ARTIFICIOS ARTIFICIALES
Por Wenceslao Vargas Márquez
Publicado en POLÍTICA de Xalapa, Ver., el lunes 8 de enero de 2001.

Al tomar café en ese restaurante que usted ya sabe [súbitamente el lector se sorprende porque comparte la indignación], le sirven a uno café sustituto, azúcar artificial y leche simulada: Es un café en el que todo tiene sucedáneo, en el que que nada es real, excepto la cuenta. Este es un ejemplo no de cuentas y restaurantes artificiales sino de alimentos artificiales. Por otro lado, el Papa es como una divinidad artificial en el sentido de que es una representación vicaria de Dios en la Tierra (sé que me arriesgo al exilio en este sexenio federal, sé que me arriesgo al ostracismo en este sexenio guadalupano, sé que me arriesgo a que el cristero Abascal Carranza me ponga en el índice pero ... ya está escrito).

Referencia de lo artificial, hoy, es el libro artificial. Agustín Millares Carlo, experto en libros y en bibliotecas (Historia del libro y de las Bibliotecas, FCE) nunca atisba en su obra la existencia del libro y las agendas sin hojas de papel pero hoy son una realidad ¿virtual? que conocen los informáticos. Stephen King hizo un libro que no conoció el papel sino que fue escrito únicamente para navegantes en la internet.

Como es frase hecha escribir ‘a lo largo de la historia’ y para ser original yo empezaré mi tema diciendo: A lo diagonal de la historia y la literatura universal se narra acerca de la creación de hombres artificiales a partir de materiales de desecho (cera, cadáveres, barro). Los hombres artificiales cuyas artificiales biografías he leído tienen en común el que 1)se fabrican a partir de materiales de desecho, 2)escapan al control de su fabricante y 3)acaban redimidos por un castigo:

En el primer libro del Pentateuco, se crea un hombre a partir del barro. El hombre creado escapa al control de su Autor, se llama ‘El Hombre’ y el nombre de su Autor aparece en Génesis 3:14. El hombre artificial acaba redimido por un castigo para él y sus descendientes.

Nunca, ninguna novela como Frankenstein (1817) ha sido más aplaudida. En ella se construye también un hombre artificial a partir de retazos de cadáveres. El hombre creado escapa al control de su autor. El nombre del fabricante del monstruo es el médico Víctor Frankenstein. El monstruo no tiene nombre porque el descontrol provocado por su huída no le da tiempo a Frankenstein a ponérselo aunque la tradición filmográfica ha exigido que al monstruo se llame a como el médico que lo creó, Frankenstein, aunque ese no es su nombre. La novela llamada Frankestein es tan popular que se le halla hasta ... hasta en las librerías. Ha sido comentada y analizada profundamente y ciertos bárbaros que andan sueltos (yo no sé cómo el gobierno no los mete presos) han inventado al hijo, al nieto y a la novia de Frankenstein, cosas que nunca previó Mary Shelley.

Inteligencia artificial y medieval es la novela llamada El Golem (1915). En ella se narra la construcción de un hombre artificial. El hombre creado -en el sentido de que desobedece a su autor que es un rabino de Praga- escapa del control de su fabricante. Gustav Meyrink, autor de la novela, ocupa todo el capítulo 5 en plantear la leyenda y los fallidos intentos de control del rabino sobre el monstruo. El monstruo, en ese novela onírica y laberíntica, es a la vez un monstruo hecho de cera y una sombra y una simple tradición en el barrio judío. Además acaba redimido por un castigo que es morir convertido en polvo como muere convertido en polvo Adán, el primer hombre.

Ahora bien, en este recuento rápido de lo artificial no tengo espacio para el cuento de Gabriel García Márquez titulado Rosas Artificiales ni para las bromas sin sustancia como el de que este escrito titulado Artificios Artificiales tiene al menos un pleonasmo desde el propio título. No tengo tiempo para la broma de que este texto que el lector ya casi concluye es tan artificial como un cuchillo sin cacha al que le falta la hoja. No tengo espacio ni tiempo para discutir la afirmación de que yo soy un hombre que ha sido construido a partir de retazos de libros, de que he escapado al control de mi padre biológico y de que seré redimido por un castigo.