DOS CRIMENES
Wenceslao Vargas Márquez
Publicado en el diario 'POLÍTICA' el martes 15 de febrero de 2000

A lo largo (¿tendrá ancho?) de la historia universal se ha sabido de crímenes de hombres públicos: César, Lincoln, Luis Colosio, Obregón, Luther King, etc., pero como yo estoy preocupado o por mis contemporáneos o por los pobres me propongo exhumar algunos casos de gente como uno.

Los más reconocidos historiadores y expertos de la criminología y de la infamia coinciden en señalar que el asesinato cometido en las personas del matrimonio Borden en 1892 ha sido el más famoso y el más discutido de los asesinatos donde los muertos son ordinary people : hijos de vecino.

Un reconocido autor norteamericano, Edmund Lester Pearson (1880-1937), quien según el New York Times era "the America’s greatest fact-crime writer", y quien dedicara su vida al estudio de hechos criminales, consideró siempre a este como su crimen consentido (¡alabado sea el Señor!) y lo estudió hasta el más pequeño detalle.

Empezó por leer el Génesis (por aquél pequeño incidente entre Caín y Abel) pasando por Thomas De Quincey (Acerca del Asesinato considerado como una de las Bellas Artes, 1827) y la nota roja de los más diversos diarios. Escribió entre otras obras Studies in Murder en 1924, Murder at Smutty Nose en 1926, Five Murders en 1928, Instigation of the Devil en 1930 y More Studies in Murder en 1936.

Su libro Masterpieces of Murder (Avon Books, 1966) reproduce la historia de una buena cantidad de crímenes raros precisamente de gente como uno, de gente como los Borden de cuya muerte se sospechó principalmente de Lizzie, hija del primer matrimonio de mister Borden y que además estaba en casa en el momento del crimen hace más de un siglo. Se le juzgó a Lizzie y se le exculpó, ennmedio de muchas dudas, regresando a vivir junto con su hermana Emma a la casa donde se había cometido el crimen. Este espacio no permite comentar las novelas, cuentos, obras de teatro (como Good-bye Miss Lizzie Borden, de Lillian de la Torre en Murder, Murder, Murder, Hillman Books, 1961) que han recreado la muerte de los Borden en Fall River, Massachusetts, en agosto de 1892. Lillian de la Torre dice en su prólogo que este es ‘the most famous of american murders’.

Pero crímenes de pobres o personajes no públicos hay en todos los siglos y todos los países. Fijemos nuestra atención en "un episodio de poca importancia para la vida de un país, pero de gran influencia para el crédito de un gobernante". Es el caso que apareció muerto en su casa de la capitalina calle de Donceles el comerciante Joaquín Dongo y 10 de sus empleados, "robado el dinero que había en las cajas; la casa amaneció cerrada y no quedó el menor vestigio que indicara quiénes eran los criminales ni los medios de que se habían valido para consumar el delito".

Digno del mejor cuento policial este es el caso clásico del crimen en la habitación cerrada con la que Edgar Allan Poe inauguró el género 60 años después. La procuración de la justicia tuvo un éxito muy grande. Se cerraron las calles, se revisaron vehículo que entraban y salían de la capital hasta que alguien vio una extraña gota de sangre en la ropa de un jugador de gallos en la calle de Francisco Madero. Con ese dato desbarató el ovillo del crimen Juan Vicente de Güemes Pacheco de Padilla Horcasitas y Aguayo, ¡el virrey segundo conde de Revillagigedo, en noviembre de 1789!. Se recuperó lo robado y los asesinos murieron por mano de verdugo.

Si alguien cree que esto lo escribo por resentimiento social o para desprestigiar a la policía mexicana moderna que consulte México a través de los Siglos, tomo IV, página 420.

¿Ah, Verdad?.