BIBLIOTECAS RECÍPROCAS
Wenceslao Vargas Márquez
Publicado en el diario 'POLÍTICA' de Xalapa, Ver., el viernes 11 de febrero de 2000.

Algunos cantantes mencionan en sus canciones a otros cantantes:

En una canción propia el cantante Leonardo Favio confiesa que a él –como cantante- en realidad le gusta como canta Leo Dan.

En otra canción, Sandro (¿o Palito Ortega?) no sabe si anoche se sintió romántico a causa del claro de luna o del disco de Roberto Carlos. Los escritores escriben y los lectores leen, pero a veces también leen los personajes de la literatura, poseen una biblioteca y -a veces- un asesor literario.

Una de las bibliotecas más famosas y que acaba parcialmente destinada al fuego es la que provocó la locura de don Quijote de la Mancha. Su contenido y su abrasante destino están detallados en el capítulo 6 de la primera parte (año 1605) del libro de Cervantes. Una curiosidad hay que comentar respecto de El Quijote, la de que es un libro que se contiene a si mismo o que es incapaz de contenerse a sí mismo, ¿o cómo decirlo si se pone uno filosófico?

Me explico: En la parte segunda del Quijote algunos personajes comentan y leen la primera parte del Quijote. ¿Cómo puede ser eso? Esta es una consideración que el matemático George Cantor recién hace un siglo describió en el único tema de matemáticas que les encanta a los preparatorianos y secundarianos: la teoría de conjuntos.

Más de cuatro críticos dicen que esa técnica literaria se debe a Umberto Eco o a James Joyce o a Julio Cortázar (recuérdese de este argentino el cuento Continuidad en los Parques, cuento donde se narra la actividad de un hombre que está sobre un sillón leyendo una novela en la que hay un hombre sobre un sillón leyendo una novela) pero esa ingeniosa modalidad data de al menos cuatro siglos atrás.

La biblioteca de don Quijote contuvo hasta su incineración, entre otros, los siguientes libros: Amadís de Grecia, Los Cuatro de Amadís de Gaula, Espejo de Caballerías, El Caballero Platir, Florismarte de Hircania, Tirante el Blanco, La Diana de Jorge de Montemayor, Los Diez Libros de Fortuna de Amor de Antonio de Lofraso, La Araucana de Alonso de Ercilla, La Austriada de Juan Rufo, El Monserrate de Cristóbal de Virués, y ¡ojo! La Galatea de Miguel de Cervantes ¡en el Quijote que es un libro de Miguel de Cervantes!. En la segunda parte del libro (1615) el hijo de Sansón Carrasco le muestra a Sancho Panza ¡la primera parte del Quijote!. Cervantes recurre también a usar un autor apócrifo como Cide Hamete Benegeli como presunto autor del libro cervantino al más puro estilo de Jorge Luis Borges (¿o Borges al estilo de Cervantes?).

Herbert George Wells, en Los Primeros Hombres en la Luna, escribe que Cavor se lleva al viaje lunar las Obras Completas de William Shakespeare. De cualquier manera Herbert George Wells duda, en labios de Bedford, de que sean numerosas las personas que han leído a Shakespeare. En la misma obra de Wells, cuando Bedford pregunta si ciertos aspectos técnicos del viaje se desarrollarán como en el Viaje a la Luna de Julio Verne, se contesta él mismo diciendo que Cavor no era lector de fantasías.

Dostoevski, en Los Hermanos Karamazov, critica ciertas novelitas de Gogol (Las Veladas en la quinta Dikaneka) que le parecen -en voz de Smerdiakov- puras mentiras por lo que las califica de ‘despreciables’. Ante este escepticismo, Teodoro Karamazov le da entonces a Smerdiakov la Historia Universal de Smaragdov. Además Dostoevski, en la misma obra de Los Hermanos Karamazov, elogia reiterada y profundamente a Schiller.

Pero el mejor ejemplo de persona despreciable soy yo que me dedico a fastidiar a mis contemporáneos con estas comparaciones bibliotecarias de gente que ya murió o –en el colmo de la burla- de gente que ni siquiera existió.