EL COLECCIONISTA DE DETECTIVES
Publicado en el diario 'POLITICA' el 14 de marzo de 2000
Wenceslao Vargas Márquez
En la película El Coleccionista de Huesos, aparece un coleccionista de libros en los que está la clave para hallar la secuencia de los asesinatos. Eso es lo menos importante. Lo más importante de la película es que el detective que investiga los crímenes despacha perfectamente paralítico desde una habitación en donde se halla encerrado y conectado a diversos aparatos clínicos. Hagamos una colección de detectives.

El detective Lincoln Rhyme, escucha a los colegas policías, a testigos, recados, presentimientos y, con el apoyo de una gran capacidad de razonamiento y deducción (o inducción, yo no entiendo) concluye encontrando la ubicación de las víctimas en sucesivos crímenes y finalmente hallando al asesino desde el encierro cúbico en el que se halla.

No hay nada nuevo bajo el sol en cuanto a técnica policiaca:

Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares, escritores argentinos, crearon libros hechos entre los dos: todavía hoy, medio siglo después, no se sabe cómo se las ingeniaban para agarrar el lapicero a cuatro manos. Sea como sea que hayan apresado la pluma, coincidieron en que las obras derivadas de esa simbiosis (¡) no fuesen firmadas ni por Borges ni por Bioy sino por un ficticio tercero en discordia que se llamó Honorio Bustos Domecq: un hombre que no existe.

El apesadumbrado lector se preguntará que si a dónde quiero llegar porque le urge ir a pagar impuestos. Pues bien: Quiero llegar a que Don Honorio Bustos Domecq, un hombre que nunca existió, inventó a otro hombre que tampoco existió llamado don Isidro Parodi, ocupación: detective.

El lector, con una mano en el diario, otra en la taza de café, otra en la papeleta de pago de impuestos, otra en la cuchara -enredado a como Bustos con el lapicero- se pregunta sin duda: ¿y que rayos con Isidro Parodi?. Explico enseguida cómo trabajaba Parodi cuando investigaba sus crímenes:

El detective Isidro Parodi, escucha a los colegas policías, a testigos, recados, presentimientos y, con el apoyo de una gran capacidad de razonamiento y deducción (o inducción, yo no entiendo) concluye encontrando la ubicación de las víctimas en sucesivos crímenes y finalmente hallando al asesino desde el encierro cúbico en el que se halla.

El detective don Isidro Parodi, está perfectamente preso en la celda número 273 de la Penitenciaría Central acusado injustamente de asesinato, detective-criminal como ciertos personajes de Chesterton. El crimen no lo había cometido él pero para que la policía quede bien con los electores del barrio en tiempos de elecciones, Parodi fue condenado a 21 años de prisión. Desde la comodidad de su celda, resuelve los más complejos problemas criminales con la simple narración que los interesados le llevaban a la prisión. En Seis Problemas para don Isidro Parodi, Honorio Bustos Domecq narra Las Doce Figuras del Mundo (un asesinato en una cofradía), Las Noches de Goliadkin (robo de brillantes y asesinatos a bordo de un tren expreso).

En El Dios de los Toros hay un asesinato entre sospechas de adulterio. En este cuento la señora de Muñagorri se burla de la desolada oficina cúbica del detective Parodi, vale decir la celda: "Qué amor de cuartito, y tan distinto al living de mi cuñada, que es un horror de biombos. Usted se ha adelantado al cubismo, señor Parodi, aunque ya no se usa". En otra visita a la penitenciaría Muñagorri se felicita de su propia suerte: "Qué volada haberlo encontrado". Este libro de 1942, de hace 50 años, es altamente recomendable y se encuentra en Origen/Planeta.

La película The Bone Collector y Lincoln Rhyme, de hace 50 días, están juzgados por otra obra de hace 50 siglos:

Por Eclesiastés 1:9. Allí está el editorial y es de siete palabras.