoy le
propongo, en primer lugar a la Iglesia Católica y
al PAN (¿cómo distinguirlos?), en segundo lugar
a la parte sana de la población y en tercer lugar
a los mexicanos en general, una solución genial para
evitar la existencia de los niños de la calle. La
propuesta es sencilla: Nos los comemos. Después de
todo la Humanidad ha soñado muchas veces con
comérselos. Después de leer este escrito no dudará el
lector en hacerme candidato a subsecretario estatal de
problemas sociales, regidor de asuntos socioeconómicos o
al menos suplente
del asesor adjunto del tercer vocal del DIF. ¿Por qué? Porque estoy
permanentemente preocupado por mis contemporáneos (sobre
todos si son pobres) a como se verá a continuación:
El cuento en inglés La
Carta Robada, de Edgar Allan Poe, termina con una
frase en francés que dice "Tan funesto designio, si
no es digno de Atrea, es digno de Thyeste". Y es que
en cierta leyenda griega, Thyestes seduce a la esposa de
su hermano Atrea, y Atrea, en venganza, asesina a los
hijos de Thyestes y los sirve aderezados para un
banquete.
En una obra de
teatro (¿de Salvador Novo?, el alcoholismo me
empieza a atrofiar la memoria ) el pintor Diego
Rivera ofrece hacer tamales a los niños.
Johnatan Swift (desde luego, el
encantador autor de Los Viajes de Gulliver)
escribió en 1729 una obra muy breve con un
título muy largo: "Una Propuesta Modesta
para evitar que los niños pobres de Irlanda sean una
carga para sus padres o su país, y para hacerlos
benéficos para el público" cuya tesis central
es enaltecer las ventajas de cocer, hervir, o hacer
fricasé con los niños pobres. "Me ha asegurado
dice Swift- un americano muy inteligente que he
conocido en Londres, que un niño saludable bien
alimentado es, al año de edad, un alimento de lo más
delicioso y nutritivo, ya sea estofado, asado, cocido o
hervido; y yo no tengo duda que servirá igualmente en
fricasé o ragú".
"Hay igualmente
otra gran ventaja en mi plan, escribió, la de que se
prevendrán esos abortos voluntarios y esa
práctica hórrida de mujeres ¡asesinando a sus niños
bastardos, ¡ay!, muy frecuente entre nosotros,
sacrificando los inocentes y pobres bebés".
"Un niño -añade- rendirá dos platos en una comida
para los amigos, y cuando la familia cena sola, un brazo
o una pierna será un plato razonable". Puede
también desollarse el cadáver. De la piel pueden
hacerse admirables guantes para dama y botas para
caballero (the skin of which, artificially dressed,
will make admirable gloves for ladies, and summer boots
for fine gentlemen").
"He calculado el gasto de
alimentar al niño de un mendigo en aproximadamente dos
chelines por año, ropa incluída, y yo no creo que
alguien niegue diez chelines por el cadáver de un buen
niño gordo ("ten shillings for the carcass of a
good fat child") que, como ya he dicho, rendirá
cuatro platos de excelente carne nutritiva. ... Habrá
una ganancia de 8 chelines para la madre ... hasta que
produzca otro niño".
Esta propuesta,
congelada desde 1729 (de la época del RENAVE que desde
entonces espera solución), da mejores soluciones a
nuestros problemas sociales que, por ejemplo, las vistas
papales.
Estas sacrosantas
visitas logran, lo reconozco, que durante dos o tres
días se detengan tantito las discusiones eternas e
inútiles que tenemos en el país y que no solucionan
nuestros problemas de raíz a como solucionaremos la de
los niños pobres si el gobierno me hiciera tantito caso.
Durante esos dos o tres
días de visita papal nos ponemos todos a trabajar,
calladitos, a meditar soluciones para este México
reiterado que no tiene solución.
Pero apenas se
sube el Santo Papa al avión empieza de nuevo la
gritería.
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