- UN SIGLO DE VIAJES A LA
LUNA
- Wenceslao Vargas Márquez
- Un sueño de la humanidad ha sido conquistar la
hazaña que es volar y conquistar la luna y los
planetas. Jorge Luis Borges admiró estos
ensoñadores misterios en Herbert George Wells,
pudiéndose comprobar que los escritores van adelante
de los científicos en el descubrimento de los
misterios del universo.
- Un hombre -El Hombre- llegó a
la luna en 1969 (este año se cumplen 30), pero la
historia de esta aventura lunar nació muchos siglos
antes. La historia de la ciencia registra estas
añoranzas, pero mientras el viaje no se ejecutaba,
quienes deseaban experimentar esa emoción, tenían
que leer a Julio Verne y su obra Viaje a la
Luna escrita en 1866.
- Pero Wells se atreve a escribir otro libro de viajes
a la luna, menospreciando a Verne. Llega al grado de
hacer que un personaje suyo pregunte, al principio de
la novela si el viaje que se emprenderá va a ser
cómo en el Viaje a la Luna, de Julio
Verne. La respuesta es irónica porque el
personaje de Wells, Cavor, no era lector de
fantasías.
- Un tercio de siglo después de El
Viaje a la Luna, de Verne, en el mismo año en
que nació Jorge Luis Borges, el 14 de octubre de
1899, se creó en Inglaterra la sustancia que
estaría destinada a impulsar los vehículos
interestelares que viajarían a la luna: la cavorita.
Es la afirmación de Wells en el capítulo 2 de Los
Primeros Hombres en la Luna (1901). La cavorita
era una sustancia "transparente" a la
gravedad terrestre o a cualquier otra gravedad pues
la nulificaba permitiendo a un objeto recubierto con
ella desplazarse verticalmente a distintas
velocidades. Permitió nótese- que el viaje
fuese realizable en 70 años: en 1969.
- El inventor de la sustancia, mister Cavor, decidió
un día viajar a la luna en un vehículo esférico
recubierto de cavorita (en La Guerra de los Mundos,
del mismo Wells los marcianos llegan a Inglaterra en
cilindros brillantes). Cavor lleva también, como
factótum, a un vecino curioso llamado mister Bedford
y como lectura para el viaje las obras completas de
William Shakespeare. Hallan monstruos que son
una inextricable masa de aferradores
tentáculos, que uno corta en pedazos solo para
multiplicarlos o a una veloz fiera que
nadie alcanza a ver, tan sutil y repentinamente cae
sobre aquel a quien extermina.
- En la luna narra
Cavor- cada ciudadano conoce su posición: ha nacido
para ella y la acabada disciplina del ejercicio,
educación y cirugía a que se le
sujeta, lo hace al fin tan completamente adecuado
para ella que ya no tiene ni ideas ni órganos para
ningún objeto distinto. Así, un matemático
selenita parece sordo a cualquier cosa que no sean
fórmulas y teoremas. La facultad de reírse,
salvo por el repentino descubrimiento de alguna
paradoja, esta perdida en él: su más honda emoción
es la resolución de un cómputo nuevo.
Algunos, musculosos, se destinan a vivir en ciertas
vasijas para desempeñarse como motores; se les
estimula con irritantes y se les alimenta con
inyecciones. Dan al principio "señales de
sufrimiento causados por sus distintas posiciones
encogidas. Lo bueno es que hay un consuelo:
se habitúan fácilmente a su suerte. No
menos terrible es el aspecto de el gran
lunar, amo absoluto de la luna: un gigantesco
cerebro quintaesencial. Nada de cara, solo ojos,
aquello era grande; aquello era
lastimoso. Su sonido al hablar era como
"el roce de un dedo sobre un cristal".
- Wells escribió también La Máquina del Tiempo
(1905), El Hombre Invisible (1897), La isla
del Doctor Moreau (1896, filmada hace poco con
Marlon Brando), La Guerra de los Mundos (1898,
invasión de marcianos a la tierra, problema cuya
solución es la más obvia). Adivine usted cuál.
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