EL ASESINATO: ARTE Y CULTURA
Publicado en el diario POLÍTICA de Xalapa, Ver., el miércoles 22 de marzo de 2000.
Wenceslao Vargas Márquez

Dícese que el crimen no paga.

La verdad es que el asesinato no solo es pingüe sino estético, vale decir: El asesinato es artístico y cultural, tal a como lo dicta el título de estos renglones municipales que emprendo, renglones lejanos de los párrafos universales y cosmopolitas de De Quincey y Swift quien propuso en 1729 comernos a los niños de la calle.

¿Se imagina usted a dos de los más grandes escritores de la literatura inglesa escribiendo, el primero acerca de la estética del crimen y el segundo dando sugerencias para que los niños de la calle sean guisados y comidos para remediar el problema de la pobreza y para que tengan alguna utilidad para Irlanda?.

Yo he escrito que los asesinatos cometidos contra famosos son comentados por todo el mundo pero no así los asesinatos cometidos contra los pobres, por quienes yo estoy preocupado. Por eso en mi escrito titulado Dos Crímenes recuerdo los asesinatos cometidos contra los esposos Borden en Estados Unidos en 1892 y el cometido contra Joaquín Dongo en 1789 en la capital de la Nueva España. Supongo que el asesinato cometido contra Dongo le causó algún encanto a Vicente Riva Palacio como para incluirlo en México a través de los Siglos aunque el crimen fuese, a como él mismo confiesa, "un episodio de poca importancia para la vida de un país".

El asesinato cometido contra los Borden es el asesinato consentido del escritor norteamericano Edmund Lester Pearson. El asesinato cometido contra Abel y narrado en Génesis es el crimen consentido del poeta inglés John Milton (dice Thomas de Quincey) a juzgar por la manera ensoñadora en que Milton relata los hechos en El Paraíso Perdido (libro XI). Los crímenes cometidos por Mr. William en 1812 en Londres y por los hermanos M’Kean son los asesinatos consentidos de Thomas de Quincey y narra la consumación de estos en su libro.

Thomas de Quincey (1785-1859) escribió un libro titulado "Acerca del Asesinato considerado como una de las Bellas Artes" en 1829 con una posdata de 1854. El crimen, dice De Quincey, es reprensible cuando se planea o cuando no se ha ejecutado, pero una vez perpetrado algo ha de rescatarse de él. Un siglo sin crímenes famosos es un siglo perdido a como en mi pueblo, Las Choapas, un baile sin un muerto no es baile tal a como entendemos los bailes.

De Quincey expone criterios para una estética del crimen "no con el fin de reglamentar la práctica, sino de esclarecer el juicio". Al populacho le basta algo que sea lo suficientemente sangriento, "el hombre de sensibilidad exige algo más". Para es "algo más" de los espíritus refinados son necesarios elegir adecuadamente a la persona, el lugar, el momento y los instrumentos para cometer el asesinato. El candidato a morir debe ser un buen hombre y no uno de los miles de malosos que abundan. Se permite la muerte de un maloso a manos de otro maloso "siempre que no haya nada mejor". En cuanto al lugar, el momento y los instrumentos, "el sentido común del ejecutante suele orientarlo hacia la noche y la discreción. Sin embargo no faltan ejemplos en que se ha violado esta norma con resultados muy felices".

Escribió más adelante De Quincey: "No me hable nunca de una determinada obra de arte que esté meditando: me opongo a ello in toto. Si uno empieza por permitirse un asesinato, pronto no le da imporancia a robar, del robo pasa a la bebida y a no observar el día del Señor, y se acaba por faltar a la buena educación y [finalmente ] por dejar las cosas para el día siguiente". Pendiente viciosa inversa.

De Quincey fue –diríamos hoy- un farmacodependiente y habría sido apresado por delitos contra la salud en el México de hoy: Era un consumado fumador de opio y sin ninguna pena y con alguna gloria escribió Confesiones de un fumador de Opio en 1821.

De Quincey fue genio y figura y quiso que el asesinato fuese arte y cultura .... hasta la sepultura.